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    Inicio > Historias > Pasando lista a las siete de la mañana
    Pasando lista a las siete de la mañana 2007-08-10

    Llevaba tiempo queriendo comentar una iniciativa televisiva que, en su momento, me pareció interesante, pero a la que el desastre cosechado en índice de audiencias se llevó por delante al poco de su estreno: En serie era una idea de RTVE para recuperar clásicos de la caja tonta y jugar un poco con la nostalgia del personal. Cada viernes, habría una suerte de noche temática –de policías, de detectives, de abogados…- en la que se emitirían dos series que, en su momento, destacaron especialmente y se convirtieron en clásicas o de culto. Por aquello de no dejar a la peña con la miel en los labios, veríamos no uno, sino dos episodios de cada una. La idea, por de pronto, parecía interesante y sospecho que también haría las veces de laboratorio de pruebas, para ver si alguna serie captaba la suficiente atención como para ser emitida por completo. La lista de posibles era bastante larga: Kojak (robaron un camión de chirimoyas), Colombo, Los problemas crecen, Alf, Las Chicas de Oro, Ally McBeal, La Ley de Los Ángeles, Corrupción en Miami, Canción Triste de Hill Street…

    Cuando tocó la noche dedicada a las series de policía, me senté a ver el programa. Después de todo, tenía un cariño bastante especial por las dos series que iban a poner:

    Corrupción en Miami



    Canción Triste de Hill Street



    Como ven, dos vacas sagradas de la televisión ochentera. La primera, marcó un hito no sólo en lo que a series se refiere, sino también en algo como la moda: los trajes italianos y los zapatos sin calcetines que lucía Don Johnson, fueron imitados a lo largo y ancho del mundo, aunque, como todo lo que está demasiado anclado a una época, sufre más malamente el paso del tiempo. La ciudad de Miami era el escenario donde los detectives Crockett y Tubbs luchaban contra el tráfico de estupefacientes, bajo las órdenes del Teniente Manuel Castillo (un genial Edward James Olmos). Otro de los puntos fuertes era su impresionante banda sonora, pródiga en “momentos vídeoclip” donde participaron grandes artistas y músicos de la época y el hecho de que, en su temática, la serie dejara traslucir la idea de que, pese a sus éxitos puntuales, el departamento de antivicio de la ciudad estadounidense libra una batalla perdida. Michael Mann, responsable de la serie, recuperaría el concepto para una reciente película que, desgraciadamente, no llega al original ni a la suela del zapato. Resulta curioso comprobar cómo algunos elementos de Corrupción en Miami han pasado alo que podríamos llamar su versión moderna, CSI: Miami, pero eso queda para ser comentado en otra ocasión.

    Por su parte, Canción triste de Hill Street es, directamente, una serie para quitarse la gorra. Referente indiscutible de las series de policías, su responsable no es otro que Steven Bochco, rey midas de la tele ochentena, y célebre por haber hecho otro clásico imprescindible, en esta ocasión en el campo de las series de abogados, La Ley de Los Ángeles, (amén de algún que otro pufo, como aquella mezcla entre Hill Street y musical chungo que fue Cop Rock, pero ésa también es otra historia). Un reparto coral, del que la gente suele recordar al honesto Capitán Furillo, al loco del policía de incógnito Mick Belker, a la pareja de patrulleros Hill y Renko y, sobre todo, una frase que se quedó con toda una generación: tengan cuidado ahí fuera. En una ciudad innominada de los Estados Unidos (podría ser Nueva York, podría ser Chicago, podría ser Albacete), cada episodio era un día en la vida de una comisaría de distrito, en la que su capitán tenía que lidiar con los problemas del barrio y con los politiqueos de un jefe de policía más preocupado por su imagen y su futuro político que por hacer un buen trabajo. Momentos dramáticos, situaciones cómicas y aventuras un tanto chuscas, configuran una serie que, todavía hoy, puede verse y disfrutarse. Imitada hasta la saciedad, el propio Bochco repetiría esquema en Policías de Nueva York; escritores como Frank Miller, reconocen la influencia de la misma en su trabajo. En resumidas cuentas, un clásico en su género que todavía está por ser superado.

    Visto lo visto, me las prometía muy felices, pero claro, no contaba yo con la astucia de los programadores de RTVE, y el resultado acabó siendo un tanto desastroso. Para empezar, la introducción a cada serie era bastante pobre, con un par de datos sueltos y anécdotas familiares a cargo de la presentadora de turno (aunque claro, se trataba de hacer un producto rentable con dos pesetas). Para seguir, los episodios escogidos lo fueron al alimón, sin ningún criterio, cuando quizá la lógica hubiera indicado poner los dos primeros o alguno particularmente laureado o recordado. Y para rematar y mosquear al personal, la cantidad y extensión de las pausas publicitarias fue exagerada. Cuando empezó, juraría que aún podía verse la luz del día en la ventana. A la una y pico (hora insular) ya estaba roncando en el sofá y el segundo episodio de Hill Street aún no había terminado. Con todos estos mimbres, no es extraño que, en plan de cachondeo, alguien dijera que la audiencia había dado un notable a la iniciativa del ente público: un 7,6%.

    ¿Era una mala idea? Más bien no. La nostalgia se cotiza, como dicen por ahí. Pero con la competencia que hay en la pequeña pantalla, no se puede hacer tal chapuza, sobre todo porque casi todas las series seleccionadas están siendo editadas en DVD y, evidentemente, el personal no está por la labor de aguantar una emisión mediocre, cuando puede tener una a su gusto. Así pues, me temo que mi amiga Raquel tendrá que esperar a otro momento para volver a ver algo de Doctor en Alaska, que era otra de las series futuribles, según deseos de la audiencia. Si se replantean la reemisión del espacio éste, yo propongo, por mi parte, un especial lloronas, con dos episodios de La Casa de la Pradera y dos de Autopista hacia el cielo. ¡Michael Landon al poder!

    Enviado por lcapote a las 14:43 | 5 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Asmodeo de Sinan Fecha: 2007-08-10 15:01

    No es por nada pero en el canal 8tv de la TDT dieron anoche Doctor en Alaska (no lo pude ver entero pero creo que era de los primeros episodios) y al menos no lo maltrataron como los de TVE.Y en la Cuatro estan recuperando muchas de estas series de antaño en horarios mas normalitos.Por lo que la chapuza parece venir de la tele pública una vez más dirigida por perfectos ineptos chupópteros.Menos mal que con el Yendit si te pierdes algun capitulo es posible visionarlo y descargarselo que si uno ha de estar aguntando interminables sesiones de publicidad...



    2
    De: Asmodeo de Sinan Fecha: 2007-08-10 15:02

    Quise decir aguantando no aguntando XP



    3
    De: Dalreth Fecha: 2007-08-11 01:11

    ¿Cual es el canal 8tv de la TDT? En mi pueblo no se ve, creo que seguiré descargándomelo y quizá algún año de estos encuentre un hueco en mi agenda para verlos. La mejor serie del mundo mundial sin duda, mejor incluso que La casa de la pradera :-)



    4
    De: Asmodeo de Sinan Fecha: 2007-08-11 02:23

    Es un canal autonómico catalán de la TDT que da programación en castellano y catalán.Pensaba que con eso de la TDT llegaría a toda España,tks lástima.Más información aquí:
    http://es.wikipedia.org/wiki/8tv



    5
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2007-08-11 03:27

    No estoy muy puesto en el tema, pero me parece que en la tdt hay canales nacionales, regionales y locales. Si algún visitante de la bitácora pueda aclararlo, será correspondientemente agradecido.



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