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    Inicio > Historias > A mi amigo Javier Corzo, que se fue antes de tiempo
    A mi amigo Javier Corzo, que se fue antes de tiempo 2006-03-20

    Hay situaciones para las que uno nunca está preparado, pese a que formen parte de nosotros desde el momento en que venimos al mundo. Una de ellas, la principal, es la muerte, el hecho de que más tarde o más pronto también tendremos que marcharnos; todo tiene un principio y un fin. Sin embargo, hay ocasiones en las que queda poco espacio para la filosofía y los sentimientos lo copan todo. La muerte de un amigo es una de ellas. Más aún, si como ha sido el caso, ha sido repentina, fulminante y tristemente prematura.

    Francisco Javier Corzo Varillas, Javier o “el rubio”, como lo conocían por la Facultad de Biología, era Profesor Titular de Bioquímica de la Universidad de La Laguna y Director del Departamento de Biología Molecular y Bioquímica de la misma. Sin embargo, lo conocí en el marco de una velada muy original, en la que varios profesores de la casa, entre ellos él mismo, llevaron a cabo una serie de monólogos humorísticos para reírse un poco de las más variopintas creencias pseudocientíficas y en definitiva, divulgar divirtiendo. Más tarde coincidiríamos en el curso sobre Ciencia y pseudociencias, que en este año cumple su sexta edición, y donde Javier participaba con dos ponencias: una dirigida a arrojar más claridad sobre los siempre polémicos productos transgénicos y otra en la que hacía, como bien rezaba el título, un toque de autocrítica sobre la actividad científica, al analizar distintos ejemplos en los que algunas personas habían falseado los resultados de sus investigaciones, para concluir que el método, pese a aquellas aberraciones, seguía siendo fiable. Más tarde, esos mismos temas se repetirían en sus tres intervenciones en el programa de Radio Campus Autopista a la Ciencia: La Hora de ACDC, donde tuve la inmensa suerte de entrevistarle. Allí se revelaba en toda su extensión su faceta más personal, en la que derrochaba humanidad: su aspecto campechano y bonachón no ocultaba un fuerte carácter que le impulsaba a actuar con vehemencia, pero siempre con justicia, en todas las tareas que abordaba. Era uno de esos profesores que tenía bien claro que las instituciones académicas y científicas tenían la obligación de divulgar, de enseñar y dar a conocer a la sociedad los resultados de su actividad, contribuyendo no sólo a la difusión del conocimiento, sino también a la erradicación de las supercherías. Tenía esa rara virtud que era la de ser consecuente con sus ideas, refrendándolas con hechos, de los que tenemos ejemplo en sus múltiples intervenciones en los medios de prensa, tanto escrita como televisada, y en la blogosfera. Se declaraba un escéptico convencido en lo referente a las posibilidades reales de que la divulgación llegara a algún sitio, pero eso nunca fue algo que le arredrara para seguir adelante. Hasta el pasado viernes.

    Todavía hoy, dos días después de lo sucedido, cuesta mucho asimilarlo. Cuesta creer que no volveremos a verle, ni a escuchar sus ocurrencias, ni a aprender con sus clases. Cuando alguien como él se marcha, deja tras de sí un vacío que es prácticamente imposible llenar, testimonio de lo que fue y ya no es. Porque como decía Tomás y Valiente, de Javier ya no podemos hablar sino en pasado. Sin embargo, su memoria y su legado son y deben estar presentes ahora y en el futuro, porque sus palabras y su ejemplo, tanto profesional como humano, son y serán tan válidos ahora como cuando él estaba entre nosotros.

    Enviado por lcapote a las 04:09 | 3 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Amparo Martínez López Fecha: 2006-03-28 18:54

    Gracias a ti y a todos los que qusieron y valoraron la honradez como persona y como científico de Javier.



    2
    De: José Manuel Echevarría Fecha: 2012-01-12 11:08

    Aunque mi comentario llegue con tantos años de retraso, motivados por haber perdido el contacto con Javier unos diez años antes de su muerte, deseo expresar ahora aquí mi homenaje a quien tuve el inmenso placer de contar entre mis más entrañables amigos desde antes de que ambos cumpliésemos los 17 años. He echado y echo de menos de una forma físicamente dolorosa ha ese excelente amigo que tanto cariño me regaló y que tantas cosas me enseñó, y saber de su inesperada muerte, constatar que ya jamás volveré a verle, multiplica mi dolor. Como íntimo amigo de Javier -ya que la distancia jamás fue para mí el olvido-, me sumo al agradecimiento de Amparo hacia esas justas y merecidas palabras, al tiempo que le hago llegar a ella, a Carlos y a Javier Jr mi más sincero y emocionado recuerdo. Sólo me consuela pensar que él sí sabía muy bien quién era y hacia dónde se dirigía, y que todo su ser está ahora armoniosamente integrado en esa naturaleza que él comprendía tan bien y que tanto amaba. Y, también, que algunos de los cactus que él me regaló viven aún en mi casa para recordarme su cariño y su amistad cada vez que me ofrecen la belleza de sus flores.



    3
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2012-01-15 20:26

    Don José Manuel: creo que nunca llega tarde un mensaje tan cargado de buenos sentimientos.



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