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    Inicio > Historias > Nick Furia vs. SHIELD
    Nick Furia vs. SHIELD 2013-08-24

    Título: Nick Furia vs. SHIELD

    Formato: Tomo de 304 páginas de la Línea Marvel Gold

    Autores: (G) Bob Harras (L) Paul Neary (T) Kim DeMulder (C) Bernie Jaye (P) Jim Steranko

    Editorial: Marvel Comics / Panini Comics

    Precio: 30 euros

    Comentario:

     

    Nick Furia ha sido una presencia constante en el universo marveliano. Desde que Stan Lee y Jack Kirby recuperaran en Los Cuatro Fantásticos a este veterano de la II Guerra Mundial, el antiguo sargento chusquero de los comandos aulladores ha sido la personificación (a lo garrulo) de las historias de espionaje modelo “James Bond” en la casa de las ideas. Dirigir la principal agencia de información del corral ha permitido al coronel ser un secundario imprescindible que podía pasearse por exigencias del guión por cualquier rincón y por cualquier colección. Sin embargo, su indudable carisma no le ha permitido tener una presencia constante en la forma de cabecera propia, aunque para la historia del cómic quede una etapa legendaria en la que el gran Jim Steranko hizo maravillas experimentando y contando unas historias que nada tenían que envidiar a las del 007 cinematográfico. Quizá la existencia de esos tebeos, sumada al potencial del género de espías y al carácter icónico de Furia haya permitido que cada cierto tiempo haya existido una cabecera dedicada a él y a sus aventuras al frente de SHIELD.

     

    Una de las intentonas que más prosperó tiene en Nick Furia vs. SHIELD (o Nick Furia contra SHIELD, como la conocimos los que la leímos por obra y gracia de Comics Forum) su prólogo. La historia que Panini recopila en un pesado –y un tanto caro- tomo de su línea Marvel Gold fue publicada por primera vez hace ya veinticinco años en el por entonces novedoso y hoy desaparecido formato prestigio. Bajo esa forma de edición verían la luz obras en las que se buscaba una mayor calidad y donde se reunían autores de nivel. Una miniserie de seis tomos ya eran palabras mayores y durante esos años podríamos encontrar ejemplos de cómo el honor de contar con más de una entrega en un formato que, recordemos, era sensiblemente más oneroso, se reservaba a proyectos muy especiales como Meltdown o Centinela de la Libertad. En el caso de Nick Furia contra SHIELD la idea a contar se centraba en el descubrimiento por parte de Furia de la corrupción existente en SHIELD y en el posterior enfrentamiento entre el antiguo director y su organización. El guionista –comenta Peter García Sánchez en una reciente entrega de Una voz en el desierto- iba a ser Tom DeFalco, a la sazón jefazo marveliano de aquellos tiempos que siguieron a la partida de Jim Shooter, pero el encargo acabó en manos de un caballero que había empezado como editor asistente, que había hecho sus pinitos previamente como guionista de números de relleno y que no mucho tiempo después daría que hablar en ambos campos de la profesión al ser el tipo que puso fin a la presencia de Claremont en la Patrulla-X y al ser el escritor de una etapa de los Vengadores que –siguiendo paradójicamente las pautas del viejo Chris- conseguiría recuperar a la colección de la deriva en la que estaba sumida desde la marcha de Roger Stern y sería tan polémica como hoy es la de Brian Bendis: Bob Harras. Con su inclusión en el proyecto que había de enfrentar a Furia con SHIELD obtenía su primer encargo de importancia real.

     

    La historia comienza presentado a la agencia de espionaje que todos conocemos e incluye en ella todos los elementos con los que había funcionado durante las dos décadas precedentes. Su parafernalia tecnológica modelo “Q”, su elenco de agentes seleccionados para la gloria (que en no pocos casos había supuesto la recuperación de una parte de los Comandos Aulladores) y su eterna batalla contra las organizaciones rivales modelo HIDRA (esa forma de tener nazis sin llamarlos nazis de los estadounidenses) pero rápidamente nos metemos en harina porque Furia descubre que algo no solamente no va nada bien sino que va muy pero que muy mal. No era la primera vez que se jugaba con la idea de que había topos en la agencia, pero aquí estaban dispuestos a presentar algo más gordo: que toda la organización estaba podrida hasta las trancas. El grado de degradación existente será descubierto por Nick al tener que convertirse en un fugitivo al que sus antiguos camaradas desea quitar de en medio a como dé lugar. Traicionado, se verá obligado a hacer reluctantes alianzas con antiguos amigos y enemigos que parecían irreconciliables pero que se encuentran en una situación muy similar a la del tuerto. La situación de la vieja agencia enemiga fundada por el Barón Von Strucker es idéntica a la de SHIELD, por lo que los parias de ambos lados tendrán que hacer piña. Fiel a su política de tener siempre más de una salida Furia configura además un improvisado equipo compuesto por agentes de bajísimo rango y oficinistas. Su objetivo será alzar el velo y descubrir quién o qué se oculta tras él, manejando el teatrillo de títeres.

     

    Releyéndola con perspectiva se puede comprobar que la miniserie es hija de su tiempo y de unos días en lo que, en lo que a ficción se refería, las historias de espías según los estándares “jamesbondianos” clásicos estaban de capa caída. Los héroes musculosos que repartían justicia y estopa a partes desiguales estaban de moda. Los caballeros sofisticados dejan paso a musculosos ceporros cuya labor empieza donde termina la de la ley. No es extraño entonces que durante la segunda mitad de los ochenta vieran la luz dos películas de 007 protagonizadas por Timothy Dalton donde se presentaba a un Bond más frío y violento, enfrentado a amenazas que poco tenían que ver con los singulares villanos de antaño como el tráfico de armas o el de drogas. También eran los tiempos en los que la televisión acogía un mayor realismo en las historias “de policías y de ladrones” por obra y gracia de la exitosa Canción triste de Hill Street o la “videoclipera” Corrupción en Miami. Los buenos han dejado de ser tan buenos y parecen librar una batalla perdida. En el campo de los comics se experimenta una evolución parecida gracias a los trabajos de Frank Miller y Alan Moore, que configurarán una “zona gris” de moralidad en la que se moverán como peces en el agua personajes anti-heroicos como Lobezno o un Castigador cuya popularidad ya estaba en franco ascenso. La miniserie, hay que repetirlo, era la forma que Marvel tenía de hacer limpieza y presentar una nueva SHIELD con agentes más acordes con aquellos tiempos. Por ello no es extraño que una inmensa mayoría de los agentes clásicos fuera eliminada por las duras sin tener en cuenta su antigüedad en el medio. Una nueva organización adaptada a las nuevas exigencias de un mundo que veía esperanzado que la guerra fría terminaba (eran también los días de la perestroika de Mikhail Gorbachov) y se abría una nueva etapa en la Historia. Estas necesidades de modernización dieron para unos cuantos chistes en What the?! Pero, cosas que pasan, el desarrollo de la miniserie fue alejándose progresivamente de esas premisas realistas para meternos en una trama que recoge algunos de los tópicos más habituales de la ciencia-ficción en lo que a cibernética se refiere, sumiéndonos en una confusión derivada del hecho de que no terminen de quedar claras las motivaciones de los verdaderos enemigos del protagonista. Cierto es que todas las historias de espías tienen que tener algo de suspense, pero no hasta el punto de que el hilo argumental acabe hecho un ovillo. Pese a ello el trabajo realizado permitió a Harras avanzar en su carrera y llegar a destinos más importantes. Sus ideas en esta miniserie –especialmente la idea de Furia como agente fuera del sistema o las motivaciones de su auténtico enemigo en la misma- se recuperarán en fechas más recientes por parte de guionistas como Jonathan Hickman o Rick Remender en Guerreros Secretos o Vengadores Secretos.

     

    Pasando a la parte gráfica resulta muy sorprendente que el encargo de pechar con seis tomos recayera en manos del británico Paul Neary. Neary es un seguidor inconsciente de la filosofía Milgrom de ser un gran entintador, un editor competente y un peligro a los lápices. Prueba de ello es su larga etapa como dibujante del Capitán América escrito por Mark Gruenwald, donde la presencia de entintadores decentes como Dennis Janke lograba cubrir parcialmente sus múltiples carencias y la adición de otros menos hábiles como Vince Colletta las mostraban en todo su esplendor. Aquí cuenta con profesionales de nivel que permiten convertir esta miniserie en el mejor trabajo de Neary como artista principal. Con todo resulta brutal comparar los interiores de cada tomo con las portadas e ilustraciones realizadas por Jim Steranko, Bill Sienkiewicz, Kevin Nowlan, Tom Palmer o Joe Jusko.

     

    Como curiosidad final hay que indicar que en España se editó la miniserie en formato grapa (ah, Forum y sus experimentos) con portadas de Carlos Pacheco y alguna ilustración interior de Pasqual Ferry que Panini recupera para la ocasión, para gozo y deleite de nostálgicos. La edición de 2012 está más acorde con el material original que la de 1989, pero su extensión y el número de páginas incluido en el tomo (más de trescientas) hace que tenga un precio excesivamente alto para la calidad intrínseca que el tebeo que alberga.

     

    Lee la reseña en Zona Negativa.

    Enviado por lcapote a las 13:29 | 0 Comentarios | Enlace


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