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    Las pseudociencias ¡vaya timo!
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    Killing Lincoln: The Shocking Assassination that Changed America Forever
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    Un relato apasionante del final de la guerra de secesión y de los últimos días de la vida de Abraham Lincoln.
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    Inicio > Historias > El Jueves, el Código Penal y otras historias
    El Jueves, el Código Penal y otras historias 2007-07-24

    Poco hay que añadir respecto a lo que han contado todos los medios nacionales y buena parte de los extranjeros: el número 1573 del semanario humorístico El Jueves, ha sido objeto de secuestro, a causa de su portada, en la que el dibujante Guillermo presentaba a una pareja, más que parecida a los Príncipes de Asturias, practicando sexo y haciendo referencia a la medida anunciada por el Presidente Rodríguez Zapatero, de ayudar a la natalidad con dos mil quinientos euros.

    La medida, adoptada por el Magistrado-Juez Juan del Olmo, se enmarca dentro de la apertura de un proceso en el que se plantea a nivel de indicio la posibilidad de autor y publicación hayan incurrido en un delito tipificado en los Arts. 490.3 y 491 del Código Penal, en base a los cuales se castiga el uso de la imagen de los miembros de la Familia Real que pudiere resultar lesiva para la imagen de la Corona, injuriosa o calumniosa. En tal sentido, el ordenamiento jurídico penal opera en dos niveles: uno reactivo (donde, caso de considerarse en el pertinente proceso que, efectivamente, ha existido delito, se aplicará la pena legalmente establecida) y otro preventivo (donde se intenta evitar la continuidad del pretendido daño a través del secuestro de la publicación y el cierre de la página oficial de la revista). Formalmente, poco hay que decir sobre el particular, pero el problema radica en el fondo del asunto.

    En primer lugar, sorprende (y especialmente a las personas responsables de El Jueves) que después de cientos de viñetas, chistes y sátiras varias con / contra la Familia Real (incluyendo el exitoso libro Tocando los Borbones), caiga el peso de la justicia contra un dibujo que, con independencia del buen o mal gusto que tenga y del rechazo o simpatía que pueda causar, disparaba con bala ante una de tantas medidas populacheras que se lanzan desde el poder cuando las elecciones se van acercando. En segundo lugar, se constata que en las distintas reacciones hay opiniones para todos los gustos. Las asociaciones judiciales han dado por buena la actuación; el Fiscal General del Estado se ha posicionado idénticamente, considerando que la viñeta va más allá del derecho a la libertad de expresión y vulnera directamente el derecho al honor de los Príncipes; si vamos al campo académico, las cátedras en Derecho Constitucional no tienen una postura unánime y si vamos al campo político, apaga y vámonos con la música a otra parte: desde quienes han sacado a pasear el debate monarquía-república (de poco sentido aquí, por cuanto en todos los Estados, con independencia de la forma de gobierno, existen leyes penales que castigan cuestiones de esta natura y otras aún más etéreas como atentados contra la bandera, las esencias del país y demás entes abstractos) hasta quienes han aprovechado para arrimar el ascua a su sardina porque, no lo olvidemos, en siete meses tenemos elecciones. Con el paso cambiado ha pillado a más de uno la reacción de la Federación de Humoristas Gráficas de España, que a través de su presidente ha manifestado que, objetivamente, los de El Jueves se habían pasado de la raya. Esta situación se enmarca dentro de otra que, desde el punto de vista jurídico, es bastante compleja: las fronteras entre el derecho al honor y la libertad de expresión. Después de quilos y quilos de papel en forma de sentencia, sigue sin existir un límite definido entre uno y otra, y no son pocas las veces en las que un conflicto sobre la materia ha llegado hasta el Tribunal Constitucional. Está por ver si este proceso llega a alguna parte, pero flaco favor se hace a todos los implicados, colocando el asunto bajo los focos de una opinión pública cada vez más polarizada.

    Ahora bien ¿tiene sentido, en la era de la información, el secuestro de la revista, aún en los términos alegados por la Fiscalía General del Estado? Mucho me temo que no. La medida era de muy difícil ejecución y además, ha tenido un efecto bumerán inusitado: el valor de ese número se ha disparado y el dibujo de la discordia se puede encontrar en numerosas páginas. Además –las comparativas son odiosas, pero inevitables- ha recordado a tiempos más tenebrosos en los que la libertad de expresión no estaba reconocida. Si al objetivo entender del Fiscal de turno hay indicio de delito, su obligación era y es iniciar el procedimiento oportuno, pero ello no justifica una medida peligrosa (por el precedente que sienta), desproporcionada (porque ha generado más alarma social que la propia revista) e inútil.

    Debe llamar a la reflexión el hecho de que esto no ha sido una ventolera judicial, sino la lógica (desde el punto de vista legal) aplicación de una norma que, hoy por hoy, está vigente y es de obligado cumplimiento. No se trata de un privilegio medieval regio, ni de una herencia de la dictadura, sino de dos preceptos incluidos en el Código Penal de 1996, llamado de la democracia, elaborado por un gobierno progresista y aprobado con la bendición de la gran mayoría de las fuerzas parlamentarias. Lo cual nos lleva a la pregunta de origen: ¿por qué ahora? Personalmente, he visto viñetas más sangrantes que ésta en El Jueves, con la Familia Real, con el Gobierno y con la oposición (porque si algo ha definido a la revista ha sido la igualdad y la ecuanimidad con la que han cascado a unos y otros). Pero si echamos una mirada alrededor, se comprueba con temor que no es una situación aislada. En el Reino Unido, una asociación antirracista está penando por la retirada del mercado de la edición inglesa del álbum Tintín en el Congo, al entender que incluye estereotipos negativos acerca de la población nativa. En Canarias, determinados colectivos e instituciones consiguieron que la Televisión Canaria retirara de su parrilla la serie Shin Chan. En lugar de fomentar una lectura contextualizada y contribuir a la formación de un pensamiento crítico, siempre hay quien llama a las armas y pide la eliminación total del “enemigo”. Tal reacción obedece a un sentimiento marcadamente humano que, desgraciadamente, medra en el marco de una época en la que eso de lo políticamente correcto amenaza con convertirse –si es que no lo ha hecho ya- en una suerte de censura inquisitorial de nuestro tiempo.

    Enviado por lcapote a las 00:22 | 4 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Kiüs Fecha: 2007-07-24 17:28

    Lo más fuerte de todo este asunto es que el juez Del Olmo dictó la sentencia sin que la casa real no se pronunciara al respecto...



    2
    De: Kiüs Fecha: 2007-07-24 17:28

    Lo más fuerte de todo este asunto es que el juez Del Olmo dictó la sentencia sin que la casa real no se pronunciara al respecto...



    3
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2007-07-24 19:08

    En realidad, así tenía que ser: este tipo de delitos se persiguen de oficio, no a instancia de parte.



    4
    De: JJ Fecha: 2007-07-25 18:36

    Muy interesante comentario, si señor. Gracias por el análisis.



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