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    Inicio > Historias > Paranoias constitucionales 2.I: División (multiplicación, suma y resta) de poderes
    Paranoias constitucionales 2.I: División (multiplicación, suma y resta) de poderes 2007-09-16

    Un domingo más, Antonio Cubillo ha hecho uso de la columna cedida amablemente por cierto panfleto, para seguir deleitando a la afición con nuevas entregas de su proyecto constitucional para poder ser califa en lugar del califa e instaurar su dominio en estas ínsulas baratarias, para convertirlas en ínsulas bananeras. Por curiosidad, le he echado una miradita, para ver cómo se desarrollaba el asunto, y me he encontrado con nuevas perlas, como no podía ser de otra forma:

    Art. 16).- Derecho aplicable en la República Federal. El derecho federal prevalecerá sobre el derecho de los gobiernos insulares de la República. Los gobiernos insulares podrán dictar sus propias leyes que hayan sido ratificadas por referéndum. En un referéndum decide la mayoría de los emitidos por los ciudadanos si al menos incluye la cuarta parte de quienes tienen derecho a voto en las elecciones a la Asamblea Nacional Legislativa. La ley sobre los referéndums se hará por una ley federal.

    Si seguimos hasta el Art. 17, hay una serie de competencias que, exclusiva y excluyentemente, pertenecen al gobierno federal, lo cual hace que uno se pregunte qué clase de federalismo es éste, donde en lugar de una distribución de competencias, lo que hay es un centralismo mal disimulado, porque existiendo dos normas que regulan una misma materia, y siendo una insular y otra federal, ésta se impondría siempre, en virtud de ese principio de prevalencia general. Ojo, que en principio, esa posibilidad no es, sobre el papel, negativa y a veces, hay quien me ha comentado que, viendo la cantidad de papel inútil que se está generando entre el poder estatal y el de las comunidades autónomas, añora el centralismo propio de países como Francia. Sin embargo, si se opta por tal opción ¿a qué engañar a la peña con la etiqueta “federal”? Es curioso cómo, para ganarse determinadas simpatías, se usan según qué palabras, sin tener a veces auténtica idea de lo que significan. Así, no son pocos los dirigentes políticos que abogan por que España sea un estado federal al estilo alemán, ignorando que en muchos aspectos, nuestras comunidades autónomas cuentan con más competencias que los lander germanos.

    Otra cosa que llama la atención, es la necesidad de que las leyes insulares (¿las federales no?) sean ratificadas a través de referéndum. Tal y como está redactado el precepto, parece que primero va la consulta y luego la ley. El ordenamiento jurídico español recoge la posibilidad de un plebiscito no vinculante, y ejemplos del mismo los tenemos en el caso de la entrada en la OTAN o la Constitución Europea. Además, en determinados casos se plantea que la consulta sí sea vinculante y ratificadora de determinadas reformas (como por ejemplo, el cambio de la forma de gobierno). Es de suponer que, en el proyecto cubillano, someter a referéndum todas las leyes sea visto como un avance democrático, cuando en realidad, lo que supondría sería colocar a los gobiernos insulares en un atasco, sin mencionar los costes que supondría que cada dos por tres tuviéramos que ir (me incluyo, para el caso hipotético de que el sanedrín de pureza racial de turno considerara que puedo ser considerado ciudadano de primera) a votar. Que las normas federales, que son las realmente importantes, porque se sitúan por encima de las insulares, no estén sometidas a este control, escama bastante y se sitúa en esa línea de que el poder central (sobre todo el presidencial) se sitúa un poco por encima del resto de los mortales.

    Art. 18).- Votación de las leyes federales. Las leyes federales y sus reglamentos serán discutidos y votados por la Asamblea Nacional Legislativa, teniendo en cuenta ante todo que no afecten a los derechos constitucionales de los ciudadanos en el ejercicio de las libertades y derechos establecidos por la Constitución.

    No sé si por un deseo de ser original o por no saber cómo funciona la división de poderes, el redactor de este engendro ha colocado la elaboración de las normas reglamentarias bajo control del poder legislativo, cuando en realidad correspondería, en el sistema habitual, al ejecutivo. Los reglamentos son normas que desarrollan otras de rango superior –las leyes- y que, consecuentemente, están supeditadas a ésta. Así, un reglamento no puede contradecir el contenido de una norma superior (Ley o Constitución), ni meterse a regular materias en las que no existe una ley previa. El Gobierno crea los reglamentos a partir de las leyes que elabora el Parlamento. Los motivos vienen derivados de la práctica y de la experiencia histórica. Los primeros estados liberales partían de la idea de la primacía del poder legislativo, en tanto que representante de la nación, por lo que las normas jurídicas sólo podían provenir del mismo, quedando los dos poderes supeditados a aquél. El poder ejecutivo (el gobierno, presidido por el monarca) ejecutaba las leyes, pero no las creaba. El poder judicial aplicaba las leyes, siendo la boca que pronunciaba las palabras de aquéllas. Sin embargo, el juego parlamentario demostró que al legislativo le faltaba la capacidad de reacción necesaria para hacer frente a determinados problemas que, por acuciantes, no podían esperar el tiempo de un debate en las cortes. A partir de ahí, el ejecutivo empezó a recibir algunas potestades normativas, pero siempre a remolque del legislativo. Por un lado, tenemos los reglamentos ya mentados y por otro, la llamada legislación de urgencia (Decretos-Leyes y Decretos legislativos) que están sometidos al control posterior del legislativo. Así pues, el legislativo “federal” tendría a su cargo la elaboración de todas las normas jurídicas de rango legal y reglamentario, con lo que sus señorías tendrían que currar a marchas forzadas para sacar las normas básicas, ya que, como amenazaba en la entrada anterior, en tres meses tendríamos que tener códigos civil, penal y administrativo propios. El resultado práctico, mucho me temo que sería una asamblea legislativa casi inoperante, lo que reforzaría la posición del ejecutivo, en la línea de lo que se vio en el primer fascículo, donde el Jefe del Estado ostentaría amplísimos poderes.

    Enviado por lcapote a las 20:16 | 1 Comentarios | Enlace


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    De: hydnc Fecha: 2009-07-01 20:53

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