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    Inicio > Historias > ¿Ocaso del catolicismo en España?
    ¿Ocaso del catolicismo en España? 2012-07-13

    Una de las instituciones que está escapando de los recortes que salvaje e inmisericordemente perpetran en el destino del dinero público es la Iglesia Católica. Esta situación, propiciada por la firme adhesión del Partido Popular a la cosa clerical y por el falso laicismo del PSOE está suponiendo al mismo tiempo una aceleración en el progresivo deterioro que la institución dirigida desde el Vaticano está sufriendo en nuestro país, llamado antaño (y no tan antaño) la reserva espiritual de occidente.

     

    Resulta paradójico comprobar cómo la jerarquía eclesiástica sigue manteniendo una postura de fuerza, pudiendo considerarse comparable y equiparable a la de cualquier otro lobby o grupo de presión. La condición de Estado aconfesional recogida en la Constitución Española (un logro, si consideramos que previamente teníamos una religión oficial) ha servido para que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana haya conservado una situación de privilegio que, sin embargo, no ha logrado frenar el declive de la fe entre una población que cada vez se declara más agnóstica o practicante de otras confesiones, al tiempo que las peticiones de clases de religión parecen haber caído en picado.

     

    ¿Cuáles son las causas de esta progresiva “descatolización” de la población española? Por un lado, encontramos la desaparición de la oficialidad que se ha traducido en un tratamiento de favor, concretado en el Acuerdo con la Santa Sede de 1979, pero que no ha logrado evitar la aparición y difusión de otras confesiones más pujantes como las evangélicas. Por otro, el progresivo alejamiento de una ciudadanía que ve de mala manera que “los curas” se pongan a opinar sobre cuestiones que ya forman parte del paisaje social (las parejas de hecho, el matrimonio homosexual, la adopción por parejas del mismo sexo...) o bien entran en el campo científico y en la consideración de que donde la ciencia habla la religión sobra (investigación con células madre, técnicas de reproducción asistida…). Ítem más, una de las causas principales de abandono viene dada por lo que se considera una postura hipócrita: Cristo predicaba la pobreza en cuanto a bienes materiales pero la institución aprovecha un instersticio de la ley española para inscribir a su favor toda suerte de inmuebles, con el fin de prevenir su abandono (y sin las consecuencias de tener que pagar la contribución urbana); se ataca ferozmente a determinados colectivos como el homosexual cuando ha existido un voto de silencio sobre el cáncer de la pederastia entre el clero, con casos escandalosos entre los cleros estadounidense, maltés, irlandés o español. Por último, hay quien no olvida el apoyo sin fisuras que la Iglesia española dio al dictador Francisco Franco durante la guerra civil (a la que se calificó de “cruzada”) y que solo la llegada del Concilio Vaticano II empezó a poner en cuestión. Los dos últimos ejemplos son el arma arrojadiza perfecta cuando se escucha la afirmación –un tanto obtusa y muy inoportuna- de que si no se tienen valores morales cristianos no se es bueno ni se tiene moralidad. En definitiva, la institución es, hoy por hoy, o así lo parece, más un estorbo para la buena salud del catolicismo en España que para su pervivencia.

     

    Pese a todo lo anterior, no hay que olvidar que tres cuartas partes de la población española se declaran católicas, y cuando la institución pulsa los botones oportunos realiza demostraciones en la forma de baños de masas que van desde la defensa de “la familia y el matrimonio” (según concepto propio, particular e intransferible que ya la RAE se ha encargado de sustituir) hasta la JMJ que se financió a través de bonificaciones y rebajas por parte de unas instituciones adictas. En este último caso, recuerdo una conversación con un buen amigo y creyente, en el que me explicaba que, pese al desagrado que suponía el uso de una práctica más propia de una estrella del rock que del representante de una institución milenaria (para muchos católicos el mensaje está por encima de cualquier interlocutor), entendía que era muy necesaria la realización de actos de esta natura que sirvieran para recordar a muchos jóvenes cristianos que no estaban solos, porque se les empezaba a percibir como bichos raros. No es extraño, porque la Iglesia o, mejor dicho, sus sectores conservadores, ha cortado de raíz cualquier intento de evolucionar.

     

    Otra de las causas de ese ocaso parecer el desnortamiento con el que la Iglesia percibe a sus adversarios. Para la institución es el sector laico de la población (cada vez más creciente y osado, todo hay que decirlo) el demonio al que hay que exorcizar (con alusiones a “planes” de descristianización de España cuya lectura siempre prodiga momentos penosos)  pero en realidad son las otras confesiones, especialmente las cristianas que provienen de un país tan religioso y al mismo tiempo tan enemigo de aliarse con una única confesión como es Estados Unidos. Para los ultraconservadores yanquis un católico puede ser tan nocivo como un bolchevique, un judío o un homosexual, aunque solo sea por el hecho de que teóricamente su lealtad está dividida entre el Estado al que pertenece y el Papado que dirige la fe que profesa. Una vez que el bloque soviético (tan rojo y tan ortodoxo, no necesariamente ateo) se vino abajo el apoyo que el gobierno estadounidense dio a Juan Pablo II desapareció, aunque no sin que antes éste condenara conveniente la teoría de la liberación, una doctrina que bien podía simbolizar la apertura a nuevos tiempos pero que resultaba muy incómoda por sus reivindicaciones sociales. Por mucho que me dijera un catequista hace ya quince años, el Credo nicaragüense habla de revolución y de lucha en la Tierra, no de metáforas para aguantarse hasta llegar a un más allá cuya existencia en el mejor de los casos hay que poner en entredicho. Como me recuerda en alguna ocasión una de las cabezas mejor amuebladas que conozco, el imperio no es católico, no tiene interés por los católicos y no desea que una confesión que debe lealtad al Jefe de otro Estado tenga mucho peso en su seno.

     

    No hay que olvidar, sin embargo, que en base a esa misma fe hay muchas personas que intentan vivir conforme a su credo. Obras sociales como Cáritas se están batiendo el cobre para ayudar a paliar los efectos de la feroz crisis que nos atenaza y nos bloquea. La Iglesia publicita mejor que bien la actuación de la institución y sus voluntarios, pero la financia de forma muy escasa. No es extraña la separación, pues la población ve con mejores ojos a la citada Cáritas o a los Hermanos de la Cruz Blanca que a un obispo que se arma un lío con el tema de la pederastia. Hay religiosos que se arremangan para echar una mano y los hay que llegan a hablar de excomulgar a los banqueros y a los poderosos, como también los hubo durante los días del innombrable que se largaron a lugares tan acogedores como el Pozo del tío Raimundo. Son excepciones a una regla que cada vez resulta más desagradable a una población que les ve mantener unos privilegios cada vez menos justificables en medio del hundimiento y destrucción del Estado de bienestar.

     

    La Iglesia seguirá manteniendo su poder durante mucho tiempo, pero me temo que será cada vez más alejada de unas bases desencantadas y / o tentadas por la pujanza de confesiones más vigorosas que, al mismo tiempo, ansían alcanzar la misma posición de privilegio de la que gozan los llamados papistas. Las voces que hablan de apertura, de adaptación y de renovación son acalladas o claman en los arrabales donde nadie parece escucharles. Los escándalos, como el de la monja que presuntamente sustrajo recién nacidos para darlos a familias bien, ocupan los medios de comunicación. La Iglesia ya no es intocable y se ha convertido en el saco de pegar puñetazos de una población que puede vivir con las hipocresías pero que tolera mal las imposiciones de las mismas.

     

    Personalmente, hace más de diez años que abandoné toda práctica de la religión católica, aquélla en la que mis padres me educaron. Llegó un punto en el que las contradicciones del mensaje y los mensajeros, así como la oposición natural a creer sin cuestionar resultaron ineludibles. Llega un punto en el que hay que ser consecuente y a mí me llegó con el cambio de milenio. La religión es como ese animal de peluche que te acompaña y te protege por las noches cuando eres pequeño, pero que abandonas en cuanto descubres que la noche no es más peligrosa que el día. Asumir la idea de que no hay un ser superior ni una vida futura no supuso caer en ninguna incertidumbre, sino tener la convicción de que es la vida presente y es el mundo en que la vivimos los que deben ser vividos. No hay que soportar las injusticias ni los males según la promesa de un paraíso futuro sino atajar las unas y cambiar los otros para construir esa arcadia aquí y ahora. El ideal de un lugar mejor, la máxima de ayudar y honrar al prójimo como a uno mismo nunca ha necesitado nada más que la asunción en cada uno de su precepto. El resto hace tiempo que abandonó su barniz divino y se centró en asuntos muy terrenos.

    Enviado por lcapote a las 02:16 | 6 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Bo-Chan Fecha: 2012-07-13 21:03

    Gran entrada Luis. Completamente de acuerdo con tu último párrafo.



    2
    De: Juanan Fecha: 2012-07-13 22:18

    como bien dices , lo malo es que si la Iglesia Católica pierde influencia y poder en beneficio de otras confesiones poco habremos ganado; ni siquiera escriben en latín.



    3
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2012-07-15 14:34

    Si la pierde en beneficio de las evangélicas siempre será menos dañino que si en su lugar aparecen los hermanos musulmanes. Por otra parte, no solo se trata de la pérdida (presente) de predicamento entre la sociedad, sino también de la (futura y tirando a lejana) pérdida de posición de privilegio en el Estado. Y lo del latín no se estila desde el Vaticano II.



    4
    De: Tirma Fecha: 2012-07-17 01:15

    Me parece increible que los comentarios que han sido inspirados por este artículo, tengan como sujeto principal la tristeza y el miedo.

    Resulta curioso que un escrito se pueda interpretar tan libremente que pueda aportar alas a ideas tan dispares.

    Lamentro profundamente, como digo, la tristeza de la gente por una perdida, o más bien substitución, que no empobrece sino que ha enriquecido a la sociedad.

    El miedo al cambio, ha estado siempre aquí. Adán y Eva ya pasaron miedo al dejar su parcelita de terreno cuando ya la tenían bien arregladita....

    Es normal que algunos, los que más próximos se encuentran de estos primeros hombres, tengan miedo de lo que no conocen. Desde aquí les mando un mensaje tranquilizador: Aprender a andar erguidos es lo mas complicado, ánimo que el resto llega poco a poco con el tiempo... no a todos.

    Adiós cristianos.

    P.D. Poco problema vería si tantos hermanos católicos se conviertieran en musulmanes. En sí, ser musulmán, es al menos, mucho más higiénico que meter la mano en una pila con agua vieja y pasarla por la cara, con la única excusa de estar bendecida por... ¿quien? y ¿donde puso las manos hace un rato ese hombre? (Me remito al tercer párrafo de Don Luis, para quien quiera saber donde las puso)



    5
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2012-07-17 02:08

    Doña Tirma: yo sí vería bastante problema. A día de hoy los modelos preponderantes de Islam son los que vienen patrocinados por los más bestias del credo. Ya quisiera yo el islam de la edad dorada de Al Ándalus, el guardián y recuperador de los tesoros de la Grecia clásica, el de Avecina, Averroes y Avempace. Pero me da que no va a ser el caso.



    6
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2012-07-17 02:12

    Avicena, que no Avecina, perdón.



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