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    Inicio > Historias > Capitán Trueno y el Santo Grial
    Capitán Trueno y el Santo Grial 2011-10-23

    Título: Capitán Trueno y el Santo Grial

    Formato: Película estrenada el 7 de octubre de 2011

    Guión : Víctor Mora (tebeo original), Pau Vergara

    Dirección : Antonio Hernández

    Reparto : Sergio Peris Mencheta, Natasha Yarovenko, Manuel Martínez, Adrián Lamana, Alejandro Jornet, Gary Piquer, Asier Exteandia, Jennifer Rope, Emilio Bualde, Jon Bermúdez, Xavier Murua, Roberto Álvarez

    Música : Luis Ivars

    Fotografía : Javier Salmones

    Montaje : Iván Aledo

    Vestuario : Félix Murcia, Miguel Mesas

    Efectos especiales : Enrique Criado

    Productora: Maltes Producciones, SOROlla Films

    Distribuidora: Buenavista International Spain

    Comentario:

     

                Lo prometido es deuda y después de una década larga esperando, por fin he tenido la ocasión de ver (sobre el toque de campana, porque no está manteniéndose en las salas) la primera incursión en la gran pantalla del Capitán Trueno, Goliat y Crispín, los personajes creados por Víctor Mora y Ambrós hace más de medio siglo. El filme, que por su atribulada historia se había ganado la condición de proyecto maldito por antonomasia del cine español, ha visto la luz con una promoción no muy escandalosa, unos avances que no invitaban al entusiasmo  y una polémica entre actor protagonista y productores sobre los maravedíes que se adeudan a parte del equipo y la falta de comunicación para la participación en los eventos publicitarios (lo cual, en plena era de la información, no deja de tener su guasa). Las críticas publicadas en la prensa y los comentarios de espectadores en diversos foros no han invitado precisamente a un gran optimismo: los testimonios han sido mayoritariamente demoledores, dejando muy pocos títeres con la cabeza en su sitio. Pocas, muy pocas opiniones son positivas, pero con el callo hecho mediante el visionado de títulos de la talla de Dragones y Mazmorras, Los Inmortales IV, Parque Jurásico III o Druidas, y otro colega aficionado a las aventuras del Capitán y sus compinches, entré con la convicción de que no iba a encontrarme con el prólogo de una franquicia exitosa.

     

                La película se presenta como una singular adaptación de la primera de las aventuras del Capitán Trueno, A sangre y fuego, donde el héroe y sus compañeros son presentados como parte de los cruzados hispánicos que acompañan a Ricardo Corazón de León durante la III Cruzada y, más concretamente, en el asedio a Acre. La cinta presenta el marco geográfico y temporal coincidente con estos hechos, metiendo ya lo que parece ser una pifia documental de cierto nivel. La historia parece transcurrir en 1291, esto es, unos cien años después de los tiempos de Ricardo I y su aventura en Oriente medio y coincidiendo con la caída de la fortaleza de San Juan de Acre en manos de los turcos (lo que se considera como el fin de los tiempos de las cruzadas). Quizá sea un homenaje al hecho de que el Capitán Trueno, al igual que el Príncipe Valiente o Tintín, sean héroes atemporales que se pasean por períodos históricos de cronología un tanto extraña. Un misterioso movimiento de tierras deja paso a la vista del campamento cristiano, a poca distancia de una fortaleza turca. Se nota que no hay presupuesto para escenas de masas, pero se solventa la cuestión indicando que se trata de un puesto avanzado y no de la propia ciudad de Acre. Vestuarios y demás elementos de atrezo parecen bien escogidos, aunque en cuanto algunos personajes abren la boca encontramos algunos chirridos más: no es de recibo que entre los soldados musulmanes unos hablen con un acento estilo “vendedor en el gran bazar de Estambul” y otros en un español peninsular, sobre todo cuando se trata de padre e hijo. La presentación de los personajes, un tanto larga, se compensa con unas escenas de combate bastante decentes, las cuales vienen aderezadas con una banda sonora donde el compositor y la orquesta parecen ir absolutamente a su bola manola, imprimiendo la clásica fanfarria aventurera a la escena más anodina. Los actores Sergio Peris Mencheta, Manuel “Superman” Martínez y Adrián Lamana están más o menos creíbles en sus papeles, sobre todo los primeros, porque al tercero parece haberse caído de cabeza en una marmita de tintura amarilla de medio palmo de profundidad, luciendo unas cejas más o menos oscuras según el plano y haciendo que el espectador evoque cierto chiste que, por cortesía, no se mencionará aquí.

     

                Como en el tebeo original, el Capitán encuentra a un moribundo peregrino (interpretado por un veterano del teatro, el cine y la televisión como es Paco Merino) que le hace entrega de un cáliz que es el Santo Grial del título. Tras la pista del cáliz está también Al-Katara, un misterioso caballero negro de aspecto siniestro (al que pone cara –de palo, eso sí- un totémico Ramón Langa). En medio de una refriega con momentos un tanto descacharrantes hace su aparición Sigrid de Thule (la ucraniana Natasha Yarovenko, que cumple perfectamente con su papel… hasta el momento en que abre la boca). El cuarteto ya está reunido para retornar a Hispania y descubrir el verdadero significado del Grial, así como el destino del Capitán Trueno.

     

                La película presenta profundas contradicciones que hacen que el balance final sea inevitablemente negativo. Por un lado, se nota el oficio para evitar que canten en demasía las carencias presupuestarias (con los trucos habituales para el viaje por mar o la ausencia de multitudes ya comentada) pero por otro el guión hace aguas por todas partes.  De un salto y con una explicación cuando menos endeble, se salta a la parte de la aventura donde el Capitán, Crispín y Goliat han de desentrañar el misterio de unos “diablos” que asolan una región que aquí se identifica con el bajo Aragón. Sir Black (Gary Piquer) que en el tebeo es uno de los caballeros de Ricardo que ambicionan la copa sagrada, pasa a convertirse en la cabeza visible de una conspiración de la que el Grial es un elemento central. Una vez tenemos a todas las piezas en el tablero, comienzan a sucederse los despropósitos.

     

                Una de las cosas que definió originalmente al Capitán Trueno era la explicación más o menos lógica a lo que parecían magia y misterios para-anormales. Así, un mago como Morgano era realmente un hombre de ciencia, un inventor al que el desconocimiento medieval convierte en un hechicero. Sin embargo, en las últimas aventuras (sobre todo en las dos que salieron en tapa dura en los noventa) el personaje sufrió una evolución inversa a, por ejemplo, el Príncipe Valiente, en el sentido de que los elementos fantacientíficos hicieron su aparición, en tanto que en la creación de Foster fueron desapareciendo. En el filme, por el contrario, nuestro escéptico Capitán se da de bruces con una brujería que enlaza unos mitos “griálicos” de todo a un euro con otros vagamente lovecraftianos. Sir Black y Al-Katara son dos vértices de una trinidad completada por la bruja Ariadna (espantosamente interpretada por Jennifer Rope) que ansían el cáliz por sus poderes y mantienen sojuzgada un terruño donde los sufridos campesinos visibles son la familia de Martín (personaje interpretado por otro ilustre actor de por aquí como es Roberto Álvarez) donde los niños tienen nombres planetarios (Júpiter, Saturno, Venus…) en otra ocurrencia inexplicable del guionista. Las explicaciones para justificar la ausencia de personal y de dineros son dignas del mejor Corman, pero en este punto la historia empieza a “inspirarse” en otras cintas del género de aventuras y de terror, hasta extremos puramente sonrojantes.

     

                El Capitán Trueno aparece convertido en una especie de caballero escogido por el destino para una importante misión (una idea que, por lo visto, ya estaba en los proyectos iniciales). La aparición de Morgano refuerza esta condición, en una escena en la que Peris Mencheta y Alejandro Jornet podrían ser sustituidos sin problemas por Mark Hammil y Sir Alec Guinness en la trilogía de La Guerra de las Galaxias (sí, la trilogía; no, no pregunte; no, no sabemos nada de otra trilogía. Om y tal y eso). Si a ello unimos que Jornet se parece sospechosamente al difunto actor anglosajón (lo que pelado al cero) la referencia está aún más clara, sobre todo porque los malos van de negro cual ala de cuervo, con un jefe supremo y un brazo ejecutor. Por otro lado, algunas escenas finales recuerdan de forma patente a Hellboy y La herencia Valdemar, configurando un pastiche que, para colmo, está muy mal ejecutado y pletórico de agujeros lógicos.

     

                Las distintas interpretaciones presentan notables altibajos. Peris Mencheta cumple sin más (aunque en algunas ocasiones resulte un tanto risible, quizá porque al no creerse mucho el proyecto tampoco ponga mucho énfasis en recitar sus diálogos) en tanto que Martínez y Lamana están a la par (aunque fuera de las clásicas frases que incluyen expresiones como “cascanueces” o “batracio verde” sus parlamentos canten un poco). Jornet está bastante bien en su papel de mago-mentor, pero la presencia de Roberto Álvarez y Gary Piquer, unida a una no muy afortunada dirección de personajes, convierte al filme en un involuntario homenaje a las comedias televisivas familiares de los noventa. Álvarez era el padre banquero de Ana y los siete, en tanto que Piquer era el sufrido Tomás de Ala… dina. Ambos son buenos actores, pero éste no es precisamente uno de sus mejores trabajos. Especialmente triste es el caso del segundo pues, siendo netamente bilingüe entre el español y el inglés e interpretando a un noble britano, solamente pronuncia tres palabras en la lengua de Shakespeare. El nivel de histrionismo que destila su interpretación roza el ridículo, pero se queda corto en comparación con el personaje de Rope, una bruja Ariadna que más bien parecía la bruja Avería. Ella y sus sicarias parecen restos de temporada de lo más casposo de la sobrevalorada movida madrileña. Si a ello unimos a un Ramón Langa cuyo mejor papel parece ser ponerle voz a Bruce Willis a la vista de la cara de piedra que se gasta, tenemos a un trío de villanos que hace honor a los villanos más arquetípicos del tebeo original: malos, malos, malasombra, rijosos y consecuentemente, risibles.

     

                Paradojas de la vida, lo que teóricamente podía ser el talón de Aquiles de la cinta por la escasez de presupuesto (el maestro de los efectos especiales Reyes Abades se descolgó del proyecto alegando falta de medios) como los mentados efectos y las escenas de combate están llevadas de forma más que decente, constituyendo la parte más entretenida de una película que, por lo menos, resulta divertida pese a ser más bien mala. Sin embargo, aquí tampoco nos libramos de las inconsistencias y de los plagios más o menos soterrados, pues hacen su aparición unos inexplicables “caballeros negros” directamente tributarios de los inmortales persas versión milleriana y del ejército dorado de Hellboy II. Nuevos agujeros en un tejido que a estas alturas aparece completamente raído.

     

                Lo mejor de la cinta, sin lugar a dudas, son los títulos de crédito y no precisamente por el hecho de que la película se acabe, sino porque se recupera el clásico “Capitán Trueno” nuevamente grabado por los integrantes del grupo Asfalto, en una versión mucho más cañera. Eso sí, es una auténtica lástima que la conversión a una suerte de cómic de las escenas de la película para acompañar la enumeración del elento se haya hecho empleando el filtro más chungo de la utilidad fotochopera y la denostada fuente de letra “Comic Sans Serif”. Este homenaje a una canción que define como pocas una época de la historia de España resume perfectamente lo que es esta cinta: un enorme e inmenso querer y no poder.

     

    Lee la reseña en Zona Negativa.

    Enviado por lcapote a las 20:55 | 1 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Bo-Chan Fecha: 2011-10-26 19:35

    A mi los 10 millones de presupuesto me parece una cifra más que respetable para el cine patrio. Hay "tinieblas" en esta película.



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