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    Inicio > Historias > El Castigador: El efecto omega
    El Castigador: El efecto omega 2013-09-30

    Título: The Punisher 2. El efecto omega

    Formato: tomo de la línea 100% Marvel de 200 páginas

    Autores: (G) Greg Rucka, Mark Waid (L) Marco Checchetto, Mirko Colak, Mico Suayan (T) Marco Checchetto, Mirko Colak, Mico Suayan (C) Matt Hollingsworth, Dan Brown, Jim Charalampidis (P) Marco Checchetto

    Editorial: Marvel Comics / Panini Comics

    Precio: 15,95 euros

    Comentario:

     

    Segundo tomo de las aventuras del Castigador narradas por Greg Rucka y Marco Checchetto. Después de un prometedor arranque en el que el viejo magullado Frank Castle se ha movido en el escenario urbano donde se encuentra más cómodo, verá como su camino se cruza con el de dos viejos conocidos más apegados al campo de los pijamas: Spider-Man y Daredevil. El efecto omega recoge un cruce entre Avenging Spider-Man (un Marvel Team Up con otro nombre), Daredevil  y The Punisher, aprovechando argumentos provenientes de la colección del justiciero de la calavera y del abogado del pijama rojo para que sus guionistas nos planteen su particular versión de la complicada relación que, desde antiguo, han mantenido ambos personajes.

     

    Aunque Spider-Man y Daredevil han sido desde siempre superhéroes de libro y últimamente se han relacionado más con equipos con los que en principio no casaban mucho, lo cierto es que su condición solitaria y urbanita los ha situado más cerca del Castigador que de los Vengadores. Sin embargo, la actitud de este último –o más específicamente, de la versión surgida en los años ochenta, en plena explosión cinematográfica del concepto de “justiciero seispesetas de la era Reagan”- les ha llevado a chocar constantemente. Castle no muestra respecto a sus enemigos el mismo respeto por la vida que podemos encontrar en Peter Parker o Matt Murdock, lo que hace que para la mayor parte de la comunidad empijamada el Castigador no sea muy distinto de los adversarios a los que se enfrenta. La caracterización que se ha dado al personaje siempre se ha movido entre la inmisericordia y la chifladura, pero siempre ha quedado patente que la formación de equipo con el Castigador constituye una alianza incómoda que por lo común acaba con un regusto amargo cuando no saltando por los aires. Spider-Man y Daredevil se muestran cuando menos incómodos cuando tienen que lidiar con Castle y este último se mueve entre un vago respeto a sus circunstanciales compañeros y la falta de respeto por considerarles un par de imbéciles condenados a partirse la cara con los mismos enemigos.

     

    En esta ocasión Spider-Man queda reducido a un segundo plano, llevando Daredevil y el Castigador el peso principal de la historia. Después de todo la participación del trepamuros blaugrana viene de la mano de una de sus cabeceras menores, en tanto que son Waid y Rucka, jefes de pista del cuernecitos y el carnicero los que se arremangan para llevar a cabo las tareas de guión. La excusa es cierto soporte de almacenamiento de información que se halla en posesión de Murdock y que contiene información suficiente como para desmontarle el chiringuito a varios de los principales grupos criminales de la ficción marveliana. Un instrumento tan tentador llama necesariamente la atención de personas interesadas a ambos lados de la ley. Así, si previamente había sido la Gata Negra la que había intentado echarle la zarpa, y desde hace varios números las organizaciones afectadas intentan hacerle la pascua al abogado del pijama rojo en su propia colección, ahora es el Castigador el que quiere echarle el guante como modo de adelantar trabajo. Matt lo tiene claro: esos datos en manos de Castle equivalen a un gran baño de sangre; Frank lo tiene claro: esos datos en manos de Murdock equivalen a una monumental pérdida de tiempo. Una vez más volvemos al problema básico de su enfrentamiento: fines, medios y justificaciones.

     

    Otro nuevo elemento para este viejo conflicto viene dado por la presencia de la nueva aliada del Castigador, la sargento Cole-Alves. En el primer tomo Rucka y Checchetto contaba el origen de esta infante de marina que había visto morir a casi toda su familia el día de su boda, en lo que venía a ser un obvio paralelismo con la historia de Castle. Como Frank, ha visto morir a los suyos a manos de agentes del crimen organizado; como Frank, tiene formación militar. Cuando la tienen delante Spider-Man y Daredevil el primero no puede evitar pensar en unos cuantos chistes en tanto que el segundo se pregunta si podría salvar a esta nueva justiciera, ya que no pudo salvar al original.  Waid y Rucka demuestras sus habilidades como guionistas escribiendo a unos protagonistas que resultan reconocibles, creíbles y, pese a todo lo vivido / leído junto a ellos, conmovedores. Matt intentará constantemente salvar la vida a Frank, pero este último se considera muerto desde hace mucho.

     

    Una vez cerrado el encuentro con los viejos conocidos don Greg retoma la senda iniciada y devuelve al Castigador y a su compañera al camino de la venganza contra quienes masacraron a los allegados de la segunda. Volvemos a encontrarnos con la pareja de policías encargada de la investigación sobre las andanzas de Castle y asistimos al desenlace sobre los secretos relativos a la meteórica carrera de uno de ellos, el más joven. También es de agradecer que se usen personajes como Norah Winters y –muy tangencialmente- Phil Urich, por aquello de recordarnos que seguimos en Nueva York y que, pese a su tamaño, es lógico que se produzcan los consabidos encuentros. Rucka nos ofrece un par de giros inesperados en los que se refleja el final, un tanto apresurado, que tuvo que dar a sus planes para con el personaje. Queda para más adelante un epílogo –Punisher War Zone- en el que el Castigador se enfrentará a los Vengadores y Castle será trasplantado a un ecosistema tan exótico como el de los pijamas. Ya hemos visto en los adelantos yanquilandeses que lo tendremos en una extraña y colorada encarnación de los Thunderbolts pero mucho me temo que el bueno de Frank estaba más cómodo en este entorno de lo que lo habrá de estar en aquél. Al menos serán Rucka y Checchetto los que se encarguen de realizar ese capítulo final.

     

    En el apartado gráfico hay que seguirse quitando la gorra ante la labor de don Marco, haciendo mención especial de los otros responsables del asunto, sus sustitutos Mirko Colak y Mico Suayan. Sus estilos se alejan bastante del de Checchetto pero cumplen con notable corrección.

     

    Es una verdadera lástima que la serie haya tenido un final tan abrupto y que no haya llegado al año y medio de existencia, porque el paisaje dibujado por los autores prometía algo que hubiera sido del gusto de los consumidores de series de corte policiaco según modelos que van desde Canción triste de Hill Street  a las múltiples variantes de CSI. Quizá estemos asistiendo a otra crisis en la popularidad de un personaje que lleva cuarenta años en las viñetas, treinta en los mercados y que ha alternado momentos de ubicuidad dignos de Lobezno con sequías que no se curaban ni con junta de médicos.

     

    Lee la reseña en Zona Negativa. 

    Enviado por lcapote a las 03:14 | 0 Comentarios | Enlace


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