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    Inicio > Historias > Nueva sentencia sobre el "Caso Farruquito"
    Nueva sentencia sobre el "Caso Farruquito" 2006-09-06

    Hoy se ha publicado en los medios una noticia que, situada en la sección de cultura, bien podría y será, sin duda, contenido de basureros como éste, o pocilgas como ésta. Y es la sentencia que la Audiencia Provincial de Sevilla ha dictado, respecto a la revisión del caso “Farruquito”, de sobras conocido, ya que saltó a la palestra hace un par de años, cuando se descubrió que el artista había encubierto el atropello con resultado de muerte a un transeúnte, hace cosa de tres años. La resolución judicial es el resultado del recurso interpuesto contra la de primera instancia, que condenaba al bailaor a dieciséis meses, y viene a establecer lo siguiente:

    La existencia de un delito de homicidio imprudente: por el cual, se le condena a dos años de prisión.

    La existencia de un delito de omisión del deber de socorro: esto es, que producido el atropello, el responsable del mismo no se bajó a auxiliar a la víctima. La pena por este ilícito es de un año de prisión y 36.500 euros de multa.

    La existencia de un delito de simulación de delito (valga la redundancia): que una vez producido todo lo anterior, el autor indujo a su hermano pequeño (y empleado en su compañía de baile) a que se inculpara por los hechos acaecidos. La pena por este ilícito es de multa de 36.500 euros.

    Por último, y en lo referente a la responsabilidad civil derivada de estos delitos, la Audiencia confirma las indemnizaciones por valor de 102.000 euros para la viuda de la víctima y 16.000 para sus padres.

    La sentencia recurrida, dictada en 2005 por el Juzgado de lo Penal nº 8 de Sevilla, era idéntica respecto a las indemnizaciones, pero condenaba sólo por los dos primeros delitos, con una pena de ocho meses de prisión por cada uno, motivo por el cual el artista no acabó en la cárcel. En su momento, esta resolución causó bastante revuelo, al considerar que era excesivamente benévola con un caballero que, grosso modo, había causado la muerte a un transeúnte, mientras conducía al doble de la velocidad permitida, sin carné (que, por cierto, también le ha sido retirado por un plazo de tres años, por cuanto se lo había sacado después de toda esta historia). En la carrera, se saltó un semáforo antes del atropello y varios en la huida, porque tampoco se paró a socorrer a la víctima. Para rematar la faena, se intento cargar el mochuelo al hermano menor del ahora nuevamente condenado, que por su condición de menor, habría recibido un tratamiento más benévolo, merced a la aplicación de una normativa penal distinta.

    Casos como éste, son los que ponen en el ojo de la sociedad al sistema judicial, sobre todo, merced a la atención que provoca el hecho de que el presunto autor (ahora ya autor condenado) sea una persona de relevancia pública (en este caso, en el campo de la cultura). Junto al juicio legal, se crea un juicio paralelo donde todo el mundo escucha, opina y sentencia. Del otro proceso, recuerdo las desafortunadas declaraciones que, en televisión, hizo otro genial bailaor, que hablaba de persecución por razones de raza, con lo que demostraba que su conocimiento del Derecho era inversamente proporcional a sus capacidades para el baile. El caso, sin duda, es de los que generaban alarma social: resultado de muerte por una imprudencia derivada de una actitud que, en el mejor de los casos no era lo que se dice cívica; huir del lugar de los hechos en lugar de socorrer a la víctima; intentar imputar el delito a una tercera persona. Que sumado todo esto, no se produjera una condena efectiva de prisión, era un jarro de agua fría para quienes creen que, a pesar de todos sus defectos, la justicia española no es (pese a que Pedro Pacheco* dijera lo contrario) un cachondeo.

    La sentencia de instancia y esta de la Audiencia Provincial, permiten ver la doble dimensión en la que operan las consecuencias jurídicas del delito o, en este caso, de los delitos. Por un lado, las consecuencias derivadas de la responsabilidad penal, contenidas en las penas de prisión y multa por los tres delitos. Por otro, la responsabilidad civil derivada de esos delitos. Mientras que las sanciones penales, obedecen a un castigo público, en el sentido que suponen la contrapartida por el atentado a un bien jurídico protegido cuyo titular es la sociedad en su conjunto, las sanciones civiles –si se las puede llamar así- obedecen a una relación más privada, entre delincuente y víctima Así, esta última se convierte en acreedora del primero, que pasa, consecuentemente, a ser deudor de una obligación, cuyo contenido está definido por el resarcimiento. El contenido de esa deuda es la reparación del mal, de modo que quien lo ha sufrido sea puesto en la situación anterior a la producción del mismo. Cuando eso no es así, el resarcimiento se sustituye por una obligación dineraria, que implica valorar el daño. Aquí, la víctima no es la acreedora de esa obligación, por cuanto el delito ha sido con resultado de muerte. Han sido su cónyuge y sus progenitores, en tanto que afectados por el fallecimiento de aquélla, los que se convierten en acreedores. Cuando toca hablar de estos temas en clase, siempre le digo a mi parroquia que, en el fondo, lo que estamos poniendo es da precio a una vida, a una invalidez, a un mal. Quizá suene duro, pero es el único mecanismo que tenemos, como alternativa a un resarcimiento imposible. No sustituye, ni cura, ni restaña.

    En esta nueva sentencia, llama la atención el hecho de que el objeto de revisión no haya sido la cuestión civil, sino la penal. No había problema en la valoración del daño ocasionado a los familiares de la víctima; se mantuvo el quantum económico y se denegó nuevamente el reconocimiento de otras obligaciones por otros daños. Se revisaron las sanciones penales y, como se suponía, se han aumentado hasta un punto en el que, inevitablemente, Farruquito ingresará en prisión. Un cambio operado por la suma de veinte meses. Quizá, el efecto principal haya sido el hecho de que, a ojos de una parte de la sociedad, la Justicia en España no es tan mala como la pintan. Al menos, esta vez.

    (*) Gracias a "Somos payos pero honrados" por la corrección.

    Enviado por lcapote a las 02:21 | 10 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: LoRd Fecha: 2006-09-06 02:42

    How long time ago! Buenas a tod@s, !como se nota que va llegando el periodo equinoccial!...

    Para romper un poco la seriedad con la que acaba de escribir este artículo y con su venia, voy a permitirme el postear algo que creo acorde con la algarabía y jolgorio propio de este blog: SUPERFREAK


    http://www.youtube.com/watch?v=Ww_u8L13cac



    2
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2006-09-06 02:46

    Ya me preguntaba yo dónde andaría el amigo Lord, que en breve cumplirá dos años posteando por estos pagos :)



    3
    De: descalza Fecha: 2006-09-06 21:16

    Es que ahora "esta nuestra" suciedad española, se cree versada en derecho, educación, ingenieros. Cuando se metan a médicos...XD



    4
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2006-09-06 22:40

    ¿Qué es eso de "cuando se metan a médicos"? ¿Es que no lo han hecho ya, haciendo que algunos de nuestros progenitores de la patria se metan a regular pseudomedicinas varias?



    5
    De: Juanan Fecha: 2006-09-07 13:02

    Sr. Lechero, haría bien en no incluir artículos como éste en su bitácor, ya que es bien sabido, Ud. poco sabe de este mundillo.



    6
    De: El Señor Lechero Fecha: 2006-09-07 14:51

    Sr. Juanan: Que yo postee de vez en cuando por aquí, no significa que sea el dueño del lugar. Si me saco las gafas, verá que no tengo nada que ver con el irresponsable propietario de este blog.



    7
    De: Juanan Fecha: 2006-09-08 13:03

    Va a ser eso.
    Bueno, disiento de sus teorías sobre Farruquito,



    8
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2006-09-08 22:11

    Control de tierra al comandante Tom



    9
    De: Semos payos, pero honraos Fecha: 2006-09-09 12:05

    Por aquello de la fidelidad a las citas, lo de "la justicia es un cachondeo" fue una perla de Pedro Pacheco, alcalde de Jerez en la época.



    10
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2006-09-09 15:00

    ¡Cierto! Muchas gracias por la corrección. Ahora que lo pienso bien, lo que dijo Ruíz-Mateos es que los jueces no tenían huevecillos.



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