Cajón desastre para hablar y tratar los temas más diversos: Literatura, justicia, videojuegos, tebeos, cine, animación... Se hace lo que se puede para mantener este chiringuito al día.
Continúa el intercambio de e-milios con mi misterioso visitante. Por de pronto, la “conversación” me ha permitido aclarar un par de cuestiones, pero abre nuevas incógnitas, en la mejor tradición de los folletines de misterio:
Misterioso visitante:Cuando vas de anónima dices unas cosas... Según tú ¿ké es y ké debe contener la "fosa séptica?
Servidor:Entonces será cuando vaya de anónimo ¿No? ;)
Misterioso visitante:De anonima-to en el que te escondes para insultar a un buen compañero que lo único que pretende en su blog es, sin esonderse, animar e informar...Y esta noche al estrasse...
Servidor:Mas ¡ay! Para ser alguien que habla de anonimato, practicas muy bien eso que en otros criticas ;) Quizá el fin justifica los medios o tal vez consideras que me das una ración de mi medicina particular. Así pues ¿a quién y dónde he insultado? Me gustaría saberlo, porque no soy yo nadie que merezca tanta atención, francamente.
Sí, reconozco que ya la última parte es muy del tono “dime-de-lo-que-presumes-y-te-diré-de-lo-que-careces” ¡Qué le voy a hacer! Si alguien llega en plan oficial del NVKD y empieza a lanzar dardos sueltos, a cual más misterioso, no puedo evitar que se me escapen las ironías. A ver si o qué me contesta esta vez, porque conforme avanza la cosa, voy acotando el campo de búsqueda e intuyendo hacia dónde se dirige, pero al mismo tiempo, reconozco que cada vez tengo menos idea de a qué rayos se refiere. Por de pronto, creo que:
-La persona en cuestión me conoce (el detalle del Strasse, bar en el que acabamos las sesiones del curso sobre Ciencia y pseudociencias está puesto para que quede patente ese dato).
-Me acusa de haber dicho algo de una fosa séptica en la bitácora de un compañero / colega / amiguete. Sea lo que sea, no debe de ser muy bonito, porque habla de insultos.
Dejando aparte que conteste o no, todo parece apuntar a la reacción de alguien al que le ha molestado mucho algo que se ha dicho sobre su amigo. Debe de resultar alentador saber que hay gente que está dispuesta a defenderte pero ¿vale todo en esa misión? Me explico:
-Por un lado, una persona anónima acusa a otra de usar el anonimato de la Red. Sírvase una paradoja con guarnición.
-Por otro, y asumiendo que soy culpable de la acusación, todo lo mío pasa a ser malo y perverso: ¿Mi trabajo? No tiene perdón de Dios ¿Mis opciones de ocio? Tres cuartos de lo mismo.
En fin, que con amigos como éstos, hay personas que no necesitarían enemigos. Hagan sus apuestas, distinguido público ¡Hay premio por participar!
Recupero esta serie (una de las más veteranas de la bitácora) para contar una de estas cosas extrañas que pasan de vez en cuando. Esta tarde, mientras enviaba unos correos, me encuentro con lo siguiente:
Aaaah, el Dr. (anonimo) Capote. Cómo se van averiguando las cosas. Muy bien, pero muy requetebién
El mensaje venía como la respuesta a un formulario automático de suscripción a mi página de trabajo, Docencia en Derecho Civil, un bonito regalo, por cierto, de mi amigo Jacobo. Como uno es de natural curioso, se pregunta qué es lo que habría que averiguar, porque en la página en cuestión pone claramente que es mía y que está dedicada a la docencia en Derecho Civil. Misterios de la ciencia, que diría el investigador de campo. Y como la curiosidad puede más, le pregunté si deseaba algo. Al rato, me encontré con la siguiente respuesta:
Dr. en archimagia, porque lo que es en D. Civil lo pude ver en tus ¿clases?
Y aquí ya me dejó con más dudas, y no por la crítica hacia las clases (que nunca llueve a gusto de todos, nadie es perfecto y al perro lo encontramos en la calle), sino por lo de Doctor en Archimagia porque, efectivamente, ostento orgulloso tal condición, otorgada por el Principado de Arberia. Concretamente, servidor es Asesor Especial sobre Magia, Brujería y Parapsicología. Doctor en Archimagia Para-anormal y Magúfica, Gran Maestre de la Orden de Latveria. Para que no quede ningún género de duda, pueden visitar ustedes esta dirección.
Se trata de una pequeña coña que, una antigua amiga internetera, Covadonga Mendoza me dedicó hace ya unos cuantos años. ¿Sería por ahí que llegó este visitante inesperado? ¿O sería un fascinante caso de evolución convergente? ¡Quién sabe! En todo caso, me quedan las siguientes explicaciones:
-Que la persona en cuestión me conoce de algún otro foro virtual por el que merodeo y ha llegado a la página del curro.
-Que la persona en cuestión me conoce de la Universidad y no me recuerda con especial cariño.
-Que la persona en cuestión considera que mi trabajo como asesor paranormal en Arberia es más mejor que mi función docente.
Hagan sus apuestas, que algo sortearemos entre los que acierten. Yo, como estoy tan en Babia como el resto de la audiencia, escojo la número tres, más que nada porque a lo mejor mi futuro está en esto:
¡Que las hirsutas huestes de Hoggoth repartan suerte a los apostantes! Amén
“La Ciencia debe acercarse al público”. Con múltiples variantes, esta es una frase que, desde hace bastante tiempo, viene escuchándose en diversos foros vinculados, de forma más o menos directa, al mundo científico. La divulgación, ese pariente pobre de la actividad académica, se presenta cada vez más como una exigencia y como una necesidad. Exigencia, porque en muchos casos las instituciones académicas están financiadas con fondos públicos y existe, consecuentemente, la obligación de explicar hasta cierto punto qué se hace con ellos. Necesidad, porque es un camino fundamental para que la sociedad gane sentido crítico y se inmunice contra las pseudociencias.
Ahora bien, una vez asumido lo anterior, el siguiente paso es el de plantearse cuál es el mejor camino para llevar a cabo esa tarea. Existe un sistema ya consolidado de publicación de resultados a través de una amplia gama de revistas científicas, donde los profesionales del medio presentan sus trabajos y, más importante, las someten a debate los resultados de los mismos. Pero se trata de un medio profesional y poco adecuado para la labor divulgativa, cuyo camino es, consecuentemente, el de los medios de comunicación general.
“Vivimos en la era de la comunicación” es otra frase que se escucha constantemente. Periódicos, revistas, emisoras de radio y televisión, portales informativos y bitácoras en la Red… las sendas por las que nos llega la información son cada vez más y más complejas. Es allí donde la actividad divulgativa puede y debe encontrarse con el gran público. Sin embargo, el medio plantea un problema inmediato, centrado en la forma en que debe abordarse la difusión de la Ciencia a través de los mecanismos noticieros. La llamada prensa generalista no es como las publicaciones científicas: difieren en cuanto a objetivos, público y lenguaje, por lo que existe un debate en torno a la manera en la que las noticias sobre Ciencia deben aparecer en los medios comunicativos. Siendo evidente que no se puede publicar un descubrimiento en los mismos términos en los que saldría en una publicación especializada, cabe preguntarse cuál debe ser entonces la alternativa: ¿debe “vulgarizarse” la Ciencia o, más concretamente, el lenguaje científico? Y si es así ¿hasta que punto? ¿En qué momento estaríamos ante una situación en la que el mensaje original no tiene nada que ver con el transmitido? ¿Debe sacrificarse el rigor para conseguir un titular que capte la atención del público? Y si se consigue ¿se quedará éste con una visión errónea de la información o se interesará y abordará la tarea de averiguar más a través de nuevas fuentes?
A día de hoy, no hay medio generalista que se precie que no tenga una sección, más o menos fija, dedicada a la divulgación de la Ciencia. Pero no es menos cierto que, a veces, los científicos lamentan la forma en la que la información acaba llegando a la audiencia (léase lectores, radioyentes o televidentes). Alcanzar el equilibrio es complicado, como puede comprobarse en este ejemplo: hace unas semanas, buena parte de los diarios con versión digital se hicieron eco de una noticia de agenda en la que se anunciaba el descubrimiento de los restos fósiles de un sapo gigante que vivió en lo que es la isla de Madagascar, hace unos setenta millones de años. Emparentado con ciertas especies anfibias de Sudamérica, el hallazgo vendría a aportar otra prueba más al desplazamiento continental y la tectónica de placas, las explicaciones vigentes en lo relativo a la formación de las masas terrestres y oceánicas de la Tierra. Sin embargo, el contenido de la noticia pone en boca del paleontólogo David Krause, uno de los miembros del grupo de científicos lo siguiente: El descubrimiento de los vínculos familiares del sapo gigante con anfibios similares en América del Sur arroja una duda sobre las teorías del desplazamiento de los continentes.
Tal y como se ha escrito, parece que el científico pone en cuestión las tesis que, hoy por hoy, se consideran explicativas del desplazamiento continental. Si se avanza un poco más en la lectura, se comprueba que, en realidad, lo que quiere decirse es otra cosa bien distinta: no se pone en cuestión la tesis del desplazamiento continental, sino la forma en la que las masas territoriales que formaban el supercontinente austral Gondwana se fueron desgajando. No se trataba de una duda en relativa al argumento principal (los continentes se desplazan, como apuntó originalmente el alemán Alfred Wegener), ni siquiera a la tesis que lo explica (la del desplazamiento continental y la tectónica de placas, sucesora de la deriva continental planteada por el científico germano); simplemente, apuntaba a un posible cambio en torno a las hipótesis sobre la forma y el tiempo (pero no el hecho) en el que Madagascar se había convertido en la isla que conocemos.
Este ejemplo no deja de ser una curiosidad, subsanada por una lectura más atenta del párrafo subsiguiente a la frase en cuestión, pero no deja de ser un detalle acerca de la forma en la que, a veces, puede llegar la información científica al gran público.
Hace unos años, el amigo MrDeejay diseñó esta banderola para esta humilde guarida.
El caso es que, dentro de la línea renovadora que he afrontado (con ocasión del no-celebrado quinto aniversario de la bitácora) estoy pensando en ponerlo en el encabezamiento (si consigo ponerla sin armar mucho destrozo). ¿Qué les parece a ustedes?
Y digo yo: ¿por qué en lugar de fundar Gestmusic y torturarnos con cosas como Gran Hermano u Operación Truño, los señores de la Trinca no se quedaron haciendo cositas tan bonitas como ésta?
O, ya puestos, como esta otra:
Lo que ha perdido la nova cançò ésa y lo que han ganado los “realitichous”.
Esta semana ha empezado movida en la Universidad de La Laguna. La propuesta de modificación del calendario académico llegó al Consejo de Gobierno el pasado martes y, para protestar por el mismo, un grupo de estudiantes se concentró en la Facultad de Derecho. De fondo, la convergencia con Europa (Bolonia, como se la conoce popularmente, merced a la declaración que en esa ciudad sentó las bases de lo que es el Espacio Europeo de Educación Superior) y las convocatorias de exámenes.
A grandes rasgos, el calendario supone un adelanto del inicio de las clases (al 19 de septiembre) y una reorganización de las convocatorias de exámenes, que en la Universidad de La Laguna se encuentran en los meses de febrero, junio-julio, septiembre y diciembre. Así, diciembre se mantendría donde está, en tanto que las dos convocatorias anteriores se adelantarían: la de junio-julio hacia mayo-junio y la de septiembre a julio. La explicación a esto último combina las consecuencias del adelanto del comienzo del año académico con razonamientos de corte pedagógico que plantean que habría mejores resultados en el nivel de aprobados si se acercaran ambas convocatorias (léase esto último con todas las salvedades que conlleva un planteamiento teórico del que, al menos yo, no tengo constancia de su testeo práctico).
En 2010, calendarios como el anterior serán los que operen en las universidades europeas, pero de momento, es la ULL la que se decide a dar un primer paso que no acaba de convencer del todo a una parte de la comunidad universitaria. Por un lado, están quienes plantean que sería mejor esperar al momento en el que todos los calendarios estén armonizados, ya que este adelanto plantea una serie de situaciones peculiares, como pueden ser el solapamiento con la PAU (que es el 18 de septiembre, cuando el curso empezaría al día siguiente) o con las universidades de verano (que se llevan a cabo en julio y se nutren sobre todo de estudiantes que buscan los CLE). Por otro, los que sospechan que detrás de esto hay una reforma encubierta del régimen de convocatorias que se halla establecido en los Estatutos y que consecuentemente, requiere de la aprobación del Claustro. Y de fondo, la incertidumbre que provoca una convergencia europea de la que llevamos años hablando pero de la que nadie termina de saber con exactitud en qué consiste. En este escenario, el pasado martes las cosas se salieron un poco de madre.
El Consejo de Gobierno se celebraba a partir de las 9:30 h. en la primera planta de la Facultad de Derecho, y por allí había, al principio, un puñado de estudiantes que manifestaban su protesta y su rechazo al calendario propuesto. A lo largo de la mañana, y por motivos que a mí se me escapan, la situación fue subiendo de tono y el número de alumnos presentes fue creciendo hasta llenar el recibidor del edificio. Cuando alguien dio la orden de que los seguritas se colocaran bloqueando los accesos a la zona donde se desarrollaba el consejo (impidiendo el paso a personas que iban al aula de Informática, de paso) el ambiente se caldeó aún más, y los manifestantes decidieron bloquear los accesos hacia las aulas y departamentos. Cuando llegué (ligeramente tarde) para incorporarme al Consejo, me encontré con ese panorama. Con un par de compañeros, rodeamos por la zona del garaje (debidamente bloqueado con pedruscos y contenedores) y tras retirar una compresa del lector de tarjetas, entramos. Pero a esa hora ya se habían coscado de esa vía alternativa y bloqueaban las escaleras.
La situación era ciertamente cómica, porque aquello parecía el Checkpoint Charlie del Berlín de la guerra fría. Una barrera de seguritas impedía el paso a los estudiantes que, a su vez, habían formado otra que impedía el paso al resto del personal (uséase, a los profesores). En su razonamiento, si se les impedía el paso hacia las instalaciones, ellos podían/debían hacer lo propio con el resto de la gente porque (sic) nosotros no éramos mejores que ellos. Puñetero que es uno, le di la vuelta al argumento y les dije que, por esa regla de tres, si ellos consideraban mal que se les vetara el paso, cómo era posible que luego repitieran el comportamiento que criticaban. Mis compañeros decidieron pasar del tema pero, como quiera que no tenía muchas alternativas (y visto lo visto, nada más que hacer), me quedé para ver si podía convencerles de alguna forma para que me dejaran pasar y, de paso, me explicaran un poco mejor sus argumentos, ya que, si iba a votar en aquella decisión, era justo que conociera todas las perspectivas. El resultado no fue lo que se dice particularmente fructífero. Huelga decir que no llegué a la votación (aunque pude incorporarme al Consejo tres horas más tarde) pero el diálogo o la discusión me dio unas cuantas cosas en las que pensar.
Para empezar, comprobé que cuando los ánimos están caldeados, la predisposición de la masa no es la de escuchar y sí la de berrear unas cuantas consignas. Sobre todo, si al frente hay algún animador que, con unas cuantas consignas de libro (de cualquier libro, realmente) parece que dice cosas con sentido (como corresponde a los buenos y genuinos charlatanes de feria). Pero para seguir, escuche ese tipo de cosas que, indefectiblemente, te acaban sonando de algo.
Cuando el mes pasado se celebraron las elecciones generales, los amigos de Canarias Bruta sacaron un pequeño artículo en el que reseñaban cuántos votos habían sacado ciertas opciones políticas que, por definición, y para justificar que no ganan ni para pipas, solían –y suelen- echar mano del argumento (tan socorrido y recurrente) de que la democracia representativa apesta y de que la población está amuermada. En relación con el Consejo de Gobierno de la ULL, escuché precisamente ese razonamiento. Y es que ¿qué mejor forma de deslegitimar la decisión tomada que cuestionar la validez de las elecciones que determinaron a sus componentes? Concretamente, el animador-charlatán dijo que “con cinco mil cochinos votos no había representatividad”, a lo que yo respondí que esos “cinco mil cochinos votos” correspondían a otras tantas personas que habían movido el culo para expresar su opinión, frente a otras veinte mil que se habían quedado en casita, rascándose la barriga. Una vez más, puede que el sistema democrático no sea perfecto, pero siempre me ha dado mal rollo ese tipo de ataque frontal, porque ha formado parte del discurso de cuantos salvapatrias, visionarios y caudillos se han tirado al monte para salvar al pueblo del oprobio y la desgracia, después de largos años de aplastante democracia. Si además se adereza con unos cuantos gritos, se concreta un retrato en el cual, la conclusión al razonamiento es que “el sistema está corrupto porque no dice lo que yo quiero”. A lo mejor lo que yo quiero es mejor que lo que quiere la mayoría o lo que decide el gobierno, pero hay una regla básica: puede que a mí me caigan mejor o peor Rodríguez Zapatero (Presidente del Gobierno de España), Paulino Rivero (Presidente del Gobierno de Canarias) o Eduardo Doménech (Rector de la Universidad de La Laguna). Puedo haberles votado o no. Puedo comulgar más o menos o nada con su programa político. Pero me gusten o me disgusten, siguen siendo tres personas que están en esos puestos en el marco de las reglas del juego democrático, y precisamente por eso se les debe un respeto.
Evidentemente, los estudiantes que secundaban la protesta estaban allí ejerciendo un derecho legítimo. No sé si el de huelga (que los laboralistas consideran que ése pertenece a los trabajadores) pero sí el de recordar a los gobernantes que un voto no es una carta blanca y que siempre existe el derecho a disentir de las decisiones planteadas por los órganos de gobierno, dentro de las reglas de juego. Y si por alguna circunstancia esas normas se vulneran, hay mecanismos para corregir la situación ilegal. Pero lo que no es justificable en modo alguno es que el ejercicio de ese derecho se lleve a cabo conculcando los de los demás y, además, mostrando una postura absolutamente refractaria hacia cualquier tipo de diálogo. Por lo que luego supe después, otros compañeros no lo pasaron tan bien como yo (debo reconocer que fue un rato divertido, que no agradable): empujones, encaramientos, actitudes agresivas y un par de momentos puntuales en los que las cosas estuvieron a punto de salirse de madre pero que, por fortuna, no pasaron a mayores.
Como resaca del día de protesta, ayer hubo aviso de bomba en el campus de Guajara. Alguien comentó que había sido una forma de fastidiarle al Rector la inauguración de los actos del Día del Libro. En todo caso, una broma de mal gusto ya que, afortunadamente, todo quedó en nada. Pero de fondo, me viene a la memoria una frase, atribuida a Miguel de Unamuno: Venceréis, pero no convenceréis. De nada sirve tener buenas razones si no se expresan con buenos argumentos. Convencer, seguía diciendo don Miguel, significa persuadir y evidentemente, con independencia de lo que uno pueda pensar en torno al calendario académico (y, en general, sobre Bolonia y el EEES), poca persuasión puede destilarse de los argumentos que vi y escuché durante los días precedentes.
Todos sabemos que el mundo de la música tiene mucho de mercado persa. Productos de diseño los hay a la patada, y ahí tenemos el enésimo concurso triunfitero en acción (no sé si este año hay candidatos canarios, así que no sé si este año recuperaré la mítica serie Garrulation) y a los elementos salidos de otras ediciones (especialmente la primera) como Bisbal, Bustamante y compañía. Pero hay cosas que no me explico, como el anuncio que acabo de escuchar (vía televisión): Julio Iglesias hijo perpetra nuevo disco, versionando ¡agárrense a la brocha! a Cindy Lauper. No contento con martirizarnos hace unos años, se atreve con Time after time y para más INRI, en versión hispánica. Según he podido encontrar por ahí, el atentado musical va más lejos y el Julito va a despacharse a gusto con ‘Ángel’, de Robbie Williams, ‘Promete decir la verdad’ (’Remember The Promise You Made’, de Cock Robin), ‘Una vida sencilla sin más’ (’Wonderful Life’, de Black), ‘Tú’, de Umberto Tozzi, ‘Juliet’, de Robin Gibb, ‘Fe’ (’Faith’, de George Michael) y ‘Vivir sin tu calor’ (’The Heart Of The Matter’, de Don Henley). Recuerdo con mucho cariño Wonderful Life, Juliet y Faith y habría que remontarse a los tiempos en los que su hermanito el Enrique destripaba los clásicos de Nacha Pop, para encontrar otra herejía semejante.
Y ahora que alguien me diga que el apellido Iglesias no abre las puertas de las discográficas.
Los sufridos parroquianos de Quinto de Derecho (llevan aguantándome en algunos casos desde hace cuatro años, así que ya pueden ustedes imaginar tamaño de-sufril) organizan, en comandita con sus colegas de Psicología un festejo, de cara al próximo viernes, 18 de abril. Aquí les dejo el cartelito, por si se animan (y bien pueden hacerlo, que es por una noble causa: el consumo de comestibles y bebestibles).
Ya saben: el próximo viernes podrán disfrutar, si así lo desean, de una garimba de luna(*)
(*) Directamente desde 1985, el año en que nacieron buena parte de mis queridos feligreses, el napolitano Toni Esposito, uno de los múltiples exponentes del difunto italo-disco ochentero.
Visitando el canal #Trivial del IRC-Hispano (lugar de merodeos virtuales habituales) me encuentro con una de esas noticias que te recuerdan que el tiempo pasa y no perdona: la muerte de Juan Ramón Sánchez. El nombre quizá no diga nada, pero para una generación de churumbeles que hoy tiene entre veintitantos y treinta y tantos, fue Chema, el panadero de Barrio Sésamo.
Según publica el diario los Abecenes, falleció tras una fulminante enfermedad hace unos días. Por estas cosas de la vida, su viuda no es otra que Chelo Vivares, Espinete(*). Según el propio diario, Juan Sánchez encarnó uno de los personajes que marcaron la infancia de la generación que hoy ronda los 25-30 años: el de "Chema, el panadero", en la recordada serie infantil "Barrio Sésamo". Fue uno de los rostros más populares de aquella televisión con dos únicos canales. En aquella televisión bi-canal de entonces (que en el caso de La Palma, tardó todavía unos años en serlo realmente), alcanzar la categoría de mito era algo muy distinto de lo que es ahora, donde los ídolos mediáticos vienen y van con una facilidad inusitada. Que un cuarto de siglo después, la imagen de Chema (y los chistes vinculados a la harina) sigan vigentes en una generación, es indicativo de que esos tiempos terminaron (sobre todo ahora, que la programación infantil-juvenil ha dejado paso a los estercoleros de la prensa rosa). Para el recuerdo, quedan cosas como ésta:
El primer corte es un fragmento de la mítica canción “Panadero soy” (sí, vale: una letra que dice “Panadero soy, porque sé hacer pan. Y otros con placer, se lo comerán” no es un dechado de virtudes, pero tampoco es muy distinto de lo que se canta en OT, por poner un ejemplo). El segundo, corresponde al infumable programa de TVE dedicado a los cincuenta años de la programación infantil (la revisión de los “cásicos” estaba bien, pero los enlaces vía Miriam Díaz-Aroca se los podían haber ahorrado).
La noticia, aparte de recordar una vez más que sólo hay dos seguridades en la vida (el pobre actor tenía apenas cincuenta y un años), retrotrae a una generación a las tardes de los ochenta, cuando después del colegio y acompañando a la merienda, disfrutaba uno de Barrio Sésamo como antecedente de la programación que uno podía ver. Y también, todo hay que decirlo, de las andanzas de Epi, Blas, Coco, Triqui, Traque, Gustavo… No saben lo que se pierden las nuevas generaciones (insértese aquí cualquier otra batallita de abuelo cebolleta que gusten). Pero no estaría mal que volvieran ciertas cositas (como, por ejemplo, la Bola de Cristal).
(*) Si la pobre Descalza quedó impactada al saber que dentro de Espinete había una persona, no quiero pensar cómo se quedará al saber que había contraído matrimonio con el bueno de Chema.
La evidencia no puede ser negada. La imagen es clara. Han venido. Y no lo han anunciado ninguno de los pufólogos habituales: Investigación de campo, señores, y menos zarandajas.
Luego vendrá algún listillo y dirá que es una nube.
Cine del güeno: Hoy presentamos "10.000" o cuando StarGate se topó con Gunan el Guerrero
2008-04-09
Recupero una vez más otra de las secciones más o menos clásicas de la bitácora, comentando la última película que vi en el cine, en compañía de mi amiga la bruja Xay (escritora a la que harían bien en seguir la pista si les gustan la fantasía heroica, la espada y la magia, etcétera): 10.000 AC es el último trabajito con el que Roland Emmerich deleita o fustiga a la afición, y que me transmitió el sabor de otras cintas de aventuras. Porque esta cavernicolada del buen señor no es otra cosa que una mezcla entre StarGate (película bastante flojita perpetrada por Maese Emmerich en 1994, y que dio lugar a una divertida serie de televisión) y las películas de bárbaros italianas, entre las que cabría destacar filmes de la envergadura de Ator el Poderoso o Gunan el Guerrero.
Para quien no haya visto –y tenga intención de ver- el pinículo en cuestión, le recomiendo que pase olímpicamente de esta entrada a partir de ya. Si queda alguien, le cuento: la cosa va de una comunidad de cavernícolas que habita en lo alto de unas montañas donde los inviernos son bastante chungos y que vive, única y exclusivamente, de la caza del mamut. Para vivir en los albores de la prehistoria y no tener ni papa acerca de los conceptos de alimentación equilibrada, los trogloditas lucen una bonita dentadura, compuesta por todas sus piezas y de una blancura cuando menos sospechosa. Especial mención merecen, cuando se quedan con el taparrabos de verano, esos cuerpos carentes de pelambres y las lentillas azules que se gasta la protagonista. Picapiedras de diseño, como los bárbaros de las pelis de Prosperi y Margueritti.
En la mejor tradición de las pelis de bárbaros (las buenas, uséase, los Cónanes y las otras, uséase, el resto) la vieja de la tribu vaticina épocas muy jodidas para el grupo, pero profetiza, con unos augurios de todo a un euro, que surgirá un gran guerrero que les llevará a la abundancia. Antes que Scarlett O´Hara, ya hubo una cavernícola que juró que jamás volvería a pasar hambre. Y llega la hora más oscura, en la forma de unos mercaderes de esclavos que, como en cualquier peli de bárbaros que se precie, entran a la carga en el poblado (lo que ya son ganas, porque está en lo alto de la montaña, como la cabaña del abuelo de Heidi, y para más coña es lo más crudo del invierno, porque está todo nevado). Sus pintas no engañan: estamos ante los malos. Más feos que Picio, narigudo el jefe; calvo, tuerto, barbudo y con cara de mala leche su segundo… verlos es evocar mil y una pelis de serie b y hasta z, porque entre su aspecto y que acaban de cargarse o capturar a medio poblado, no queda la menor duda de lo que va a pasar: se masca la venganza.
Ni corto ni perezoso, el prota decide, con tres voluntarios más, partir en pos de sus amigos (y novieta) esclavizados. Que los otros vayan a caballo y ellos a pie, no es inconveniente. Después de todo, queda clarísimo que el prota es el guerrero predestinado, no sólo porque durante toda la película demuestre tener una potra del copón (o una flor en el culo, según mi amiga), sino porque para eso es el prota, leñes. Si al principio de la historia se carga a un mamut de la forma más tontorrona que podría ocurrir, por el camino descubre las artes de la diplomacia, del amansamiento de fieras y hasta de geografía y astronomía. Así, sin despeinarse más de lo que está. Porque para eso es el elegido. Como Ator, Gunan, Krótar, Yor, Tunka y tantos y tantos otros greñudos de la espada y la brujerida.
En un auténtico potaje geográfico, el prota y sus amigos van de la montaña nevada a la selva más profunda (donde vemos, en un sentido homenaje a Parque Jurásico, el ataque de un montón de pollos gigantes y cabreados); de ahí a la sabana semiseca y después al desierto, para acabar ¡chan-tatachán! en el Egipto de los tiempos de las pirámides. Emmerich y sus guionistas no han visto un globo terráqueo en la vida, ni mucho menos un mapamundi. Y es aquí donde los bárbaros dejan paso a StarGate.
Si alguien se acuerdo, StarGate era una película en la que una expedición terrestre daba con sus huesos en un planeta habitado también por humanos y sometido al dominio de unos extraterrestres que habían adoptado la imagen del panteón egipcio. El medio de transporte era un gigantesco anillo metálico que, casualmente, estaba datado con una antigüedad de unos diez mil años (milenio arriba, milenio abajo) y que los antiguos egipcios habían enterrado después de una rebelión en la que le habían dado la patada a los mentados falsos dioses (lo que demuestra que, por mucho pisto divino que se dieran, eran bastante petardos). Teniendo en la mente este argumento, toda la parte final de 10.000 queda como una precuela apócrifa de esta peli, de la que dicen las malas lenguas que don Roland quiere hacer dos continuaciones, contando con el reparto de la original. Esperemos que se dé prisita, porque como siga esperando por Kurt Russell y James Spader, la continuación bien podría llamarse “StarGate 2: La Puerta del Asilo”.
Lo que el prota y sus compinches (muy numerosos, porque ha reclutado un ejército de damnificados por los ataques de los malos) encuentran, es una civilización ya netamente histórica, pero donde nuevamente se reparten a diestro y siniestro patadas a la Historia. Este “Egipto” tiene muchos elementos derivados de las culturas de la América precolombina, y hasta las pirámides tienen algún toque proveniente de esos pagos. La explicación es que esa ciudad fue fundada por tres “dioses” (ejem) que vinieron, dicen unos que cuando su mundo se hundió en el gran azul (ejem, ejem) y opinan otros que de más allá de las estrellas (tirurarún tarún tarún). Sólo queda uno, con una pinta de malo de StarGate que tira de espaldas (figura, voz, mala gaita) y que también está obsesionado con una profecía que acaba cumpliéndose -¡cómo no!- de la forma más patatera posible. Como muestra del carácter avanzadísimo del chiringuito, vemos que disponen de telescopios, sextantes y una cartografía que parece sacada de los atlas de los siglos diecisiete y dieciocho. Nada de esto servirá para que un puñado de cavernícolas armados con cachiporras y lanzas de hueso, acaben armando la marimorena y convirtiendo la ciudad en un solar.
Como en StarGate, todo termina en una monumental tarascada, donde malos reciben hasta en el carné de identidad y el prota tiene ocasión de enfrentarse al super-malo. Hasta en el destino del prota y su novieta decide Emmerich autoplagiarse. Visto lo visto, creo que seguiré disfrutando de la serie televisiva SG1. Por lo menos alli saben tomarse a sí mismos un poco a cachondeo. Eso sí, recomiendo esta peli para todos aquellos que disfrutaron viendo películas chorras de corte aventurero, bien repletitas de patadas a la Ciencia y con una ficción de cartón-piedra.
Me envía mi amiga Inés esta reflexión de don José Luis Sampedro, relativa al canon sobre los libros prestados en bibliotecas:
POR LA LECTURA
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.
Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado n concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio
b) es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿ae quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
Huelga decir que suscribo las reflexiones de don José Luis, y que me gustaría que otro don José Luis, que en breve revalidará por cuatro años su puesto como Presidente del Gobierno, tome nota sobre este particular. Y valga esto, por extensión, a todas las personas que tienen en su mano la posibilidad de cambiar este atropello.
Desde hace unos días puede visitarse en la Red una nueva bitácora, dedicada a la promoción de los trabajos de los autores (escritores, dibujantes y demás mala gente) de tebeos que han nacido, residen o están vinculados a Canarias. Sus responsables han hecho la siguiente presentación:
Los abajo no-firmantes han querido abrir esta bitácora para dar a conocer al mundo (virtual, se entiende) la obra y milagros de una serie de escritores y dibujantes (artistas, en definitiva) vinculados al mundo del tebeo y con el denominador común de haber nacido, residir o tener algún vínculo especial con las Islas Canarias, más que nada por pillarnos cerca. Tal es el motivo por el que nos hemos querido llamar los Ningunos. Nosotros no somos los protagonistas de esta página, sino los trabajos de tales autores. Bienvenidos sean pues, a ésta su casa (de ellos y de ustedes).
Los Ningunos
Pues como diría el guionista oriundo de Jandía Estanislacao Leecuona, ¡queda dicho! Ahora a visitarla con regularidad.
Hace poco más de un año, tuve a bien fustigar un poco a la concurrencia con las hazañas musicales de la Tigresa del Oriente. Tan inenarrable documento musical, aparte de hacerme reflexionar sobre las consecuencias negativas de la globalización y de la Red, me permitió conocer un ritmo musical que responde al nombre de tecno-cumbia. Hoy, ya debidamente curados, les presento a la heredera y sucesora indiscutible de la Tigresa:
En la mejor tradición de Tam Tam Go! o Fabio McNamara, Mari Florcita (no es un nombre artístico para un solista jevi o punki, precisamente) habla del amor internetero. Eso sí, al principio reconozco que me costó distinguir esta canción de las de cualquiera cantada por la felina oriental, ya que el ritmo es el mismo y el narrador-vendedor-de-pescado que presenta a la niña casi juraría que también. Lo que nos perdemos por no tener 300 Millones en antena y lo que ganamos gracias al TuTubo
Istanbul was Constantinople Now it's Istanbul, not Constantinople Been a long time gone, Constantinople Now it's Turkish delight on a moonlit night
Every gal in Constantinople Lives in Istanbul, not Constantinople So if you've a date in Constantinople She'll be waiting in Istanbul
Even old New York was once New Amsterdam Why they changed it I can't say People just liked it better that way
So take me back to Constantinople No, you can't go back to Constantinople Been a long time gone, Constantinople Why did Constantinople get the works That's nobody's business but the Turks
Istanbul (Istanbul) Istanbul (Istanbul)
Even old New York was once New Amsterdam Why they changed it I can't say People just liked it better that way
Istanbul was Constantinople Now it's Istanbul, not Constantinople Been a long time gone, Constantinople Why did Constantinople get the works That's nobody's business but the Turks
So take me back to Constantinople No, you can't go back to Constantinople Been a long time gone, Constantinople Why did Constantinople get the works That's nobody's business but the Turks
En las vísperas de la fiesta de la democracia, los que no saben más que de sangre y muerte han vuelto a asomar el hocico. Isaías Carrasco es el nombre del último asesinado. Su pecado, tener ideas distintas a las de los nazis de siempre. Ante cosas como ésta, sólo queda responder de esta manera:
Y responder con las normas en la mano. Tolerancia cero con la violencia, sea del signo, condición y justificación que sea.
Como todos los años, el curso Ciencia y pseudociencias 2008 calienta motores. Una vez más, el Aula Tomás y Valiente de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Laguna, acogerá treinta y nueve ponencias y una mesa redonda que harán repaso de los conceptos básicos de la ciencia y de la identificación de las llamadas “pseudociencias”.
Si tienes interés en asistir, sólo tienes que dirigirte a la calle Viana, 50, en La Laguna, y pedir información sobre este curso interdisciplinar. Son sesenta horas, convalidables por seis créditos de libre elección de la oferta oficial de la ULL.
Como llevo unos días en casa, pasando la gripe, he aprovechado para recordar en qué mataba el tiempo cuando estaba pocho, y era jugando a cosas como ésta:
En mi humilde opinión, la mejor aventura gráfica de todos los tiempos