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    Inicio > Historias > Garrulation, garrulation II
    Garrulation, garrulation II 2005-09-17

    La historia se repite, aunque no se parezca. Por eso, y pese a que segundas partes rara vez fueron buenas, hoy toca secuela de un artículo publicado aquí cuando Operación Triunfo todavía andaba en RTVE y el concurso daba signos de agotamiento. Los meses pasaron, la productora y el ente no llegaron a acuerdo alguno, y la seudo-academia más célebre de la pequeña pantalla dio con sus huesos musicales en Telecinco, el santuario de los rialiti chou Vuelta a empezar y, de nuevo, la suerte, en forma de selección, permitió que una paisana chicharrera, Idaira, estuviera en el bombo de los elegidos para la gloria, momento en el cual ya nos preguntamos si se repetiría la historia de Tony Santos.

    No es menester entrar en una discusión acerca de las virtudes artísticas de la academia en cuestión. Que en un período de pocos meses un puñado de presuntos profesores puedan convertir en profesionales de la canción a un grupo de jóvenes para que puedan destrozar lo menos posible toda suerte de temas populares, es algo que no admite discusión alguna: no hay quien se lo trague. Que el nombre del juego es fabricar un intérprete que dé sustanciosos dividendos a un negocio como el discográfico, que últimamente vive en estado de permanente crisis (o eso dicen, que los cruces de declaraciones productoras-internautas parecen sacados de la gran enciclopedia de la intoxicación mediática y uno ya no se fía). Pero, después de todo, el truco es tan viejo como el propio mundo: ¿cuántos cantantes vemos por ahí que han pasado por el mismo proceso de selección, que sólo sirven para vídeo-clips y cuyo directo, entre escaso e inexistente, es un cántico al [/playback/?] Un, dos, tres. Responda otra vez. El gran invento de OT es convertir al público en partícipe de esa decisión. El cliente siempre tiene la razón. Que elija lo que va a comprar. Y si además paga por elegir, mejor que mejor. ¿Dónde se ha visto algo más redondo? Para caldear el ambiente, se apela a los buenos sentimientos, como la contribución al sueño de toda una vida, al cariño terruñero y ya tenemos la competición montada. La cuarta no ha sido excepción respecto a las tres anteriores.

    Así pues, La Laguna en particular y Tenerife en general se ha visto empapelada con los carteles de salvar a Idaira, que, día sí, día también, es nominada para abandonar el concurso. La familia hace campaña, los negocios hacen campaña y, después de todo, para que el gato al agua se lo lleve otro, que se lo lleve una paisana. Un detalle me llama la atención y me gusta, y es que al contrario que hace tres años, ninguna institución pública ha tenido –que yo sepa- el vergonzante y deleznable detalle de gastar el dinero de todos en poner a disposición del respetable líneas telefónicas con las que llamar en pro de la salvación. En una isla donde en todo momento se escucha, se lee, se ve como las iniciativas tendentes a crear nuevos espacios para que los artistas que empiezan puedan darse a conocer acaban desapareciendo ante el silencio o la falta de ayudas, semejante gasto, fruto del deseo de subirse al carro de moda, es, aparte de un gesto patético, un despilfarro injustificable. Eso sí, de lo que no nos libramos es de los próceres locales poniéndose la camiseta (que para eso ya la legislatura ha pasado el ecuador y hay que empezar a dejarse ver) y diciendo tonterías patrioteras acerca de la presunta persecución a la que está sometida la pobre muchacha por los perversos y malvados profes de la academia, como comentan hoy en La Opinión de Tenerife Alfonso González Jerez y Francisco Pomares. Reproduzco a continuación los artículos, ya que el periódico no tiene hemeroteca virtual más allá de una semana.

    El victimismo como discurso
    Francisco Pomares
    Asombrado estoy con el follón organizado a cuenta de la salvación de Idaira, la niña lagunera a la que los llamados jurados de Operación Triunfo llevan intentando poner de patitas en la calle desde el primer día. Lo cierto es que se trata de una pibita con una voz dulce y agradable, y además mona y simpática y muy pero que muy bien educada. Se pasa el rato dando las gracias y pidiendo perdón. Es lógico que a la gente le caiga muy bien. Pero también es cierto que no canta como otros alumnos. Al menos, eso me cuentan: yo no tengo oído alguno. Y si es así, es razonable que los jurados hayan votado más o menos sistemáticamente por dejarla fuera.

    A partir de aquí, el resto es manipulación televisiva y sentimientos desbocados: manipulación de la cadena que emite el programa, decida a mejorar sus audiencias creando falsos héroes y falsas víctimas, y sentimientos exacerbados, un tsunami de ida y vuelta, cabalgados por familia, municipio y sindicatos. Alucino contemplando el apoyo de un alcalde comunista -el de Córdoba- y su entero grupo municipal a una joven y guapa candidata a folclórica, por el mero hecho de ser de Córdoba. Y a la alcaldesa de La Laguna haciendo lo propio con Idaira. Jo. Y alucino escuchando argumentos nacionalistas en boca de una consejera insular de Tenerife, algo más o menos difuso sobre lo mal que se trata a los canarios en la Península, para justificar que a la pobre niña Idaria la quieren sacar del programa "porque es aplatanadita".

    Creo que fue Walter Cronkite quien dijo una vez que el último recurso de un articulista es criticar los programas de televisión. Quizá eso tenga que ver con la vergüenza que me embarga por referirme a Operación Triunfo. Pero es que no es de televisión de lo que intento escribir: es de cómo esos argumentos que reclaman nuestra idiosincrasia de víctimas propiciatorias se han ido convirtiendo a lo largo de los años en la base y justificación de toda una política de reivindicación de privilegios merecidos sólo por el hecho de ser de aquí.

    Es terrible como el victimismo va calando en el inconsciente colectivo y nos habitúa a considerarnos mejores que los demás -los otros- sólo por ser isleños.

    La histeria en defensa de Idaria, convertida malgre lui en una suerte de Juana de Arco chicharrera, se me antoja otra manifestación de la pobreza espiritual a la que nos obliga y condena nuestra asumida y reivindicada condición de maltratados por la historia (pero bendecidos por el Presupuesto comunitario y español). Quizá vaya siendo hora de empezar a reclamar un papel propio y autónomo.

    A fin de cuentas, para que Idaria gane, tendrá que cantar mejor que los otros. O al menos convencer a la gente de que es capaz de hacerlo. Ni siquiera en la tele se consigue ganar llorando.

    OT
    Alfonso González Jerez

    Nadie se acuerda del inefable Toni Santos y su poderío odontológico, pero eso no ha sido ningún impedimento para que miles de ciudadanos tinerfeños vivan intensamente una nueva edición de la farsa, una vulgaridad de pasta gansa, chillidos, sentimentalismo, hipérboles, acné y mentiras. No puedo evitarlo: Operación Triunfo me parece la estupidez más rentable que jamás se ha diseñado por una productora de televisión. Todo es de una falsedad alucinatoria y casi onírica: adolescentes que apenas saben gorjear chillonamente pasan por asombrosas promesas musicales; un conjunto de monitores de aerobic y arreglistas pachangueros se disfrazan de profesores de una academia imaginaria; en un par de meses, la imaginaria academia convierte a los chorlitos en unas estrellas de la música pop condenados a un éxito universal. Operación Triunfo responde, obviamente, a la tipología del reality-show, supuestamente legitimado por sus buenas intenciones finales y por la retórica de los valores que supuestamente irradia, como el esfuerzo, la disciplina o el compañerismo.

    Algunos ensayistas de principios de siglo (como en España Vicente Verdú) postulan que lo más dinámico e influyente del capitalismo actual no se dedica a la producción de bienes, sino a la producción de realidad. Al capitalismo industrial le siguió un capitalismo de servicios y hoy disfrutamos y sufrimos un capitalismo de ficción. Desde este punto de vista Operación Triunfo se dedica a fabricar un sucedáneo de realidad en la que el público televidente puede tener una modesta participación. Modesta pero sumamente rentable para los productores. El interés ficcional del programa se alimenta, asimismo, por una impredicibilidad estimulante: como en cualquier ficción pueden contemplarse éxitos y fracasos, amores germinales y soledades irremediables, personajes detestables, buenos y malos que se intercambian sus efímeros papeles, sudor y lágrimas. Lo sorprendente -y lo que amenaza la frescura del formato- es que todos los participantes, todos sin excepción, saben que participan en una comedieta, y actúan plenamente asumiendo distintos roles. Todos menos el público.

    Me estomagan los carteles pidiendo la salvación de Idaira, una piba que no canta peor ni mejor que muchos aficionados al karaoke. Me irrita la insistencia babieca en que todos, todos sin excepción, desde Punta Hidalgo hasta el Acantilado de los Gigantes, somos responsables de una carrera musical que carece del más modesto material de talento y preparación artística y técnica. Me resulta grotesco la automática manipulación política por parte de alcaldesas y diputadas que se enfundan una camiseta y pegan berridos y saltos ante las cámaras de televisión. Y la estúpida neblina de patrioterismo isloteñista alrededor de un taimado concurso televisivo.

    ---------- o ----------

    Pomares y González Jerez aprovechan para meter baza en otros temas, aunque en lo básico firmo lo dicho por ellos: que el negocio es el negocio y que OT es un negocio en su propio concepto y en lo que saldrá después. Me pregunto qué pasará cuando el concurso acabe y la presencia mediática deje de ser tan constante. El otro día, en la cafetería del curro, mi amigo Soto manifestaba su contento por haber contribuido a “salvar a la chiquita”. A mala leche, le dije que me parecía magnífico (después de todo, el mérito está en rascarse la faltriquera y mandar el mensajito o hacer la llamada) pero que su obligación era comprarse el disco. Puestos a ser un poco malos, cabe preguntarse si, en el caso de que (ponga aquí el nombre de su candidato/a preferido o del que sea su paisano/a) llegue a grabar un disco, todos sus defensores pasarán por caja y se comprarán el original o, en su defecto, bajarán algunas pistas del mismo en los sistemas legales de descarga. Como dice cierta amiga mía soy un poco malo.

    Enviado por lcapote a las 15:45 | 5 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Steven Fecha: 2005-09-24 15:28

    Por favor...Creo que deberias mirar las carreras de los profesores y lo que han hecho durante su vida en el mundo de la actuacion, de la cancion etc. son indiscutiblemente profesionales aunque tengan que caer en las redes "dinero", como bien se vio en la gala del Jueves 22.Sep con las criticas despectivas que hicieron a Idaira. Parecia un juego en el que el juguete era idaira...NOEMI acudio a tabues y Kike Santander a Eufemismos...anque disfrazaron las cosas desde el promer momento es notorio que con idaira tienen grandes prejuicios...cosa ilogica estan ahi para preparar a los chicos para ser artistas no para decirles que dejen pasar las oportunidades y se queden a la sombra como kike santander dijo a Idaira (preparate 2 años mas).
    De todos modos sere feliz en la gala donde idaira Ganara y desde luego me comprare su disco. Eso si no tiene problemas con la productora o con las lineas telefonicas como bien paso con TONI SANTOS:



    2
    De: despertares Fecha: 2005-09-24 15:33

    Por fin se les ha visto el plumero a los miembros del jurado y a toda la maquinaria que mueve OT, con la patética reacción de Noemí Galera ante la salvación de Idaira. Está claro y ya se ha quitado por fin la careta, aki solo se buscan productos que puedan ser comercializados y por lo visto Idaira no se ajusta a este prototipo: porque Edurne es un bellezón ( a mi no me lo parece, pero bueno, eso se cree vox populi), Soraya y Victor tiene grandes voces y carisma ( especialmente la primera, aunque recuerda sospechosamente a Chenoa en formas y ademanes), Fran, son ese aire de " me la suda todo", a lo juanes pero mas sonriente, tiene su puntito y Sergio que no lo hace mal, pero que tiene unf ísico de ratón que no sé yo si le ayudará mucho en una futura carrera como producto para quinceañeras. Pero si nos ponemos a mirar atrás resulta que esta edición ha habido salvaciones y favoritismos incomprensibles: Lydia, sin ir más lejos, con un estilo del que a poco que camines por Andalucia te lo topas de frente en cualquier chica y a la que no se le podia dar nada en ingles, Jesus de Manuel, que no sé ni como llegó a entrar, Guille Martín... Y el hecho de que se les elija el repertorio de una manera a unos y de otra a otros. Muy bien señora Galera, con su demostración me ha hecho reflexionar y pensar que sus conocimientos musicales no son tantos y que se mueve más bien por simpatias personales e intereses comerciales. Ojalá gané Idaira, porque aunque no sea tan guapa como Edurne ni tenga la voz de Soraya ni la simpatía de Lydia, refleja una autenticidad y una nobleza encima de un escenario que para sí la quisiera usted misma. Ojalá gane, porque esto es un concurso de voces, pero también de personas y de artistas, y no siempre el mejor artista es el que tiene la mejor voz.



    3
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2005-09-24 17:12

    Don Steven: Desde el momento en que, como tú misma planteas, los presuntos profesores pasan por el aro y hacen de claque para buscar una justificación a lo que no es más que un sustancioso sistema de fabricar un producto musical, su profesionalidad queda tocada. Intentar escudarse en el c.v. es un argumento de autoridad, de "es verdad porque lo ha dicho él". Y no vale. Casualmente, vivo muy cerca del Cristo y hasta mi casa llegaba el rumor de la gente, mosqueada por los comentarios que, repetidos luego en todas partes y realmente, a la vista de los precedentes, si la chica hubiera sido del gusto de la productora, cantando exactamente igual, la llevarían en volandas. Ya puestos, podrían dejar sólo al jurado decidiendo, pero entonces ya dejan de afluir los maravedíes de los mensajitos.

    Don Despertares: OT, en cualquiera de sus cuatro ediciones, ha sido siempre eso, un utilísimo invento de formación de un producto en el que el cliente potencial paga por opinar. Hace unos años, una concursante de una de las primeras ediciones actuó en Tenerife y estuvo en Radio Campus hablando sobre la mecánica interna del invento, y comentó que intentaban adjudicar a cada concursante una etiqueta y un nicho en el mercado, con el fin de aprovechar el tirón lo máximo posible, para luego pasar del individuo-a si no resultaba rentable y centrarse en los que habían funcionado mejor en el mercado. El problema es que el mentado mercado no aguanta que todos los años le metas con calzador una veintena de nuevos valores, y se ha visto en el hecho de que, si bien en la primera edición casi todos sacaron un primer y hasta un segundo disco, en la segunda y tercera el éxito se ha ido diluyendo hasta llegar al olvido. Cuando los focos iluminan a la siguiente generación, los que estaban quedan a expensas de sus propias fuerzas y, si rápida fue la subida, más aún lo es la caída.



    4
    De: asmodeo de sinan Fecha: 2005-10-09 00:38

    OT no deja de ser un invento mercantilista que utiliza a unos interpretes (que no cantantes)para copar tanto las listas de "exitos"musicales como el SHARE televisivo.Los músicos auténticos que van de bolo en bolo y de garito en garito siguen anclados en el anonimato o como mucho en pequeñas productoras.Como decían en Astérix "resistiendo ahora y siempre al invasor".Ya veremos quién se acuerda de los "Triumfitos" dentro de unos años.



    5
    De: M. Angeles Fecha: 2006-09-25 20:00

    Tony Santos tiene una voz personal, cálida.



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