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    Inicio > Historias > Acts of Vengeance!
    Acts of Vengeance! 2013-01-01

    Título: Acts of Vengeance!

    Formato: Tomo recopilatorio de la línea Marvel Omnibus de 739 páginas

    Autores: (G) John Byrne, Ron Frenz, Tom DeFalco, Mark Gruenwald, Dwayne McDuffie, David Michelinie, Gerry Conway, Howard Mackie, Terry Austin (L) Paul Ryan, Ron Frenz, Mark Bright, Dwayne Turner, Coleen Duran, Sal Buscema, Alex Saviuk, Kieron Dwyer, Al Milgrom, Herb Trimpe, John Byrne, Ron Lim, Mike Vosburg, Don Cameron, Erik Larsen, Todd McFarlane, Mike Manley, Vince Mieleraek (T) Tom Palmer, Joe Sinnott, Don Hudson, Chris Ivy, Andy Mushynsky, Mike Esposito, Keith Williams, Danny Bulanadi, Don Heck, Al Milgrom, Paul Ryan, Mike Vosburg, Don Cameron, Al Gordon, Todd McFarlane, Sal Buscema, Bob Downs (C) Christie Scheele, Tom Vincent, George Roussos, Nel Yomtov, Paul Becton, Mike Rockwitz, Bob Sharen, Glynis Oliver, Steve Buccellato, Dave Simpson (P) Alan Davis

    Editorial: Marvel Comics

    Precio: 99,99 dólares

    Comentario:

     

    Los más viejos del lugar (o aquéllos que viven la tercera o cuarta juventud) recordarán que las maniobras comerciales con las que Marvel nos lleva fustigando desde hace varios años no son un invento de Quesada ni surgieron con Dinastía de M. Desde que Jim Shooter experimentara con aquel clásico de la mercadotecnia llamado Secret Wars las grandes editoriales estadounidenses se sacaron de la manga un evento anual que recordara a la afición que aquellos eran universos –o multiversos- compartidos y que prometiera grandes cambios que nunca llegaban a concretarse. Primero fueron los mutantes con masacres, caídas e infiernos y más tarde llegaron los fregados que acababan implicando al masajista, al utilero y al del carrito de los helados. La Guerra de la Evolución y Atlantis ataca se circunscribieron a los anuales pero la siguiente verbena abriría fuego en las colecciones regulares y tendría a los Vengadores como eje central de la trama. Levanten la mano quienes vean aquí reminiscencias de los eventos anuales con los que Marvel nos fustiga últimamente.

     

    La premisa de la historia era cuando menos interesante (y osaría decir que en ciertos aspectos es precursora de los “iluminati” oscuros de Bendis): los principales villanos de la casa de las ideas deciden configurar una suerte de eje del mal bajo el asesoramiento de un misterioso servidor que sutilmente manipula los egos de sus teóricos superiores: Cráneo Rojo, Kingpin, el Doctor Muerte, el Mago, el Mandarín y Magneto se reúnen con el fin de derrotar a sus tradicionales adversarios. Ya está bien de acumular derrotas y de recibir más palos que una estera. Quizá la unión haga la fuerza y por fin los buenos muerdan el polvo, pero este círculo en la sombra no será el que se ensucie las zarpas. Hay una legión de villanos de segunda fila bien dispuesta a servir como carne de cañón. Para evitar que la historia se repita según los cánones habituales se aplica un truco simple pero posiblemente efectivo: enfrentar a cada héroe con adversarios que no conoce. Durante tres meses los héroes marvelianos se las verán con una guerra en todos los frentes donde reciben bofetadas de enemigos de nuevo cuño, pero serán los Vengadores quienes reciban un castigo mayor. La causa de esta especial inquina se halla en la identidad del misterioso asesor de traje blanco que susurra al oído de cada pope villanesco justo lo que quiere oír, sembrando la cizaña entre unos elementos con el ego sumamente hinchado.

     

    En aquellos días las colecciones grupales de los Vengadores se limitaban a tres cabeceras: la tradicional, que contaba las andanzas del grupo de Nueva York; la californiana, que narraba las aventuras de la división Costa Oeste y por último Solo Avengers (posteriormente Avengers Spotlight) en la que se presentaban sendas aventuras de vengadores sin colección en solitario, con especial predilección por Ojo de Halcón. Junto a estas tres series encontramos varias cabeceras protagonizadas por vengadores con tirón individual –como la santísima trinidad integrada por el Capitán América, el Hombre de Hierro y Thor- y experimentos curiosos como la colección de Quasar. Sobre ellas recayó el peso específico de una saga que, como se ha dicho, se extendió a casi todas las series que en ese momento se publicaban en Marvel, con especial atención a un Spider-Man que en aquellos tiempos se había hecho con los poderes del Capitán Universo.

     

    El punto de partida de la historia vino dado por una fuga masiva de la Bóveda, la prisión de máxima seguridad que entre finales de los ochenta y principios de los noventa albergaba a los criminales superpoderosos. Es el Mago el encargado de infiltrarse y armar un buen zaperoco dentro de una cárcel que unos años después ambientará una novela gráfica en la que los Vengadores tendrán que vérselas con un motín, un alcaide revanchista y un explosivo nuclear. El segundo paso lo ejecuta el Doctor Muerte, pues son sus robots los que asaltan y hunden la Hidrobase, instalación marítima sobre la que se asentaba la mansión de los Vengadores desde los tiempos de Stern y Simonson y que marcaría la primera fase del plan para que el grupo volviera a tierra firme. Estas dos trompadas abrirán paso a una serie de enfrentamientos orquestados para que los héroes no jueguen con la ventaja de la experiencia.

     

    Capitán América: a finales de los ochenta Mark Gruenwald se hallaba más o menos a la mitad de su larga estancia como guionista de la colección del cabeza alada. Steve Rogers acaba de volver a vestir el uniforme de las barras y estrellas tras la saga del Capitán y sus aventuras son dibujadas por Kieron Dwyer (que desaparecerá durante unos cuantos años para luego retornar junto a Kurt Busiek en las páginas de Los Vengadores) y el prolífico Ron Lim, que compaginaba esta labor con la de plasmar en viñetas las desventuras de Estela Plateada. Aún está por iniciarse la lenta decadencia de la colección, acentuada por la presencia de dibujantes de segunda y tercera fila, pero aquí don Mark hace lo que mejor se le da: actuar como buen conocedor del universo marveliano y enfrentar al Capitán América con el Controlador, al tiempo que dedica una gran parte de los capítulos que le tocan a analizar las motivaciones del nuevo Cráneo Rojo para unirse al cónclave de villanos.

     

    Quasar: la colección dedicada al protector cósmico se encontraba en esos momentos casi recién estrenada, en un momento en el que nadie daba un duro por ella. No obstante llegó a sobrevivir un lustro largo, gracias a los guiones de un Mark Gruenwald que haría con Wendell Vaughn uno de los mejores trabajos de su carrera y gracias a la presencia de profesionales de la talla de Paul Ryan, Mike Manley o un primerizo Greg Capullo. Aquí el protector novato está adaptándose aún a sus tareas como héroe cósmico y policía de aduanas extraterrestres, lo que don Mark aprovecha para enfrentarle a personajes tan dispares como Veneno, el Láser Viviente, Klaw, el Hombre Absorbente o Terminus. Su condición de vengador novato será aprovechada por Byrne para convertirle en el único defensor del fuerte cuando los muertebots asalten la base flotante y la conviertan en un chiringuito submarino. Es aquí donde Gruenwald desarrolla su faceta de enciclopedista loco y donde empiezan a plantarse las semillas de la que será la saga definitiva del personaje, Cosmos en colisión pero ésa es otra historia.

     

    Iron Man: en el caso del Hombre de Hierro encontramos ya los primeros signos de descoordinación a nivel editorial. Cuando arrancó la saga el bueno de Tony Stark se encontraba celebrando el número doscientos cincuenta de su cabecera junto a David Michelinie y Bob Layton, los cuales se despedían por segunda vez de enlatado haciendo que éste y su ferroso adversario el Doctor Muerte volvieran a liarse en una aventura artúrica. Aunque originalmente se intentara colar como parte de la saga lo cierto es que no tenía mucho que ver con ella (y de hecho esa aventura no aparece en esta recopilación), así que la tarea de que el guardaespaldas –ejem- de Stark se diera de tortas con un desconocido cayó en los capaces guiones del eficaz Dwayne McDuffie y en los temibles lápices del voluntarioso Herb Trimpes. El Destructor, cabeza bolo visible de la Brigada de Demolición intentará convertir al Hombre de Hierro en clips sujetapapeles en unos números que solo daban ganas de salir corriendo y no parar hasta Pernambuco.

     

    Thor: por aquellos tiempos las aventuras del dios del trueno asgardiano-marveliano eran contadas al alimón por uno de esos equipos que acaban siendo algo así como una suerte de matrimonio creativo. Tom DeFalco y Ron Frenz han compartido labores creativas contando, amén de historias del ricitos de oro, otras centradas en Spider-Man, Spider-Girl o Thunderstrike. Si en el caso del trepamuros el dibujante emuló el estilo del maestro Steve Ditko, a la hora de tratar con Thor hizo lo propio con las artes del gran Jack Kirby. El cambio de entintador –de Brett Breeding a Joe Sinnott- acentuó ese sabor “lee-kirbiesco” que sustituyó la insuperable etapa de Walter Simonson al frente del personaje y que con los años ha demostrado tener muy mala vejez. Fieles a la máxima de volver a los orígenes, Frenz y DeFalco recuperaron la identidad mortal de Thor en la forma de una unión circunstancial con Eric Masterson, un arquitecto divorciado que tenía la custodia de su hijo y que debía compaginar sus obligaciones profesionales y familiares con la condición de alter ego / escondrijo de una deidad nórdica y con la de niñera de un recuperado Hércules que, después de desaparecer en el capítulo final de La Guerra de la Evolución volvió convertido en fan de los Fine Young Cannibals. El enemigo escogido para hacer frente a Thor pasaría a convertirse en uno de sus principales adversarios: el Juggernaut. El combate sería además la excusa para presentar a un grupete que daría mucho que hablar en la década siguiente, los Nuevos Guerreros.

     

    Los Vengadores: las colecciones principales de la saga estaban controladas en ese momento por un único guionista que, además, ejercía como dibujante en la serie de los Costa Oeste. El autor en cuestión no era otro que John “Cabreos” Byrne, que conseguía por fin algo que no se había planteado desde los tiempos en los que su amigo Roger Stern, a la sazón guionista de la colección vengativa principal, escribió la miniserie que narraba la fundación de la división californiana. Esta situación no se repetiría tras la marcha de este polémico caballero, pero mientras duró –que no fue mucho- planteó un concepto interesante que se recuperaría más tarde por parte de Kurt Busiek y que evoca la organización elaborada por Bendis en tiempos más recientes. Solo hay un grupo de Vengadores y todos los miembros pasados y presentes pueden ser convocados en cualquier momento, seleccionándose a los más adecuados en función de la misión que deba afrontarse. Un ataque global como el orquestado por el cónclave de villanos se convierte en la ocasión ideal para ver en acción a personajes que no habían tenido mucha presencia en el equipo (como Dragón Lunar o Ave de Fuego) o bien retornaban después de una ausencia más o menos larga (como la Capitana Marvel). Leídos los capítulos correspondientes a estas colecciones con la perspectiva del tiempo puede comprobarse que Byrne había aprovechado muy bien el tiempo de ventaja que tenía en la colección de los Vengadores Costa Oeste: había descacharrado a la Visión, eliminado de la existencia a los hijos de éste y de la Bruja Escarlata, convertido a ésta en el blanco de una selecta sucesión de cabronadas, recuperado a la Antorcha Humana original y enrolado a un nuevo Hombre de Hierro (ejem) y al USAgente, una versión noventera del Capitán América pasada de esteroides, orgullosamente reaganiana y con los tornillos quizá no muy bien puestos. La única cabecera que quedaba fuera de su control directo era Avengers Spotlight, donde el equipo supremo compuesto por Howard Mackie, Al Milgrom y el veterano Don Heck (que quizá merecía mejor suerte en este tramo final de su carrera) contaba historias de Ojo de Halcón y Pájaro Burlón en tanto que otros equipos contaban historias sueltas relacionadas con la trama y protagonizadas por el Hombre Maravilla, la Avispa o una alineación exclusivamente integrada por vengadoras. En la parte gráfica hay que destacar a un Paul Ryan que hacía doblete entre la colección de los Costa Este y la de Quasar y a un Tom Palmer cuyo estilo con las tintas sería signo identificativo de la colección durante más de diez años y ciento cincuenta números.

     

    El tomo de la edición yanqui contiene además los números en los que Spider-Man se las veía con enemigos tan dispares como Gravitón, Magneto, los Hermanos Grimm o el Tricentinela. Eran los días felices del matrimonio con una Mary Jane metida a actriz de culebrones y convertida en una pelirroja explosiva por obra y gracia de Todd McFarlane y sus émulos. Dibujantes consagrados como el ya mentado o Erik Larsen compartían labores con veteranos como el venerable Sal Buscema o ilustradores antaño denostados y hoy olvidados como Alex Saviuk. David Michelinie y Gerry Conway eran los responsables de narrar las historias del lanzarredes en los días en los que su aspecto se volvió aún más arácnido y sus andanzas se repartían por tres colecciones. Como curiosidad hay que indicar que también se recopila la participación de Capa y Puñal en el evento, en unos incalificables números escritos por Terry Austin y dibujados por otro nombre “maldito” de aquellos tiempos, Mike Vosburg.

     

    Vista con la perspectiva de los años hay que reconocer que en Actos de Venganza aparecen muchos elementos que luego se reutilizarán en eventos de naturaleza similar. Sin embargo, sus repercusiones fueron más bien pocas y pasada la rebambaramba las aguas volvieron a su cauce. Los villanos acabaron siendo incapaces de trabajar en equipo y con ello plantaron las semillas de su enésima derrota; los héroes volvieron a sus quehaceres con uno o dos nuevos enemigos en los que pensar. Magneto volvió nuevamente a la senda de los villanos, justo a tiempo para ser el gran enemigo de la nueva colección de la Patrulla-X. La cantidad de historias paralelas generadas provocó las consabidas contradicciones que -¡quién si no!- Mark Gruenwald se encargaría de explicar en una historia de complemento publicada en el anual vengativo el año siguiente (enmarcado en otra saga bien recordada por los infames dibujos de Herb Trimpes como fue El Factor Terminus). El número de páginas del tomo y los altibajos de calidad hacen que uno se pregunte si veremos una reedición de esta saga en breve, ahora que la reedición de los Vengadores de Roger Stern ha dejado la recuperación del primer volumen de la colección de aquéllos muy cerca de los acontecimientos de esta saga. Algunos episodios han envejecido francamente mal, pero otros son una buena muestra del buen hacer de algunos autores que sabían cómo llevarse el evento a su terreno y aprovechar para contar algo de su interés.

     

    La edición anglosajona no está mal, si tenemos en cuenta que su tamaño y grosor convierten a este tomo en un ladrillo difícil de manejar. Además, el papel satinado no es precisamente lo mejor para reproducir el color que se utilizaba a finales de los ochenta del siglo pasado, pero ésa ya es una queja habitual en estos casos.

     

     Lee la reseña en Zona Negativa.

     

    Enviado por lcapote a las 21:31 | 0 Comentarios | Enlace


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