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    Inicio > Historias > Cine del güeno: Hoy presentamos "10.000" o cuando StarGate se topó con Gunan el Guerrero
    Cine del güeno: Hoy presentamos "10.000" o cuando StarGate se topó con Gunan el Guerrero 2008-04-09

    Recupero una vez más otra de las secciones más o menos clásicas de la bitácora, comentando la última película que vi en el cine, en compañía de mi amiga la bruja Xay (escritora a la que harían bien en seguir la pista si les gustan la fantasía heroica, la espada y la magia, etcétera): 10.000 AC es el último trabajito con el que Roland Emmerich deleita o fustiga a la afición, y que me transmitió el sabor de otras cintas de aventuras. Porque esta cavernicolada del buen señor no es otra cosa que una mezcla entre StarGate (película bastante flojita perpetrada por Maese Emmerich en 1994, y que dio lugar a una divertida serie de televisión) y las películas de bárbaros italianas, entre las que cabría destacar filmes de la envergadura de Ator el Poderoso o Gunan el Guerrero.

    Para quien no haya visto –y tenga intención de ver- el pinículo en cuestión, le recomiendo que pase olímpicamente de esta entrada a partir de ya. Si queda alguien, le cuento: la cosa va de una comunidad de cavernícolas que habita en lo alto de unas montañas donde los inviernos son bastante chungos y que vive, única y exclusivamente, de la caza del mamut. Para vivir en los albores de la prehistoria y no tener ni papa acerca de los conceptos de alimentación equilibrada, los trogloditas lucen una bonita dentadura, compuesta por todas sus piezas y de una blancura cuando menos sospechosa. Especial mención merecen, cuando se quedan con el taparrabos de verano, esos cuerpos carentes de pelambres y las lentillas azules que se gasta la protagonista. Picapiedras de diseño, como los bárbaros de las pelis de Prosperi y Margueritti.

    En la mejor tradición de las pelis de bárbaros (las buenas, uséase, los Cónanes y las otras, uséase, el resto) la vieja de la tribu vaticina épocas muy jodidas para el grupo, pero profetiza, con unos augurios de todo a un euro, que surgirá un gran guerrero que les llevará a la abundancia. Antes que Scarlett O´Hara, ya hubo una cavernícola que juró que jamás volvería a pasar hambre. Y llega la hora más oscura, en la forma de unos mercaderes de esclavos que, como en cualquier peli de bárbaros que se precie, entran a la carga en el poblado (lo que ya son ganas, porque está en lo alto de la montaña, como la cabaña del abuelo de Heidi, y para más coña es lo más crudo del invierno, porque está todo nevado). Sus pintas no engañan: estamos ante los malos. Más feos que Picio, narigudo el jefe; calvo, tuerto, barbudo y con cara de mala leche su segundo… verlos es evocar mil y una pelis de serie b y hasta z, porque entre su aspecto y que acaban de cargarse o capturar a medio poblado, no queda la menor duda de lo que va a pasar: se masca la venganza.

    Ni corto ni perezoso, el prota decide, con tres voluntarios más, partir en pos de sus amigos (y novieta) esclavizados. Que los otros vayan a caballo y ellos a pie, no es inconveniente. Después de todo, queda clarísimo que el prota es el guerrero predestinado, no sólo porque durante toda la película demuestre tener una potra del copón (o una flor en el culo, según mi amiga), sino porque para eso es el prota, leñes. Si al principio de la historia se carga a un mamut de la forma más tontorrona que podría ocurrir, por el camino descubre las artes de la diplomacia, del amansamiento de fieras y hasta de geografía y astronomía. Así, sin despeinarse más de lo que está. Porque para eso es el elegido. Como Ator, Gunan, Krótar, Yor, Tunka y tantos y tantos otros greñudos de la espada y la brujerida.

    En un auténtico potaje geográfico, el prota y sus amigos van de la montaña nevada a la selva más profunda (donde vemos, en un sentido homenaje a Parque Jurásico, el ataque de un montón de pollos gigantes y cabreados); de ahí a la sabana semiseca y después al desierto, para acabar ¡chan-tatachán! en el Egipto de los tiempos de las pirámides. Emmerich y sus guionistas no han visto un globo terráqueo en la vida, ni mucho menos un mapamundi. Y es aquí donde los bárbaros dejan paso a StarGate.

    Si alguien se acuerdo, StarGate era una película en la que una expedición terrestre daba con sus huesos en un planeta habitado también por humanos y sometido al dominio de unos extraterrestres que habían adoptado la imagen del panteón egipcio. El medio de transporte era un gigantesco anillo metálico que, casualmente, estaba datado con una antigüedad de unos diez mil años (milenio arriba, milenio abajo) y que los antiguos egipcios habían enterrado después de una rebelión en la que le habían dado la patada a los mentados falsos dioses (lo que demuestra que, por mucho pisto divino que se dieran, eran bastante petardos). Teniendo en la mente este argumento, toda la parte final de 10.000 queda como una precuela apócrifa de esta peli, de la que dicen las malas lenguas que don Roland quiere hacer dos continuaciones, contando con el reparto de la original. Esperemos que se dé prisita, porque como siga esperando por Kurt Russell y James Spader, la continuación bien podría llamarse “StarGate 2: La Puerta del Asilo”.

    Lo que el prota y sus compinches (muy numerosos, porque ha reclutado un ejército de damnificados por los ataques de los malos) encuentran, es una civilización ya netamente histórica, pero donde nuevamente se reparten a diestro y siniestro patadas a la Historia. Este “Egipto” tiene muchos elementos derivados de las culturas de la América precolombina, y hasta las pirámides tienen algún toque proveniente de esos pagos. La explicación es que esa ciudad fue fundada por tres “dioses” (ejem) que vinieron, dicen unos que cuando su mundo se hundió en el gran azul (ejem, ejem) y opinan otros que de más allá de las estrellas (tirurarún tarún tarún). Sólo queda uno, con una pinta de malo de StarGate que tira de espaldas (figura, voz, mala gaita) y que también está obsesionado con una profecía que acaba cumpliéndose -¡cómo no!- de la forma más patatera posible. Como muestra del carácter avanzadísimo del chiringuito, vemos que disponen de telescopios, sextantes y una cartografía que parece sacada de los atlas de los siglos diecisiete y dieciocho. Nada de esto servirá para que un puñado de cavernícolas armados con cachiporras y lanzas de hueso, acaben armando la marimorena y convirtiendo la ciudad en un solar.

    Como en StarGate, todo termina en una monumental tarascada, donde malos reciben hasta en el carné de identidad y el prota tiene ocasión de enfrentarse al super-malo. Hasta en el destino del prota y su novieta decide Emmerich autoplagiarse. Visto lo visto, creo que seguiré disfrutando de la serie televisiva SG1. Por lo menos alli saben tomarse a sí mismos un poco a cachondeo. Eso sí, recomiendo esta peli para todos aquellos que disfrutaron viendo películas chorras de corte aventurero, bien repletitas de patadas a la Ciencia y con una ficción de cartón-piedra.

    Enviado por lcapote a las 01:34 | 3 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Diego (MrDeejay) Fecha: 2008-04-09 05:41

    Solo Faltaba que apareciesen Jaffas y todo, entonces apaga y vamonos. XD



    2
    De: andres mauricio Fecha: 2008-05-31 22:05

    nosaben nada



    3
    De: Anónimo Fecha: 2008-06-01 03:08

    Saben escribir, al menos, Andrés Tonticio.



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