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    Las pseudociencias ¡vaya timo!
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    Inicio > Historias > Entre comillas
    Entre comillas 2006-09-17

    El retorno a la actividad, pasadas las vacaciones, ha traído consigo el regreso de dos ilustres personajes, bastante populares, y a las que, por lo que parece, une una peculiar práctica, que es la de presentar como propios libros en los que su participación no es que se lleve precisamente la parte del león: Ana Rosa Quintana y Lucía Etxebarría.

    Sería injusto compararlas a las dos en el campo literario. Después de todo, la primera se dedica sobre todo a la realización de esos programas que, desde cierto punto de vista (y viva el eufemismo) tendrían la etiqueta de telebasura. Su único escarceo con el mundo literario (si se le puede llamar así) se saldó con un bonito espectáculo. Mientras Planeta DeAgostini retiraba la novela del mercado (como menciona el diario Edmundo de Pedro Jota justo aquí), la (ejem) “autora” de Sabor a hiel, echaba la culpa a uno de sus colaboradores (justo acá o a un error informático por su impericia a la hora de utilizar el procesador de textos (como bien dicen en Barrapunto , qué clase de fallo produce que, por arte de birlibirloque, los párrafos de unas cuantas novelas ajenas salten a la propia, sería digno de verse, y un caso para el Doctor House, si éste se dedicara a la informática, claro). Al final, tierra sobre el asunto, un ridículo de los que hacen época y la convicción de que en este país, donde porque una vez maté a un perro me llamaron “mata-perros”, doña Ana Rosa será para siempre blanco de las bromas (como la que, según cuentan, le gastó no ha mucho el humorista Pablo Carbonell, que interpelado en una entrevista por la buena señora, acerca de lo que suponía para él haber escrito un libro, ni corto ni perezoso contestó: “Uf, Ana Rosa ¡Tú no sabes lo que es eso!”).

    Lucía Extebarría es, en cambio, una escritora de profesión, que desde hace unos cuantos años es éxito de ventas seguro, y que se ha convertido en una de estas opiniones bienpensantes que tienen bula para opinar sobre cualquier cosa. No se trata, consecuentemente, de alguien que haya hecho una incursión momentánea en esto de escribir. Sin embargo, desde hace unos cuantos años, al mismo tiempo que aparece en el mercado su nueva obra de turno, surgen por lo general, en la revista “Interviú” (que, por lo que me cuentan, tiene algo más que una señora maciza en la portada) las acusaciones de plagio, que la autora rebate echando mano del término “intertextualización”. Por tal, se entiende (o eso dicen) el uso de frases e ideas de otras personas como fuente de inspiración. El problema, según los críticos, es que esa inspiración se traduce en copia textual de párrafos y páginas, sin que se utilicen las reveladoras comillas o se utilice eso tan socorrido de la cita o nota a pie de página. Según “Interviú”, hay trazas de todo esto en el ya clásico Amor, curiosidad, Prozac y dudas (de Nación Prozac, de Elizabeth Wurtzel), en Estación de infierno (de la obra del leonés Antonio Colinas) y ahora en Ya no sufro por amor (del artículo Dependencia emocional y violencia doméstica. del psicólogo valenciano Jorge Castelló. En el segundo caso, la escritora denunció una campaña mediática de acoso y derribo y demandó al semanario por un atentado contra el derecho al honor, pero la sentencia concluyó que no había tal, por cuanto se había publicado una información veraz, como era que doña Lucía había plagiado a don Antonio. En el tercer caso, se invierten los papeles y don Jorge ha anunciado la interposición de una demanda por vulneración de los derechos de autor (ilícito civil), al considerar que el intento de rectificación por parte de doña Lucía no ha sido suficiente.

    En estas historias, se mezclan dos conceptos particularmente confusos del Derecho Civil. Por un lado, tenemos el derecho al honor, derecho fundamental inalienable que forma parte del conjunto de derechos de la personalidad que ostentamos desde el nacimiento y aún un poco más allá (antes y después); se entiende como la fama y consideración del individuo, tanto desde la perspectiva interna (cómo me veo yo) como externa (cómo me ven los demás) y que se extiende tanto a la vertiente personal como a la profesional. Es, para entendernos, el concepto de buen nombre. Así, cuando en 2001, Lucía Etxebarría demandó a “Interviú”, lo hacía al entender que su fama profesional quedaba en entredicho, con la afirmación de que su libro del momento no había sido escrito íntegramente por ella, sino que había copiado los trabajos de otra persona. ¿Por qué no obtuvo un resultado favorable a su petición? Porque el derecho al honor, aunque fundamental, no es absoluto (ningún derecho lo es) y sus limites se hallan donde comienzan los derechos de los demás. En este caso, “Interviú” opuso la existencia de un derecho a la libertad de información. Los límites entre estos y otros derechos no están siempre fijos, y hay copiosa jurisprudencia (tanto del Tribunal Supremo, como del Tribunal Constitucional) que da ejemplos que pueden servirnos para marcar la frontera. En este caso, el derecho a la libre información se impuso sobre el derecho al honor, sobre la base de la veracidad de la noticia publicada. No existe atentado al honor, porque el hecho vertido en aquel reportaje era cierto. Tal y como decía la sentencia, Lucía Etxebarría había plagiado a Antonio Colinas.

    En el segundo caso, nos encontramos con la referencia al derecho de autor, que tiene una doble perspectiva. Por un lado, la autoría moral de una obra, que se configura como un derecho de la personalidad de carácter perpetuo. Por otro, la explotación económica de esa obra, que sí está sometida a un período de tiempo, pasado el cual, ésta pasa a ser dominio público y, consecuentemente, de libre reproducción. Este derecho cuenta a su vez con una doble protección. Por un lado de carácter penal, concretada en la existencia de una figura delictiva que tipifica los atentados más graves contra el derecho de propiedad intelectual (y que se halla en el Art. 270 Código Penal); por otro, de carácter civil, como parte de la facultad que todo propietario ostenta para defender su titularidad. En este caso, Jorge Castelló ha ejercitado la segunda defensa, argumentando que el presunto plagio, ataca su derecho de autor desde la perspectiva moral, al poner en cuestión la relación que le une a su obra, por cuanto (siempre según él) en las primeras ediciones del nuevo libro de Etxebarría no se menciona debidamente que determinadas frases y párrafos son suyos. Por ello, pide, ante lo que considera un comportamiento antijurídico y atentatorio contra su derecho, que éste cese (la corrección del libro en sus ediciones posteriores), la publicación de la sentencia, caso de serle favorable, en tres medios de tirada nacional (con lo que se da bombo al reconocimiento de su derecho) y una indemnización por los daños y perjuicios ocasionados (lo que implica la valoración económica del menoscabo ocasionado a su autoría, tema éste que daría para varios artículos).

    Es la primera vez, al menos que yo sepa, que la escritora se halla al otro lado del banquillo. Por de pronto, este tipo de noticias llaman la atención de la opinión pública y sirven para vender más ejemplares. Ande yo caliente y ríase la gente, que decía Quevedo. Aunque no está de más recordar que, no siempre el Juzgado es la salida para este tipo de situaciones. Por lo general, es la alternativa que queda, después de que los arreglos amistosos no hayan sido fructíferos. Probablemente, la retirada por parte de Planeta de Sabor a Hiel, se debiera a un acuerdo privado, con el fin de evitar las potenciales demandas por parte de las autoras “fusiladas” y sus editoriales. Eso, como de costumbre, nunca lo sabremos. Veremos en qué queda el caso que sí está pendiente. Hasta la próxima, porque con esto, me parece que no acabaremos una historia que recuerda que, en lo referente a la propiedad intelectual, no sólo de P2P y cánones vive la justicia española.

    Mientras, para rematar y echar unas risas, una singular visión del tema, de la mano del siempre genial Jaime Rubio.

    Enviado por lcapote a las 21:22 | 0 Comentarios | Enlace


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