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    Inicio > Historias > La Patrulla-X: La Canción del Verdugo
    La Patrulla-X: La Canción del Verdugo 2013-07-16

    Veinte años han pasado desde que La canción del verdugo se editara en España y diecisiete desde que volviera a publicarse por parte de Comics Forum dentro de su formato Obras maestras. Vista con la perspectiva que da una distancia de dos décadas puede decirse tranquilamente que esta saga refleja perfectamente lo que era la franquicia mutante durante los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado. El buque insignia de la casa de las ideas vivía de las rentas de los quince años de trabajos de Chris Claremont, jugaba con la inercia de las mareantes cifras alcanzadas por Jim Lee y Rob Liefeld y se enfrentaba a las consecuencias de la marcha de éstos, formulando una pregunta que de alguna manera está siempre presente en la industria estadounidense: ¿dónde radica la clave del éxito? ¿en los personajes o en los autores? En aquellos días era Bob Harras quien, con puño de hierro (y dicen las crónicas que guante de esparto) controlaba las colecciones-X y tenía a Scott Lobdell como niño bonito de la escudería (lo que, viendo un poco lo que pasa en DC actualmente hace buena la letra de aquel tango que decía que “veinte años no es nada”, pero no nos desviemos). El editor mutante redobló esfuerzos para aminorar las graves consecuencias de la marcha de los “siete magníficos” a Image Comics y contraatacó echando toda la carne en el asador para el tradicional evento-X anual, que ya estaba en fase de planificación cuando los dibujantes por todos conocidos decidieron hacer tocata y fuga.

     

    El prólogo de La canción del mendrugo se encuentra en la miniserie prestigio de dos números que Fabián Nicieza escribió y que John Romita JR dibujo en sustitución de Rob Liefeld (eso que salimos ganando, como decían en la sección Noticias USA de Forum). Allí uno de los mejores y más competentes guionistas que se las hubo en aquellos días un tanto tormentosos decidió profundizar un poco en un personaje cuyo teórico –y discutido- creador había esbozado como un cacho mula que reunía en sí las cualidades intelectuales y filosóficas de Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Chuck Norris y Charles Bronson. Allí conocíamos algo más de su misterioso pasado como mercenario y el origen de su enfrentamiento con Dyscordia, el líder terrorista mutante que compartía cara –y ojo con brillitos- con el expeditivo jefe de X-Force, al tiempo que quedaba abierto el camino para el evento mutante que llegaría pocos meses después. En aquellos dos tomos Nicieza conseguía que un personaje tan antipático por su carácter unidimensional empezara a captar el interés de un público que empezaba a preguntarse si había algo de enjundia narrativa detrás de tanta posturita. Experiencia no le faltaba a don Fabian, que después de poner guiones a los “unga-argumentos” de Liefeld pechó de mil amores con la tarea de sustituirle al frente de X-Force.

     

    Cuando comienza la historia la Patrulla-X todavía funciona vagamente según los criterios de los equipos oro y azul, aunque en la práctica hubiera bastante mezcla e interacción de uno a otro lado. En esta ocasión la historia recorrerá cuatro colecciones las cuales se plegarán al hilo argumental, aflojando las barreras entre grupos y personajes. Por su parte, Factor-X está establecido como el equipo mutante gubernamental de Estados Unidos y era una de las colecciones más interesantes de la franquicia gracias al trabajo de Peter David. Por último, X-Force abordaba su condición de héroes fugitivos medio abandonados por un mentor que les había pedido que abandonaran la seguridad de la escuela de Xavier y dejaran de ser estudiantes para convertirse en soldados. Cuando comience el follón todas las miradas –y las pistolas- se dirigirán hacia ellos.

     

    La historia arranca con lo que parece ser un día habitual en la vida de una Patrulla-X que parecía contagiada por el virus de la desgracia sentimental. Lobezno lloraba la muerte de Mariko Yashida, Bobby Drake veía cómo su relación con Ópalo se enfriaba definitivamente, Tormenta había ¿rechazado? ¿sido rechazada? a / por Forja en una cuestión matrimonial y en líneas generales, Lobdell parecía ir despachando las historias sentimentales de algunos personajes que había heredado de las etapas de Claremont o Simonson, es de sospechar que porque no sabía qué hacer con ellas o porque tenía que lidiar con alguna imposición llegada desde arriba. De repente se montan varios follones simultáneos y Scott y Jean son secuestrados mientras ante las cámaras televisivas Cable le mete un tiro en la cabeza al profesor Xavier durante un acto público. La carpa del circo está bien montada y los jefes de pista van a ser tres de los principales enemigos de la franquicia mutante, uno por cada grupo: Apocalipsis, Míster Siniestro y Dyscordia.

     

    Hay que mencionar el hecho de que en aquellos tiempos a Magneto se le contaba entre las bajas porque había caído –teóricamente- en X-Men nº 3, por lo que, puestos a montar un buen meneo en las listas de ventas se echó mano del resto de los pesos pesados. Apocalipsis había pasado de risible jefe maloso con Bob Layton a mutante con capacidad para plantar cara a dioses y celestiales con el matrimonio Simonson. Míster Siniestro había sido el enemigo en la sombra de la Patrulla-X desde que Magneto pasara al bando de los buenos. Dyscordia era… bueno, otra creación de Rob Liefeld que también se presentó en los últimos estertores del primer volumen de Los Nuevos Mutantes y que por todo signo distintivo tenía, como se ha dicho más arriba, el mismo careto que Cable. Los tres se presentan como autoproclamados arquitectos del futuro de la especie mutante y consecuentemente están llamados a chocar no sólo con los equipos-X sino entre sí. Siniestro vuelve a ser el manipulador de costumbre en tanto que Dyscordia se presenta como una versión mucho más poderosa y joven de Apocalipsis lo que, siguiendo la filosofía de este último supone que el viejo En Sabah Nur debe afrontar la extinción. Las viejas amenazas conocidas dejan pasado a una mucho más violenta que, por desgracia, tiene cierta predisposición hacia la grandilocuencia y el histrionismo. Y que habla de una venganza de forma tan críptica en cuanto a los hechos causantes / justificantes de la misma que ninguno de los personajes termina de enterarse de qué rayos está hablando mientras a cualquier lector con un poco de conocimiento de la franquicia le sobraría medio minuto para encontrar las lógicas conexiones.

     

    La saga sigue el esquema clásico patentado por el patriarca mutante de cerrar unos cuantos cabos sueltos para abrir otros tantos. En este caso quedó semi-cerrada la cuestión de la verdadera identidad de Cable (aunque solo se desvelaría del todo en los primeros números de su serie regular) y se abrieron matraquillas como el virus del legado o la tortuosa relación entre Gambito y Pícara.

     

    A nivel creativo hay destacar que los distintos episodios englobados en la saga de cada colección reflejan a la perfección el estado de la misma en esos tiempos. Así, la Patrulla-X estaba en manos del nunca demasiado competente Scott Lobdell, que nunca pasó de escribir a los personajes de la colección como una mala copia de Claremont (aunque en el capítulo de epílogo se redima parcialmente); a su lado aparece un novato Brandon Peterson que pronto marcharía oyendo los cantos de sirena de Image y que aquí resulta ser el más flojo de los dibujantes implicados. Por su parte Fabian Nicieza se encargaba de X-Men y X-Force, más atado en la primera y más libre en la segunda, afortunadamente acompañado por dos artistas de primer nivel que todavía hoy están en lo más alto de la profesión, Andy Kubert (responsable de que la parroquia mutante dejara de añorar un poquito los lápices de Jim Lee) y Greg Capullo (que venía de ser descubierto por Mark Gruenwald en Quasar y partiría más tarde hacia el Spawn de Todd McFarlane). Por último y yendo más a su bola manola cuando se lo permitían encontramos a Peter David en Factor-X junto a otro artista que ha dado bastante que hablar en todos estos años, Jae Lee. Entre tanto lapicero novedoso resulta interesante encontrar en el apartado de entintado a nombres ilustres como los de Terry Austin, Allen Milgrom o Glynis Oliver, quizá para arropar a aquéllos en sus inicios.

     

    Esta edición en el seno de Marvel Heroes constituye una buena ocasión –sobre todo por el precio- para ver qué se cocía en la Patrulla-X y barrios aledaños hace veinte años.

     

    Lee la reseña en Zona Negativa. 

     

    Enviado por lcapote a las 17:05 | 0 Comentarios | Enlace


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