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    Inicio > Historias > Flash: Renacimiento
    Flash: Renacimiento 2011-09-04

    Título: Flash: Renacimiento

    Formato: Tomo recopilatorio en tapa dura

    Autores: (G) Geoff Johns (L) (T) Ethan Van Sciver (C) Alex Sinclair (P) Ethan Van Sciver

    Editorial: DC Comics / Planeta DeAgostini Comics

    Precio: 17,95 €

    Comentario:

     

     Hay ocasiones en las que se te escapa un tebeo en el momento en el que sale y aprovechas para pillarlo posteriormente, cuando ya su impacto se ha absorbido y las consecuencias de su aparición se concretan en continuaciones, secuelas y todo tipo de productos para sacar los cuartos a la afición. Un poco más tarde lo encuentras, le echas un ojo y existe la oportunidad de poner a posteriori las cosas en perspectiva. En el caso de este Renacimiento, se presentaba como la respuesta a un desafío que llevaba mucho tiempo rondando por las oficinas deceeras: traer de vuelta a Barry Allen, el Flash de la edad de plata, a la época contemporánea. El personaje había regresado en la enrevesada saga Crisis final, pero no era la primera vez que ello sucedía, pues en varias ocasiones había retornado puntualmente para ayudar y / o advertir a su sucesor, Wally West. En esta ocasión, la pretensión básica pasaba por un regreso permanente que tocaba justificar y la tarea no era, ni mucho menos, cosa simple.

     

    Siempre se ha dicho que en DC la estructura fundamental de su universo creativo descansa sobre los tres héroes que componen la Trinidad: Superman, Wonder Woman y Batman. Su condición de arquetipos ha permitido construir no ya gran parte de la ficción deceera, sino gran parte de los conceptos esenciales que conforman los tebeos de superhéroes. Sin embargo, es Barry Allen – Flash uno de los pocos elementos que pueden colocarse al nivel de los anteriores en cuanto a importancia e influencia. Así, su aparición a finales de los años cincuenta marca el fin del olvido para el género superheroico y el inicio de una florenciente etapa conocida como la edad de plata. Su condición de nueva versión de una idea de la edad dorada –personificada en el Flash original, Jay Garrick- marcó una tendencia que se repetiría con Linterna Verde (de Allan Scott a Hal Jordan) o Hawkman (de Carter Hall a Katar Hol) pero que daría para todo tipo de experimentos en las décadas subsiguientes. Su heroica desaparición, uno de los puntos culminantes de Crisis en tierras infinitas, bien puede verse como una alegoría de la conclusión de treinta años de historia y el inicio de una nueva era, donde Wally West asumió el manto escarlata y Barry Allen pasó a convertirse en un símbolo. El personaje ya no estaba, pero su sombra y su manto aún estarían presentes durante mucho tiempo ya que, como todos los mártires de una causa, acabó convirtiéndose en un ideal con el que las comparativas eran inevitables y hasta odiosas. El nuevo Flash era comparado constantemente con el antiguo, lo cual era un trasunto de las eternas comparaciones que sufre un nuevo personaje cuando asume el legado de otro por parte los lectores. Con el tiempo y gracias a la labor de autores como Mark Waid o Geoff Johns, Wally West acabó convirtiéndose en una digna tercera generación. Jay Garrick estaba bien en la Sociedad de la Justicia de América y Barry Allen era una figura mítica, pero Flash era otro, aunque había llevado su tiempo.

     

    Prueba del éxito cosechado por aquella evolución fue el hecho de que, poco después, determinados personajes surgidos durante la edad de plata empezaron a ser sustituidos por versiones juveniles e inexpertas. En los años de lo “moelno y molón” que venían marcados por la irrupción de Image Comics y por la posterior explosión de la burbuja especulativa. Así, Hal Jordan se volvió majareta y cedió anillo y puesto a Kyle Rayner; por su parte, su compañero de aventuras Oliver Queen sería sustituido por su hijo Connor Hawke. Desgraciadamente, estas sustituciones se hicieron de una manera que, especialmente en el caso de Linterna Verde, desataron las iras del respetable. Daba la sensación de que la historia precedente ya no servía y que era, parafraseando al personaje de Wesley Snipes en Demolition Man, la época de lo nuevo y mejor. Personajes más jóvenes, inexpertos y a ser posible con cazadoras, cartucheras y barba incipiente fueron traídos de la mano de autores que intentaron que sus sustitutos ocuparan el puesto de sus ilustres predecesores, pero sin lograr borrar el recuerdo de los mismos. Poco a poco distintos proyectos empezaron a plantearse el rescate de los personajes que la marea de los noventa había mandado –a veces literalmente- al otro barrio. A principios de la década pasada, Kevin Smith y Phil Hester traerían de vuelta al más irrecuperable de los tres, Oliver Queen. Después, Geoff Johns y Ethan Van Sciver harían lo propio con Hal Jordan. Pero Barry Allen seguía siendo tabú, por lo que la tarea de hacerle retornar se presentaba harto complicada.

     

    El proyecto en cuestión debe buena parte de su existencia a la realización –bastante exitosa, con la perspectiva que dan los años- de un experimento similar con Hal Jordan. Uno de los personajes “fundamentales-pero-no-tanto-como-los-que-ustedes-ya-saben” cuenta ahora con su propia franquicia, la cual ha dado hasta una película en pantalla grande, después de intentonas fallidas y títulos un tanto decepcionantes. No es casualidad que el título de esta miniserie sea idéntico al que trajo de vuelta al portador del anillo esmeralda de la edad de plata. Ítem más: el equipo creativo es el mismo, compuesto por el dibujante Ethan Van Sciver y el guionista Geoff Johns, uno de los arquitectos de la DC actual y responsable de una larga y bien considerada etapa al frente de la colección de Flash / Wally West. Tenemos entre manos los mimbres para una apuesta segura, o quizá no tanto, porque los nombres no siempre bastan para garantizar de antemano un producto único.

     

    La primera pregunta que debe hacerse es la pertinencia de ese retorno que, cuentan las crónicas, ha sido una idea en la que Dan Didio había puesto mucho empeño. Para empezar, está la propia situación del personaje antes de su épica muerte en Crisis en tierras infinitas, que había tomado el camino de un feliz retiro en el futuro, en compañía de su amada Iris West. Su colección se había cancelado después de diversos vaivenes editoriales y creativos y el personaje se contaba en la lista de bajas de la maxiserie que redefiniría el universo DC. En ese nuevo statu quo sería Wally West el que asumiría el rol de su tío político y mentor, después de haber sido el compañero adolescente que casi todos los héroes de la casa debían tener. El chico se hacía adulto y recibía una herencia tan gloriosa como pesada. Después de haber ejercido de joven salidorro modelo “albóndigas en remojo”, Mark Waid y más tarde Geoff Johns convirtieron al personaje y su entorno en la materia prima de una de las colecciones más interesantes de los últimos veinte años, recuperando el sabor clásico de los tebeos de superhéroes, en oposición a la oscuridad imperante a finales de los ochenta y principios de los noventa. Wally West maduró, creció y acabó convirtiéndose, para la afición que se ha acercado y alejado del mundillo, en Flash, algo que Kyle Rayner o Connor Hawke solo consiguieron a medias. Barry Allen estaba elevado a la condición de mito, santo y mártir. Su regreso no es comparable al de Jay Garrick, como tampoco lo es su peso específico, por lo que se hacía inevitable pensar que más tarde o más pronto, bien podía dejar en la cuneta a West, algo que, por lo que se barrunta en el ¿relanzamiento? ¿reinicio? ¿retorcimiento? deceero de septiembre, pasará en breve.

     

    En segundo lugar, se da la paradójica circunstancia de que el regreso de Barry Allen coincide con una etapa particularmente convulsa en el ámbito de una DC que ha encadenado varias “crisis” seguidas de sucesivos relanzamientos más o menos infructuosos de sus franquicias. Buena parte de las críticas de los resultados negativos han caído precisamente sobre un Geoff Johns que parece estar cayendo lentamente en desgracia ante una afición que antaño aplaudía con pocas excepciones sus trabajos. No se termina de comprender por qué después de haber trabajado para poner en el mapa a la Sociedad de la Justicia de América o a Linterna Verde (todo eso sin contar al propio Flash) se embarque de un proceso de “recuperación y reinicio” que echa por tierra gran parte de su propia labor, para sustituirla por algo que ni los propios artífices terminan de tener claro qué es y en qué consiste.

     

    En tercer lugar, tenemos una historia donde no solo se coloca a Barry Allen en el mapa, sino que además, se realiza una labor de “retrocontinuidad” (concepto éste muy querido por el propio Johns) en la que el Profesor Zoom, un viejo enemigo del personaje, se convierte en el detonante de algunos de los hechos definitorios de la vida de Barry, de la misma forma que la existencia de éste como Flash acaba determinando la existencia del villano. Se presenta la dicotomía del Allen mito inspirador y el Allen terrenal, así como las encontradas reacciones que presenta su retorno entre los portadores de su legado (Wally, Bart, etcétera). Como miniserie introductoria hay que reconocer que sirve para que la afición reconozca el entorno del velocista escarlata y los recién llegados puedan subirse a la guagua sin volverse muy locos. La sensación inicial de superfluidad se ha convertido en un cúmulo de reacciones que van desde el escepticismo a la expectación, al ver que esto solo era la primera piedra de un cambio mucho más profundo. El trabajo de Van Sciver está en su línea habitual, comparable al que ya realizara en el otro renacimiento, por lo que no sorprenderá ni a seguidores ni a detractores.

     

    Para concluir, solo queda recomendar la serie a quienes sigan habitualmente los trabajos de Geoff Johns y a quienes quieran tener asiento de primera fila para ver la evolución del universo DC en los próximos meses.

     

    Lee la reseña en Zona Negativa.

    Enviado por lcapote a las 15:08 | 0 Comentarios | Enlace


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