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    Inicio > Historias > Space Battleship Yamato: La película
    Space Battleship Yamato: La película 2011-11-06

    Título: Space Battleship Yamato

    Formato: Película de 138 minutos en formato DVD (16:9)

    Dirección : Takashi Yamazaki

    Guión : Shimako Sato

    Reparto : Takuya Kimura, Meisa Kuroki, Toshirô Yanagiba, Naoto Ogata, Hiroyuki Ikeuchi, Shin´ichi Tsutsumi, Maiko, Reiko Takashima, Tustomu Yamazaki

    Productora : TBS Pictures

    Distribuidora : Mediatrés Estudio – Winds of Asia – Warner Brothers

    Precio: 22 euros (variable según tienda)

    Comentario:

     

                No son los estadounidenses los únicos que se han lanzado a adaptar para la gran pantalla a los personajes de sus tebeos y animaciones más populares, pues de hecho, cualquier héroe de papel que tenga un mínimo de popularidad ha pasado alguna vez por la pequeña o gran pantallas. Así, moviéndonos en el entorno geográfico más próximo podemos citar los casos de Mortadelo y Filemón, el Capitán Trueno, Tintín, Astérix o Lucky Luke. En esta carrera de adaptaciones, sin embargo, los japoneses cuentan con un puesto más que destacado, sin duda movido por la tradicional adaptabilidad de los manga al campo del anime y los videojuegos. Un buen ejemplo del salto, en este caso del anime, a la gran pantalla lo tenemos en la cinta Space Battleship Yamato, que viene con la vitola de haber arrasado en su país de origen.

     

                Hablar de esta película supone hacerlo de una de las series de animación más importantes de cuantas han recorrido el mundo partiendo del país del sol naciente,  Uchū Senkan Yamato y de su responsable, Leiji Matsumoto, el mayor creador de epopeyas espaciales que ha dado la industria japonesa. Conocida en el mercado anglosajón, en España y en Italia como Star Blazers, el anime en cuestión ha brindado a la ciencia-ficción una nave de diseño majestuoso: el Yamato. La película de la que toca hablar hoy supone la adaptación de la primera temporada de la serie, quizá la más popular de todas. En el año 2199 la Tierra sufre el ataque de los gamilones o gamilas, una raza extraterrestre que ha bombardeado sistemáticamente el planeta con meteoritos radiactivos, forzando a la humanidad superviviente a refugiarse bajo la superficie, mientras intentan infructuosamente repeler la agresión. La serie y la película muestran desde un primer momento la superioridad de un enemigo que inflinge a la flota estelar terrícola una aplastante derrota. La esperanza llega inesperadamente cuando una nave (una sonda no tripulada en el filme) trae un mensaje del lejano planeta Iscandar, cuya reina, Starsha, explica en el mismo que cuenta con la tecnología necesaria para eliminar la mortífera radiación. Envía asimismo los datos necesarios para construir un motor que permita cubrir el viaje entre ambos planetas en un plazo corto, así como un mortífero cañón de ondas. Ambos elementos serán necesarios para salvar un mundo al que le queda un año de vida.

     

                Los instrumentos remitidos desde Iscandar son incorporados a la última nave de guerra que puede fabricar la Tierra, la cual se construye sobre los restos del acorazado Yamato, el poderoso buque de la armada imperial nipona durante la II Guerra Mundial (y junto con su gemelo, el Mushashi, el navío más pesado y mejor armado de la historia). El bombardeo radiactivo al que Gamilón ha sometido a la Tierra ha evaporado el agua de los océanos, permitiendo el acceso a sus restos y el trabajo subterráneo. Al frente de su tripulación estará el veterano capitán Juzo Okita (Abraham Avatar en la versión estadounidense) que ha sido testigo de la superioridad enemiga frente a las fuerzas terranas. Bajo sus órdenes estará un nutrido grupo de militares entre los que destacarán para el desarrollo de la historia Susumu Kodai (Derek Wildstar) un piloto y artillero sumamente eficaz pero impaciente e inmaduro; Daisuke Shima (Mark Venture) compañero del anterior en la academia militar, navegante y dotado de una cabeza más fría que su colega; Yuki Mori (Nova Forrester) primero enfermera, luego oficial de la cabina de mando e interés romántico de Kodai; Shiro Sanada (Stephen Sandor) el cínico oficial científico; Sakezo Sado (Sane), jefe médico un tanto borrachín que se ha traído su gato al viaje; Hikozaemon Tokugawa (Orión) ingeniero y jefe de máquinas, compañero de fatigas del capitán. La lista no se acaba aquí e incluye hasta un robot –Analizador- con tendencia al acoso sexual. Aunque personajes como Okita, Kodai, Shima o Mori tengan un papel preponderante, los veintiséis episodios de la primera temporada sirven para conformar una serie coral donde, en mayor o menor medida, un amplio grupo de tripulantes tiene su protagonismo. Los paralelismos con una serie como Star Trek  resultan inevitables y van desde la nomenclatura marinera con la que se organizan ambas flotas estelares hasta la presencia de personajes con puestos muy similares. Ahora bien, mientras que en la creación de Gene Roddenberry el peso principal recae en la trinidad Kirk-Spock-McCoy (con la adición de personajes como Scotty, Sulu, Uhura, Chekov o el tipo del jersey rojo que tiene todas las papeletas para palmarla) en la de Matsumoto no existe un protagonismo tan marcado, aunque a la larga acabemos conociendo mucho más de la historia de los personajes que se pasean por el puente de mando. Especial atención merece la evolución de Susumu Kodai y de su relación con el capitán Okita. Al principio de la serie el primero culpa al segundo de la muerte de su hermano Mamoru (Alex Wildstar) que cubrió con su nave la retirada de los restos de la flota comandada por el viejo oficial. Las experiencias que habrán de sucederse durante el atribulado viaje harán que entre ambos se desarrolle una relación parecida a la de un mentor y su pupilo o a la de un padre y su hijo. Kodai comprende mejor a Okita cuando experimenta las soledades inherentes al mando y el peso de las decisiones que cuestan vidas, y esa comprensión se hace más profunda en la medida en que ambos han perdido a todos sus seres queridos (como queda patente en uno de los mejores episodios de la serie, aquél en el que toda la tripulación ha de despedirse de sus familiares en la Tierra porque pasado cierto punto del viaje las comunicaciones se cortarán). La serie puede ser una epopeya espacial pródiga en combates entre imponentes cruceros de batalla, pero uno de sus puntos fuertes se presenta en esos momentos en los que los personajes muestran su humanidad y se hacen, en definitiva, creíbles a ojos de la audiencia.

     

                A España llegó a mediados de los ochenta (o al menos lo hizo al centro regional en Canarias de RTVE) la versión estadounidense, donde como se ha visto, los nombres adquirieron unas reminiscencias netamente “estarguarsianas” (con perdón). En los cinco años transcurridos desde la emisión en Japón y la llegada a Estados Unidos, se había estrenado una película titulada La Guerra de las Galaxias, cuya influencia se hizo más que patente en los animes que venían con una nave cargada a la chepa, como Gatchaman (también conocidos como G Force, Fuerza G, Comando G o La batalla de los planetas) y esta Uchū Senkan Yamato. Otros cambios vinieron motivados por la relativa cercanía del conflicto bélico que había enfrentado a Estados Unidos y Japón. Así, se maquilló un poco el obvio paralelismo existente entre el bombardeo radiactivo de los gamilas y el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, al tiempo que el Yamato era rebautizado como Argo, inspirados por la epopeya de Jasón y sus argonautas. No era menester tener una serie de dibujos animados donde el elemento distintivo era la joya de la armada enemiga. También se censuró el consumo de alcohol por parte del médico principal (que pasó a consumir una saludable agua de manantial) y los actos lascivos del robot para con ciertas féminas. Pese a todo, el espíritu básico de la serie permaneció, aunque la voz profunda y vibrante con la que el cantante Isao Sasaki entonaba la canción de entrada y salida de la serie se viera sustituida por un coro de voces igualmente resonantes y una letra igualmente grandilocuente.

     

                La película se presenta como una adaptación fidedigna de la serie original y ahí radican tanto su principal virtud como la causa de todos sus males. Los responsables del proyecto han querido que la afición a la serie (que en su país de origen alcanza niveles de veneración) identifique con facilidad todos los elementos que definen al anime, empezando por aquéllos que son transplantables sin problemas y terminando con aquellos que no deberían salir de los dibujos. En el primer caso tenemos la propia nave, cuyo diseño, traspasado al campo de los efectos visuales digitales, resulta tan imponente como en el producto original y le permite competir con el Odiseus de Ulises 31 por el título de mejor bajel estelar del mundo del anime. En el segundo tenemos los uniformes, distintivos y aspectos que lucían los personajes. Alguien parece haber olvidado el pequeño detalle de que han pasado casi cuarenta años desde que Matsumoto hiciera esos diseños, los cuales son hijos de su tiempo. Consecuentemente, tenemos a un capitán Okita que parece el abuelo de Heidi vestido de padre de Popeye y a un Susumu Kodai que luce unas melenas a lo ye-yé que hacen que uno piense automáticamente en los hermanos Efegé del quinteto cómico “El Supositorio” y sus descacharrantes Power Guanches. Como dato curioso aparece el cambio de sexo operado en el doctor Sado, que ahora es doctora, aunque siga manteniendo a su micifuz y cierta querencia por empinar el codo.

     

                El principal de los problemas al que se enfrenta quien afronta la tarea de realizar una adaptación de esta naturaleza radica en la necesidad de concentrar en poco más de dos horas una historia mucho más larga. Cualquiera que haya leído un libro particularmente largo (estilo Guerra y paz) o un tebeo con varias décadas a la peta, para luego tragarse la versión cinematográfica, comprobará que ciertas tramas se cambian y algunos secundarios se volatilizan, con un resultado que no siempre es positivo. En esta ocasión, hablamos de comprimir casi diez horas de historia en la quinta parte de tiempo, arrojando un balance que no es positivo. La historia recoge algunos de los momentos más recordados de serie original (como el ya mentado de la última conexión con la Tierra) pero hay elementos esenciales que no consigue capturar. El desarrollo de una historia a lo largo de veintiséis episodios permite que se produzca otro desarrollo, el de los personajes, y que además la audiencia les reconozca, se llegue a identificar con ellos y adquiera cierto grado de empatía con sus aventuras y desventuras. Eso no existe en el filme, salvo que uno venga ya con la lección aprendida como consecuencia del visionado de la fuente original. Uno de los puntos fuertes de esta última, la también mencionada evolución de la relación Okita-Kodai, se produce a empujones, pasando este último de ser un simple recolector de chatarra (al principio de la cinta) al capitán en funciones (hacia la mitad de la misma). Como en el anime, el viejo oficial sufre una enfermedad terminal que le obliga a pasar períodos cada vez más largos en su camarote, pero si bien en la versión animada seguía manteniendo ese carisma inherente a quien ha ostentado de forma eficaz el mando durante largo años, en la película el mismo personaje aparece desprovisto por completo de esa faceta. La cinta abusa en ciertos momentos de su tendencia a la épica (como lo demuestra la recurrente interpretación de diversos fragmentos de la banda sonora original) pero sin el contrapeso y los cimientos que proporcionan las escenas de la vida cotidiana en la nave, aquélla resulta vacía de contenido, condenando a los personajes a una imagen engolada, ampulosa e histriónica, por obra y gracia de una dirección actoral no muy bien llevada. El público no puede sentir mucho apego por un personaje cuando solo se le ve definido por cuatro clichés y una interpretación pasada de rosca. Parlamentos que deberían transmitir la profundidad del momento acaban evocando ecos de engendros del estilo de Bioman, cuando no causando auténtica vergüenza ajena (como aquél en el que Kodai anima a la tripulación hablando de la historia del Yamato original).

     

                Otros cambios respecto del original que no han sido, en mi opinión, para mejor, son los derivados de la influencia de otras obras, cinematográficas y televisivas, de ciencia-ficción espacial. Así, el origen de la misión a Iscandar presenta claras influencias de la primera temporada de Battlestar Galactica, pero lo que funciona para William Adama no lo hace para Juzo Okita. Por otra parte, los enemigos, que en el anime guardaban una similitud con los humanos muy parecida a la que existe en el universo marveliano entre los kree y los terrestres, ven cambiado su aspecto por el de marciano trompetero modelo Skyline, con lo que se pierde también otro de los encantos del original: ese primer encuentro en el que unos y otros se dan cuenta de que son inquietantemente parecidos entre sí. El desenlace de la historia recupera al parecer una de las ideas originales para rematar la primera temporada, pero el cambio no es lo que se dice para mejor.

     

                En definitiva, es una buena noticia que nos lleguen, aunque sea directamente en formato doméstico, cintas que nos recuerdan que hay vida más allá de las adaptaciones que hacen los gringos, pero esta película es solo recomendable para aquellos que no solo conozcan la serie en la que se basa sino que, además, sean muy aficionados a la misma.

     

    Lee la reseña en Zona Negativa. 

    Enviado por lcapote a las 18:36 | 5 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Pirx Fecha: 2011-11-08 17:43

    Yo no había visto la serie, sólo vi la peli y efectivamente da a ratos vergüenza ajena. Pero las escenas de combate espacial están chulas. Da que pensar que existan los medios técnicos para hacer una película así y no para escribir un guion.



    2
    De: rvr Fecha: 2011-11-08 22:48

    Pues la estuvieron pasando de alquiler en Imagenio.



    3
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2011-11-09 02:03

    Por muchos medios que haya, no hay guionista que pueda concentrar en dos horas una temporada completa de una serie. Quizá tendrían que haberlo planteado de otra manera, pero yo tiemblo cuando me dicen que van a hacer una peli de "Los Caballeros del Zodíaco", por ejemplo.



    4
    De: Pirx Fecha: 2011-11-10 16:18

    Luis, es que no se puede. Pero se puede hacer una peli inspirada en una serie o que sea una especie de "capítulo extendido". Se supone que el que hace un guión intenta entretener al que va a ver esas dos horas, no hacer un resumen. Y si es esto último lo que intenta, malo.



    5
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2011-11-10 16:32

    Puestos a soñar, yo optaría por el modelo miniserie televisiva, que también está dando buenos resultados. Un torneo galáctico en cinco o seis episodios de larga duración podría estar bien... y sería asquerosamente caro :)



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