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    Inicio > Historias > Otra paranoia constitucional
    Otra paranoia constitucional 2007-09-09

    Contra lo que es habitual, visito las páginas de opinión de El Día, para ver si hay alguna nueva entrega del proyecto de ordenamiento jurídico esbozado por el señor Cubillo, en el que siga desarrollando su concepto de Estado de Derecho. No veo su firma y no me paro a buscar a fondo, pero salto a Canarias 7, donde, fieles a su tradición, radiografían al otro diario y sacan la noticia de que el periódico tinerfeño se desmarca de los planteamientos de Don Antonio, pero como de costumbre, culpando a otros por lo que, consideran, es una presunta confusión: El Día no secunda editorialmente la antología del disparate publicada en sus páginas, pero sí manifiesta querencia por los ideales planteados en la misma. Al final, casi va a parecer que el proyecto constitucional bananero apareció en páginas impresas y en la Red por arte de magia. O eso, o la culpa la tuvo, como de todo, la pobre Yoko Ono.

    Mucho me temo que el diario ha ido demasiado lejos en su periplo por el delirio y ante la rechifla generalizada y el rechazo mayoritario que ha generado su nueva línea editorial, han decidido corregir la misma, aunque sin abandonarla. Por hacer un resumen corto: hay que salvar Canarias de los malvados españoles y, más específicamente, de sus aliados los canariones. En realidad, no es más que un paso más en la evolución, perdón, involución de su forma de alimentar el pleito insular. Como tinerfeño, como canario y, simplemente, como persona, me preocupa que haya gente que pueda creerse la diaria sarta de acusaciones desgranadas en este periódico y, consecuentemente, que en otros sitios se pueda creer que toda la gente de Tenerife es así. El personal tiene bastantes tragaderas, pero supongo que la aparición de Cubillo, un nombre al que la mayor parte del independentismo canario ha dejado de lado (refiriéndose a él con más, menos o ningún respeto, pero considerándolo en general como alguien cuyos postulados están muy superados) y que sigue luciendo orgulloso su condición de aliado de un grupo terrorista, ha sido demasiado. Quienes visitan esta bitácora saben la opinión que me merecen los nacionalismos y, en especial, los de corte más radical, pero no puedo evitar sentir cierta lástima por los militantes que intentan defender sus postulados sin recurrir al insulto (que los hay), porque con aliados como éstos, no necesitan enemigos.

    No sé si veremos más entregas del proyecto constitucional cubillista, pero sí es seguro que aparecerán otros modelos. Por de pronto, veo en Canarias Bruta que alguien más se pone a la tarea de exponer su proyecto para una Canarias independiente. A instancias del vago del Señor Lechero le echo una miradita, ya que manifiesta diferir de lo expuesto por don Antonio. Veamos alguna cosilla:

    He sido un acérrimo enemigo de las malas copias europeístas, estando por las propias creaciones canarias, ya que para algo Dios nos ha dado un cerebro, para pensar y crear cosas mejores que las que tenemos y existen en la actualidad, ya que las mismas van en detrimento de la sociedad. (…) En primer lugar, sin animo de ofender a nadie, la Constitución Francesa al igual que la española y norteamericana, me las pasos por el Arco del Triunfo, dado que como canario nada tengo que ver ni agradecer a dicha constitución, sino todo lo contrario.

    Por de pronto, se anuncia un modelo que será completamente “autóctono” y suponemos que basado en los textos constitucionales aborígenes. Cierto es que tenemos un cerebro (aunque algunos no sepan ejercitarlo) pero otra cosa que también tenemos es la capacidad para aprender la experiencia, y aunque el redactor del asunto no crea deber nada a los textos constitucionales de los Estados democráticos, los éxitos y fracasos de los mismos siempre han sido una lección bastante reveladora para intentar repetir los primeros y evitar los segundos. Pensar que las leyes, y sobre todo las constituciones, son creaciones eminentemente nacionales en cuanto a forma y contenidos, es un disparate. Si tomamos como ejemplo la Constitución de 1978, veremos que hay elementos tomados de la Constitución Italiana (como por ejemplo, elementos de la organización territorial del Estado, que a su vez provienen de la Constitución Española de 1931), de la Ley Fundamental de Bonn Alemana, de la Constitución de los Estados Unidos (con aspectos como la existencia del control de la constitucionalidad o la presencia de un debate sobre el estado de la nación), de las constituciones escandinavas (en la organización de la Corona). Me disculpen ustedes si he metido la pata en alguna referencia, pero me tocó estudiar estos temas en Primero de Derecho y a veces la memoria juega malas pasadas.

    Pero suponiendo que, históricamente, los referentes culturales a los que invoca este buen caballero contuvieran algo que se aproximara a una constitución ¿podría crearse un ordenamiento jurídico completamente original y desvinculado de cualquier referencia externa? ¿En un mundo como éste en el que vivimos? Este tipo de argumentos me recuerdan al debate en torno al concepto de derechos humanos (el cual está inextricablemente unido al de Estado de Derecho, entendiéndose por tal una organización con unos mínimos de democracia): también hay quien los rechaza porque los considera creaciones “occidentales”, no aplicables fuera de ese ámbito espacial y social. En muchos casos, no son más que vulgares excusas para intentar justificar la discriminación por razón de sexo u origen. Lo preocupante es que, argumentando que cosas como ésta o como la experiencia constitucional de dos siglos largos sean algo “ajeno”, se intente justificar la presencia (como es el caso) de construcciones de equidad más que dudosa, cuando no entidades directamente autoritarias.

    Otro elemento común a estos dos proyectos (y a todos los de similar pelaje) es la referencia constante al pueblo canario y el deseo de querer lo mejor para el mismo… para luego no dar una definición concreta de quiénes forman parte del mentado colectivo. Dejando aparte el discurso salvapatrias, ya podrían decir quiénes ostentarán la soberanía en ese hipotético futuro, aunque ya fuera definir al pueblo como la apertura de una ventana en la mañana y respirar. Si rascamos un poco, al igual que pasara como en el caso del proyecto cubillista, las referencias preocupan. Y asustan:

    Creo que el símbolo mas apropiado es un DRAGO, que representa la fortaleza milenaria, sus profundas raíces y sangre, al igual que las que llevamos todos los descendientes con sangre guanche.

    Para ser populares y pretender abolir los títulos de nobleza, existe cierta querencia por jugar a la heráldica en estos casos, diseñando banderas, escudos, himnos y lo que se tercie. Pero ya entramos en la referencia a la sangre, la raza y los gloriosos orígenes de un pasado ideal. Porque si sólo van a ser ciudadanos los “descendientes de sangre guanche”, ya entran en juego otras consideraciones: ¿cuánta sangre? ¿cuántos antepasados aborígenes? ¿habrá categorías para ciudadanos más o menos “puros”? Es revelador que este proyecto, que se presenta como corrector del cubillista, no diga ni mú acerca de la condición que los no-canarios tendrían, como incapaces de tener una empresa propia o dirigir una asociación de amigos del boliche, con lo que se deduce que le parece bien esa especie de “apartheid” que quieren montar con la boca chica. Como bien dicen Teresa y Enrique Joven, de esto a la estrella amarilla sólo hay un par de pasos, y de ahí al campo de concentración, otros dos. Pero aunque no se llegara a estos extremos, se crearía un abismo insalvable entre los ciudadanos con plenos derechos y aquéllos sometidos a la potestad graciosa del mandamás de turno. Se ignora el hecho básico de que, a determinados niveles, hay derechos que son comunes a todos, con independencia del origen, la ciudadanía o la nacionalidad.

    En resumidas cuentas, me pregunto qué pensarán algunas cabezas cuando pergeñan estos proyectos de distopía. Y si realmente se creerán lo que plantean. Y, sobre todo, por qué se mosquean tanto cuando se les califica de racistas y xenófobos. O por qué intentan vender la moto de que son proyectos de izquierdas, cuando luego no salen de los cuatro tópicos clásicos del nacionalismo decimonónico. Con cosas como ésta, vuelven a dejar patente aquello que decía mi amigo Sascha: que los únicos nacionalistas “de izquierda” son los nacional-socialistas.

    Enviado por lcapote a las 22:43 | 0 Comentarios | Enlace


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