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    Inicio > Historias > Cuando la ficción se anticipa a la realidad: El Ala Oeste
    Cuando la ficción se anticipa a la realidad: El Ala Oeste 2008-06-15

    Siempre se ha dicho eso de que la realidad supera a la ficción. Es una frase recurrente cuando se encuentra uno con curiosas coincidencias entre los aconteceres mundanos y las situaciones planteadas desde algún cacumen y luego plasmadas en relatos de todo tipo. Lo que no suele escucharse, y sin embargo también pasa, es que la ficción se anticipe a la realidad, planteando escenarios que luego parecen hacerse realidad. Un buen ejemplo de esto se encuentra en la séptima temporada de El Ala Oeste de la Casa Blanca.

    Esta serie, surgida del fructífero cacumen de Aaron Sorkin, contó durante siete años los entresijos del gabinete del ficticio presidente demócrata Josiah “Jed” Bartlet (interpretado magistralmente por Martin Sheen). El Ala Oeste combinaba, sobre todo en sus primeras cuatro temporadas, los avatares de la vida política en la oficina del mandatario más poderoso del planeta con aspectos de la vida privada del equipo presidencial. Unos guiones brillantes permitieron brillar con luz propia a personajes y actores, los cuales sacaron lo mejor de sí mismos. Aspirantes a estrellas casi acabados como Rob Lowe; secundarios de mil y un títulos como John Spencer; ilustres desconocidos como Bradley Whitford, Allison Janey, Richard Schiff o Janel Monoley… todos ellos acabaron convirtiendo el producto en una serie coral y eclipsando a quien iba a ser el protagonista principal de la misma, el ya mentado Lowe. Hasta Sheen, cuya presencia iba a ser testimonial (como puede comprobarse en el episodio piloto de la serie) acabó llenando la pantalla. Historias con enjundia, realismo a troche y moche y, en definitiva, una forma de hacer ficción televisiva a años luz de lo que estamos acostumbrados a ver por estos pagos configuran una serie a la que las cadenas españolas generalistas (más concretamente, las vinculadas a RTVE) han tratado muy malamente a lo largo de los años.

    Uno de los puntos divertidos de la serie ha sido ver en acción, en papeles de unos cuantos episodios, a intérpretes más que conocidos en la pequeña y la gran pantallas. A la memoria me vienen nombres como los de James Brolin (el recordado Peter MacDermott de la edulcorada Hotel, que dio vida al contrincante republicano de Bartlett durante su reelección en la forma del Gobernador de Florida Robert Ritchie), Marlee Matlin (la oscarizada actriz de Hijos de un Dios menor, que se encargó de impersonar a la congresista y asesora de campaña Joey Lucas); John Larroquette (el calavera y simpático Dan Philding de Juzgado de Guardia, que volvió a hacer de jurista en un episodio de la primera temporada de la serie); Mason Adams (que dio vida a Charlie Hume en la mítica Lou Grant y se puso la toga de Magistrado del Tribunal Supremo); Edward James Olmos (el Teniente Castillo de Corrupción en Miami y el Almirante Adama de la nueva Battlestar Galactica que sustituyó al anterior en el alto tribunal); John Amos (más conocido en estos lugares como Kunta Kinte, que se puso los galones de Almirante); Karl Malden, Christian Slater… Siete años dan para mucho, pero creo que estoy divagando.

    El caso es que la séptima temporada (que actualmente emite AXN) supuso un cambio bastante importante en lo que era el ritmo de la serie. Casi al final de su segundo mandato, el Presidente Bartlet sabe que su tiempo se acaba, y que la legislación estadounidense le impide presentarse una tercera vez. Los productores deciden enfocarlo desde la perspectiva de la carrera hacia el sillón presidencial. Si tres años antes, durante la cuarta temporada, la trama electoral había sido algo tangencial (aunque con episodios memorables, como el destinado al debate entre Bartlet y Ritchie) y dedicado sobre todo a hacer del personaje interpretado por James Brolin un trasunto del Presidente Bush, ahora la trama se aleja de la Casa Blanca hacia el final de la sexta temporada, para ver cómo republicanos y demócratas deciden quiénes serán sus candidatos. Y es aquí donde la ficción (recordemos que esta temporada se emitió entre 2005 y 2006) se adelanta a la realidad.

    Para empezar, esta vez el candidato republicano no será un inepto indocumentado como cuatro años atrás. Quien se sale con la suya es el Gobernador de la liberal California, Arnold Vinnick (un monumental Alan Alda, que nos retrotrae a la época en la que interpretaba al cachondo médico militar “Ojo de Halcón” Pearce en M. A. S. H.) que está muy lejos del esterotipo de su partido: ateo y proabortista, pertenece al ala moderada y no es visto con buenos ojos por los sectores puristas. Su elección se adelanta con mucho a la de los demócratas, que se empantanan en unas larguísimas primarias donde compiten John Hoynes (el antiguo Vicepresidente, forzado a dimitir por cuestiones de seguridad vinculadas a líos de faldas), Bob Russell (el actual Vicepresidente), un Gobernador estatal y un cuarto candidato, a priori el más débil de todos, el hispano Matt Santos (interpretado por Jimmy Smits, el abogado Ricardo Sifuentes de La Ley de los Ángeles). El personal del gabinete del Presidente se une a las distintas campañas, y los antiguos compañeros se convierten ahora en rivales.

    Contra todo pronóstico, el candidato hispano se lleva el gato al agua, por lo que los demócratas hacen historia al presentarle. Para secundarle como candidato a la Vicepresidencia escoge a Leo McGarrey, el carismático Jefe de Gabinete de Bartlet. Y en esas estamos, ahora que AXN lleva emitidos cinco capítulos de la séptima y última temporada. Los responsables de la serie se han encargado de equilibrar las cosas entre ambos candidatos: Vinnick es un republicano de corte moderado, en tanto que Santos tiene muchos valores que lo sitúan un poco lejos de los demócratas habituales, al ser católico practicante y tener un enraizado sentido de la familia. En cada episodio uno toma la delantera al otro, bien con un giro inesperado a la campaña, bien con una metedura de pata del contrario. Queda saber quién ganará las elecciones (salvo que consulten ustedes demasiado la Friquipedia y las páginas de forofos de la serie, claro). Pase lo que pase, la serie se queda con estas siete temporadas.

    A finales de 2005, cuando todavía se estaba emitiendo la serie, surgieron todo tipo de rumores. Se especuló con la posibilidad de que la historia continuara con un nuevo presidente, lo que explicaría que la trama se alejara tanto del espacio original y que parte del personal del gabinete se pasara a apoyar a Santos (McGarrey como candidato a la Vicepresidencia, Lyman como jefe de campaña…) Sin embargo, la repentina muerte de John Spencer, el actor que interpretaba a Leo, víctima de un ataque al corazón (como sufriera su personaje un año antes, paradójicamente) supuso un cambio de planes y, probablemente, enterró la posibilidad de una octava temporada de la serie, ya que el peso específico de Spencer era muy grande. La leyenda cuenta que John Wells, el responsable de la serie (Sorkin había abandonado el barco varios años antes por diferencias creativas con los que ponían el dinero) tuvo que reescribir los episodios finales, lo que afectó definitivamente al resultado. Así pues, cabe la posibilidad de que, a consecuencia de la muerte de Spencer, se decidiera una victoria republicana o bien que, para homenajear la memoria del actor, se planteara el triunfo demócrata (con lo cual, el amigo RVR podrá disfrutar de la intriga durante un par de meses más). Eso sí, el propio Wells ha dicho que el final de la historia que veremos es el que estaba previsto desde el principio. Sólo queda disfrutar de él.

    ¿Veremos algún día en España una serie como ésta? ¿O de corte satírico como Sí, Ministro? Espero y deseo que sí, aunque de momento, lo más parecido que tenemos es algo llamado Moncloa ¿Dígame? del que he visto un cacho en uno de estos canales repletitos de series patrias y que, francamente, explica porqué no tuvo continuidad y porqué nadie se acuerda de ella (aunque fuera uno de los primeros trabajos del popular Paco León). Pero estoy divagando otra vez.

    En conclusión ¿no se da un aire toda esta historia a lo que se está viendo en Estados Unidos? Un republicano moderado frente a un demócrata que hace historia, después de imponerse a una candidata mucho más experimentada. La ficción y la realidad aún tienen que contarnos el final de sus respectivas historias. Veremos si entonces también se parecen.

    Enviado por lcapote a las 22:34 | 4 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: rvr Fecha: 2008-06-16 19:13

    ¡Qué gran serie! Lo que me pregunto es qué papel jugó la televisión en preparar a los estadounidenses para ese "yes, we can". No estoy seguro de que todo sea casualidad. Porque una de las características más importantes es que la serie es política-ficción. Juegan con las reglas de la política en un continuo "qué pasaría si..." (el más general, qué pasaría si un liberal -en EEUU, de extrema-izquierda- fuera presidente del país).



    2
    De: rvr Fecha: 2008-06-16 19:20

    Otra cosa reseñable es que la serie parte del guión de la película "El presidente y Miss Wade", escrito por Aaron Sorkin. En la peli, el presidente está interpretado por Michael Douglas, Marten Sheen en el papel de jefe de gabinete y Michael J. Fox en el papel de asesor. En la serie, Sheen pasa a interpretar al presidente y Robe Lowe el de asesor.



    3
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2008-06-16 19:21

    También creo que a la serie le vino bien, en ese sentido, el contraste entre la ficción y la realidad. Bartlet es Premio Nóbel, culto cual Pitufo Filósofo y bastante campechanote. Bush II es bastante iletrado, garrulo y nada liberal.



    4
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2008-06-16 19:25

    Dicen que esa peli fue el germen de la serie :)



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