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    Inicio > Historias > Terminó la JMJ 2011
    Terminó la JMJ 2011 2011-08-22

    Ayer terminó la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. Atrás quedan varios días en las que Benedicto XVI, cabeza visible de la Iglesia católica se dio diversos baños de multitudes, las cuales estaban compuestas por personas plenamente entregadas a la causa. Tras de sí deja varios episodios marcados por la contestación generada en una parte de la sociedad y la incertidumbre general que produce un evento de estas características.

     

    El primer dato que hay que tener en cuenta es la gran capacidad con la que la institución cuenta a la hora de convocar masas. A falta de encontrar una estimación fiable (la organización habla de dos millones, pero medio millón, que citan observadores más modestos, tampoco es moco de pavo) solo puede calificarse al evento como multitudinario.

     

    El segundo dato que hay que tomar en consideración es, sin lugar a dudas, la presencia de una contestación por parte de movimientos laicos y religiosos. Los primeros consideraban que el Estado debería cortar los lazos que le unen (o le atan) a Roma. Los segundos entendían que  se transmitía una imagen negativa del catolicismo al organizar en plena crisis un festival de esta naturaleza que, además, venía patrocinado por empresas de la importancia del Corte Inglés, el BSCH o Telefónica. Su escaso número en comparación con el de la JMJ no debe permitir olvidar que su presencia pública era algo impensable hace unos años y un contraste particularmente revelador, sobre todo si lo comparamos con las visitas de Juan Pablo II (especialmente la primera, en 1982).

     

    Personalmente tengo la sensación de que desde el Vaticano se ha buscado la adaptación a las modernas técnicas de comunicación, en el sentido de convertir al Papa en el centro de un fenómeno fan, talmente como si fuera una estrella de la música, del cine o de la televisión. Uno de los problemas que tiene la iglesia en España parece ser el progresivo envejecimiento de la población más practicante, así que con esto se transmite la idea de que el catolicismo no es cosa de viejos con aroma a sacristía. Sin embargo, me pregunto hasta qué punto captan a colectivos que no estén compuestos por personas ya convencidas. De hecho, la propia iglesia ha tenido que escuchar las voces discordantes de feligreses y párrocos que consideran que con estos gestos no solo no se ganan adeptos, sino que se encona la posición de hostilidad con la que determinados sectores de la población se sitúan frente a una religión que ha impregnado profundamente la vida española desde hace siglos.

     

    Por otra parte ¿puede hablarse de éxito cuando el continente se ha modernizado pero el contenido sigue más o menos donde mismo se encontraba? Si lo que se buscaba era galvanizar a una masa ya adicta, bien puede decirse que se ha hecho un pleno. Mas si lo que se pretendía era atraer nuevos fieles, mucho me temo que la calificación final ha de ser bien distinta. Por mucho que se esfuercen sus asesores, me temo que Benedicto XVI no tiene ni de lejos el gancho de su predecesor. El cartel de Juan Pablo II hacía mejor completo a la difusión de un mensaje que no ha cambiado en la boca de su sucesor en nada mínimamente sustancial.

     

    ¿Tiene sentido entablar un duelo sin cuartel contra la ciencia, cuando hay maniobras más inteligentes como la de los magisterios separados? ¿Tiene sentido hablar de moral, de valores o hasta de sexualidad cuando todavía hay un tratamiento excesivamente tibio para los abundantes casos de pederastia que afloran en todo el mundo? Quizá el problema principal del catolicismo a día de hoy no sea tanto de mensaje como de las contradicciones que se encuentran entre éste y las actuaciones consecuentes.

    Enviado por lcapote a las 19:13 | 0 Comentarios | Enlace


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