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    Inicio > Historias > Un respeto a don Vicente
    Un respeto a don Vicente 2012-07-08

    Ayer vimos a la selección española absoluta de fútbol levantar su tercer trofeo en cuatro años. Si lo de 2008 se percibió como el merecido premio a tantas generaciones de sinsabores (y alguna cabronada en la forma de codazo) y lo de 2010 un sueño hecho realidad, lo de 2012 ya es la convicción de que esto no es un espejismo. España ya tiene un palmarés a todo color y no hay que remontarse a los días del innombrable y la “gesta heroica” (psá) contra la perversa Unión Soviética con gol de Marcelino.

     

    No soy particularmente futbolero, aunque he pisado varias veces un estadio y me confieso seguidor del C. D. Tenerife (el “Tete”). Sin embargo, no me apasiona particularmente: pienso que la moratoria implícita en materia fiscal y de seguridad social apesta y me cabrea profundamente que con dinero público haya que financiar unas empresas privadas profundamente deficitarias. Pero pese a todo, si hay algo que me fascina es el carácter profundamente cainita que es tan común a la población local y que parece negar continuamente a Vicente del Bosque la participación en los éxitos cosechados por “la roja”.

     

    Siempre me ha caído simpático don Vicente, desde los días en que su estampa salía en los álbumes de la liga (los cuales coleccioné durante la primera mitad de los ya lejanos años ochenta). Luego volví a verle como entrenador circunstancial del Real Madrid, primero para sustituir a Benito Floro y luego a Benjamin Toshack. Esta segunda sustitución se prolongaría durante cuatro años en los que los merengues conquistaron unos cuantos títulos de primera línea. Nada de eso sirvió para que sus críticos dejaran de cebarse en él como técnico sin conocimientos ni capacidades que únicamente sabía manejar el vestuario (lo que es mucho en uno tan peligroso como el del Madrid) y dejar hacer los jugadores lo que mejor sabían (como dice un buen amigo, como si soltara las cabras a triscar libremente por el prado). Cuando por fin le echaron comenté con otro amigo que en mi opinión era un grave error y que el que venía tras él debía ganar al menos tantos títulos en la temporada siguiente como él. Su respuesta incidió en las críticas habituales, pero un año después el proyecto Queiroz se había hundido sin remisión. Después llegó, años después, la oportunidad de una selección española que había ganado por fin un título tras muchísimos años de sequía. Las críticas se multiplicaron y la participación en la primera competición internacional –de la que eliminaron a la roja a las primeras de cambio- las reforzó. Llegó el Mundial de Sudáfrica y se confirmó el estado de gracia de una generación excepcional… y ni por ésas. Ahora, con la Eurocopa de Polonia y Ucrania finiquitada, la selección española absoluta de fútbol ha conseguido lo que ninguna otra en la historia del balompié, encadenando tres títulos en cuatro años, mas las críticas continúan, ahora unidas al desencanto creciente por parte de la afición madridista que se pregunta cómo se pudo echar a un señor que simboliza como pocos el espíritu de un club que ha ido perdiendo progresivamente simpatías por parte del respetable.

     

    P. D. Ver ganar a la selección después de tantos sinsabores (que uno ya tenía nariz cuando el Mundial de Argentina en 1978) es un relajo agradable entre tanto desastre, y no es incompatible con seguir denunciando los disparates a los que nos someten los gobiernos europeo y nacional… empezando por la impunidad fiscal y de seguridad social con la que viven las sociedades anónimas deportivas.

     

    P. D. 2. Esta vez no he recibido el trolleo por parte de la legión de inútiles que cree que se insulta a Fernando Torres por llamarle “friqui” cuando tiene un tatuaje élfico en el brazo.

    Enviado por lcapote a las 22:14 | 0 Comentarios | Enlace


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