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    Buenas noches y saludos cordiales: José María García. Historia de un periodista irrepetible.
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    Un libro que repasa la historia de la radio española entre 1972 y 2002, a través de la figura de un periodista tan polémica como irrepetible. Imprescindible para materias como derechos de la personalidad o historia de la radio.
    Las pseudociencias ¡vaya timo!
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    Recopilación de escritos en torno a los conceptos de ciencia, pseudociencias y sus debates derivados. Altamente recomendable aunque bastante denso en algunos pasajes.
    Killing Lincoln: The Shocking Assassination that Changed America Forever
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    Un relato apasionante del final de la guerra de secesión y de los últimos días de la vida de Abraham Lincoln.
    Betrayal: The Crisis in the Catholic Church
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    El 18 Brumario de Luis Bonaparte
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    Inicio > Historias > ¿Se va el caimán?
    ¿Se va el caimán? 2008-02-23

    De sorpresa ha pillado a casi todo el mundo el anuncio de Fidel Castro de no aceptar la reelección como Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe. Ya es raro que un dictador acceda a retirarse de un poder que ha ejercido sin traba alguna durante casi medio siglo, salvo que la parca o una insurrección, golpe de estado o similar le hagan salir, pero, a la vista de las circunstancias, cabe preguntarse si realmente se irá el Comandante, o si simplemente se retirará a las sombras, desde las que seguir mangoneando a su antojo. El hecho de que los tiros sucesorios apunten hacia su hermano, el General Raúl Castro, indican más bien lo segundo. Las reacciones de la disidencia (exterior e interior) han estado marcadas por la cautela. ¿Un lavado de cara del régimen? ¿Un intento de controlar lo que sería un castrismo sin Castro, ahora que éste todavía está mentalmente firme? Es probable. La experiencia de su colega y casi-paisano Francisco Franco, indica que retrasar demasiado ese problema acaba redundando negativamente en las intenciones del mandamás, ya que la conciencia de su mortalidad se impone cuando las facultades ya están mermadas y la capacidad de reacción es menor.

    Por otra parte, en otras autocracias existe la experiencia de una retirada formal que camufla el mantenimiento de un poder que, en ocasiones, es incluso superior al ejercido previamente. El antiguo líder político se convierte en un líder moral (¿un “soldado de las ideas”?) situado extramuros del aparato político y gubernativo, controlando pero sin ser controlado. China tiene dos buenos ejemplos en su historia reciente: Mao Zedong y Deng Xiaoping.

    El gran timonel, que había logrado instaurar un régimen socialista en el gigante asiático, fue relegado a una posición más simbólica, a consecuencia del desastre del “gran salto adelante” y del deterioro de las relaciones con la URSS. Conservó la presidencia del PCCh, mientras su sucesor, Liu Shaoqi, tomaba un camino de corte más reformista. Siete años después, Mao lanzaba la revolución cultural y dirigía a una masa adicta contra los líderes del partido, a los que acusaba de abandonar la ortodoxia revolucionaria. Aquí, la renuncia inicial no fue del todo voluntaria, pero el mantenimiento del poder real quedó patente cuando, durante los años finales de su vida, logró establecer una fuerza paralela a la organización estatal, que sólo pudo ser desarticulada tras su muerte.

    Deng Xiaoping, que curiosamente, era partidario de línea de Liu Shaoqi, repitió la jugada cuando, habiendo derrotado políticamente a los sucesores de Mao, decidió abandonar el poder en 1989 y conservar un cargo de carácter deportivo (vinculado al ping pong). Sin embargo, hasta su muerte, en 1997, no dudó en emplear su carisma para bendecir, apoyar y franquear el paso a las medidas económicas que, en la práctica, han metido a China en el camino del capitalismo salvaje.

    Podrían ponerse también, ejemplos del otro bando, como el del régimen somozista de Nicaragua, que durante décadas permitió una ficción electoral mientras controlaban con puño de hierro el país, pero visto lo visto, sólo puede afirmarse que Fidel Castro ha anunciado su renuncia al cargo, pero que abandone definitivamente el poder es algo que sólo el tiempo dirá… aunque yo, personalmente, soy bastante escéptico. Prefiero quedarme en lo de “habrá que verlo” y desear que, al igual que aquí hace treinta años, Cuba pueda avanzar hacia un régimen democrático que, con sus miserias, sus grandezas y sus imperfecciones, siempre es más deseable que la mejor de las dictaduras.

    Las reacciones de la opinión pública han sido las de siempre: la esperanza de que las cosas mejoren para el pueblo cubano y, dependiendo de la proximidad o lejanía con que se mire al dictador, un palo dialéctico o un sutil silencio sobre el particular. Pero todos parecen dejar patente la idea de que el régimen castrista es autocrático… salvo don Gaspar Llamazares, que interpelado sobre el asunto, dijo también lo de siempre: El coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, tildó de "esperada" la noticia y consideró que se trata de una decisión "tomada por los cubanos de manera soberana".

    Hace algunos meses, en la bitácora de la mamá de Xiana discutíamos sobre si maese Llamazares decía más o menos tonterías que el resto de los políticos patrios. Yo apuntaba, principalmente, las relacionadas con Cuba que, puede que no fueran muchas, pero sí eran particularmente gordas. Soy incapaz de comprender cómo el líder de una coalición que defiende –o dice defender- las libertades individuales y mayores cuotas de democracia, amén de una forma de gobierno republicana, se deshace en loas hacia un régimen donde las primeras brillan por su ausencia, donde las instituciones tienen poco de democráticas y donde se asiste a una sucesión fraternal por derecho de sangre. Algún día tendría que explicar don Gaspar por qué lo que es malo para los españoles es bueno para los cubanos.

    Al hilo de lo anterior, encontré rebuscando en la biblioteca familiar un libro bastante interesante, titulado Cien españoles y Franco, que recoge un centenar de testimonios de todo tipo de profesionales, artistas, políticos, etcétera en torno a la figura de un dictador que, cuando la obra fue editada, llevaba pocos años muerto. Uno de los primeros que aparece es el escritor Fernando Arrabal, luego célebre por cierto programa televisivo, pero que dice lo siguiente, respondiendo a la pregunta Invita a la reflexión que Franco se mantuviera en el poder durante casi cuatro décadas. ¿A qué atribuiría que tan larga permanencia fuera posible?

    Los dictadores de este siglo, con sus mecanismos “modernos” de represión y corrupción se han mantenido largo tiempo en el poder: Salazar 44 años, Trujillo 31, Somoza 39, etc. Récords que muy bien podrían batir Castro o Brézhnev. La Boëtie estudió, en su día, el fenómeno de la “servidumbre voluntaria” que estos regímenes exacerban hasta convertirla en virtud nacional. El hecho de que algunos de nuestros compatriotas sigan respetando a la Rusia comunista, por ejemplo, indica que el sistema anterior les ha dejado algunas querencias.

    A lo mejor, quizá, esa defensa –o justificación- del régimen castrista tiene esta explicación.

    Enviado por lcapote a las 14:00 | 0 Comentarios | Enlace


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