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    Inicio > Historias > Vencer y convencer
    Vencer y convencer 2008-04-24

    Esta semana ha empezado movida en la Universidad de La Laguna. La propuesta de modificación del calendario académico llegó al Consejo de Gobierno el pasado martes y, para protestar por el mismo, un grupo de estudiantes se concentró en la Facultad de Derecho. De fondo, la convergencia con Europa (Bolonia, como se la conoce popularmente, merced a la declaración que en esa ciudad sentó las bases de lo que es el Espacio Europeo de Educación Superior) y las convocatorias de exámenes.

    A grandes rasgos, el calendario supone un adelanto del inicio de las clases (al 19 de septiembre) y una reorganización de las convocatorias de exámenes, que en la Universidad de La Laguna se encuentran en los meses de febrero, junio-julio, septiembre y diciembre. Así, diciembre se mantendría donde está, en tanto que las dos convocatorias anteriores se adelantarían: la de junio-julio hacia mayo-junio y la de septiembre a julio. La explicación a esto último combina las consecuencias del adelanto del comienzo del año académico con razonamientos de corte pedagógico que plantean que habría mejores resultados en el nivel de aprobados si se acercaran ambas convocatorias (léase esto último con todas las salvedades que conlleva un planteamiento teórico del que, al menos yo, no tengo constancia de su testeo práctico).

    En 2010, calendarios como el anterior serán los que operen en las universidades europeas, pero de momento, es la ULL la que se decide a dar un primer paso que no acaba de convencer del todo a una parte de la comunidad universitaria. Por un lado, están quienes plantean que sería mejor esperar al momento en el que todos los calendarios estén armonizados, ya que este adelanto plantea una serie de situaciones peculiares, como pueden ser el solapamiento con la PAU (que es el 18 de septiembre, cuando el curso empezaría al día siguiente) o con las universidades de verano (que se llevan a cabo en julio y se nutren sobre todo de estudiantes que buscan los CLE). Por otro, los que sospechan que detrás de esto hay una reforma encubierta del régimen de convocatorias que se halla establecido en los Estatutos y que consecuentemente, requiere de la aprobación del Claustro. Y de fondo, la incertidumbre que provoca una convergencia europea de la que llevamos años hablando pero de la que nadie termina de saber con exactitud en qué consiste. En este escenario, el pasado martes las cosas se salieron un poco de madre.

    El Consejo de Gobierno se celebraba a partir de las 9:30 h. en la primera planta de la Facultad de Derecho, y por allí había, al principio, un puñado de estudiantes que manifestaban su protesta y su rechazo al calendario propuesto. A lo largo de la mañana, y por motivos que a mí se me escapan, la situación fue subiendo de tono y el número de alumnos presentes fue creciendo hasta llenar el recibidor del edificio. Cuando alguien dio la orden de que los seguritas se colocaran bloqueando los accesos a la zona donde se desarrollaba el consejo (impidiendo el paso a personas que iban al aula de Informática, de paso) el ambiente se caldeó aún más, y los manifestantes decidieron bloquear los accesos hacia las aulas y departamentos. Cuando llegué (ligeramente tarde) para incorporarme al Consejo, me encontré con ese panorama. Con un par de compañeros, rodeamos por la zona del garaje (debidamente bloqueado con pedruscos y contenedores) y tras retirar una compresa del lector de tarjetas, entramos. Pero a esa hora ya se habían coscado de esa vía alternativa y bloqueaban las escaleras.

    La situación era ciertamente cómica, porque aquello parecía el Checkpoint Charlie del Berlín de la guerra fría. Una barrera de seguritas impedía el paso a los estudiantes que, a su vez, habían formado otra que impedía el paso al resto del personal (uséase, a los profesores). En su razonamiento, si se les impedía el paso hacia las instalaciones, ellos podían/debían hacer lo propio con el resto de la gente porque (sic) nosotros no éramos mejores que ellos. Puñetero que es uno, le di la vuelta al argumento y les dije que, por esa regla de tres, si ellos consideraban mal que se les vetara el paso, cómo era posible que luego repitieran el comportamiento que criticaban. Mis compañeros decidieron pasar del tema pero, como quiera que no tenía muchas alternativas (y visto lo visto, nada más que hacer), me quedé para ver si podía convencerles de alguna forma para que me dejaran pasar y, de paso, me explicaran un poco mejor sus argumentos, ya que, si iba a votar en aquella decisión, era justo que conociera todas las perspectivas. El resultado no fue lo que se dice particularmente fructífero. Huelga decir que no llegué a la votación (aunque pude incorporarme al Consejo tres horas más tarde) pero el diálogo o la discusión me dio unas cuantas cosas en las que pensar.

    Para empezar, comprobé que cuando los ánimos están caldeados, la predisposición de la masa no es la de escuchar y sí la de berrear unas cuantas consignas. Sobre todo, si al frente hay algún animador que, con unas cuantas consignas de libro (de cualquier libro, realmente) parece que dice cosas con sentido (como corresponde a los buenos y genuinos charlatanes de feria). Pero para seguir, escuche ese tipo de cosas que, indefectiblemente, te acaban sonando de algo.

    Cuando el mes pasado se celebraron las elecciones generales, los amigos de Canarias Bruta sacaron un pequeño artículo en el que reseñaban cuántos votos habían sacado ciertas opciones políticas que, por definición, y para justificar que no ganan ni para pipas, solían –y suelen- echar mano del argumento (tan socorrido y recurrente) de que la democracia representativa apesta y de que la población está amuermada. En relación con el Consejo de Gobierno de la ULL, escuché precisamente ese razonamiento. Y es que ¿qué mejor forma de deslegitimar la decisión tomada que cuestionar la validez de las elecciones que determinaron a sus componentes? Concretamente, el animador-charlatán dijo que “con cinco mil cochinos votos no había representatividad”, a lo que yo respondí que esos “cinco mil cochinos votos” correspondían a otras tantas personas que habían movido el culo para expresar su opinión, frente a otras veinte mil que se habían quedado en casita, rascándose la barriga. Una vez más, puede que el sistema democrático no sea perfecto, pero siempre me ha dado mal rollo ese tipo de ataque frontal, porque ha formado parte del discurso de cuantos salvapatrias, visionarios y caudillos se han tirado al monte para salvar al pueblo del oprobio y la desgracia, después de largos años de aplastante democracia. Si además se adereza con unos cuantos gritos, se concreta un retrato en el cual, la conclusión al razonamiento es que “el sistema está corrupto porque no dice lo que yo quiero”. A lo mejor lo que yo quiero es mejor que lo que quiere la mayoría o lo que decide el gobierno, pero hay una regla básica: puede que a mí me caigan mejor o peor Rodríguez Zapatero (Presidente del Gobierno de España), Paulino Rivero (Presidente del Gobierno de Canarias) o Eduardo Doménech (Rector de la Universidad de La Laguna). Puedo haberles votado o no. Puedo comulgar más o menos o nada con su programa político. Pero me gusten o me disgusten, siguen siendo tres personas que están en esos puestos en el marco de las reglas del juego democrático, y precisamente por eso se les debe un respeto.

    Evidentemente, los estudiantes que secundaban la protesta estaban allí ejerciendo un derecho legítimo. No sé si el de huelga (que los laboralistas consideran que ése pertenece a los trabajadores) pero sí el de recordar a los gobernantes que un voto no es una carta blanca y que siempre existe el derecho a disentir de las decisiones planteadas por los órganos de gobierno, dentro de las reglas de juego. Y si por alguna circunstancia esas normas se vulneran, hay mecanismos para corregir la situación ilegal. Pero lo que no es justificable en modo alguno es que el ejercicio de ese derecho se lleve a cabo conculcando los de los demás y, además, mostrando una postura absolutamente refractaria hacia cualquier tipo de diálogo. Por lo que luego supe después, otros compañeros no lo pasaron tan bien como yo (debo reconocer que fue un rato divertido, que no agradable): empujones, encaramientos, actitudes agresivas y un par de momentos puntuales en los que las cosas estuvieron a punto de salirse de madre pero que, por fortuna, no pasaron a mayores.

    Como resaca del día de protesta, ayer hubo aviso de bomba en el campus de Guajara. Alguien comentó que había sido una forma de fastidiarle al Rector la inauguración de los actos del Día del Libro. En todo caso, una broma de mal gusto ya que, afortunadamente, todo quedó en nada. Pero de fondo, me viene a la memoria una frase, atribuida a Miguel de Unamuno: Venceréis, pero no convenceréis. De nada sirve tener buenas razones si no se expresan con buenos argumentos. Convencer, seguía diciendo don Miguel, significa persuadir y evidentemente, con independencia de lo que uno pueda pensar en torno al calendario académico (y, en general, sobre Bolonia y el EEES), poca persuasión puede destilarse de los argumentos que vi y escuché durante los días precedentes.

    Enviado por lcapote a las 04:41 | 3 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Ana Fecha: 2008-04-25 17:31

    Hola Luis :)

    ¡Qué de cosas...

    A pesar de que no me afecta actualmente (si estudiara otra carrera supongo que me afectaría en el futuro), considero que lo peor de los cambios es que la convocatoria de septiembre pasa a junio (creo que igual que están los de FP ahora), ya que un examen en el que se ha sacado un 4 se podría recuperar estudiando durante el verano mientras que sería más difícil si se tiene que estudiar en menos de un mes. Por lo que veo, con esto se consigue que la gente estudie de forma más constante, pero hay muchas personas que podrían salvar alguna asignatura si pueden estudiar durante dos meses.

    Muchos besos, corazón :)

    Ana María



    2
    De: Teresa Fecha: 2008-04-26 15:22

    No sé qué "buenas razones" tienen estos...



    3
    De: Gundemaro Pandorgas Fecha: 2008-05-04 15:49

    Qué grande es que cinco perroflautas acampados hablen de representatividad...



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