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    Inicio > Historias > Iron Man y Thor
    Iron Man y Thor 2013-12-04

    Título: Iron Man / Thor: Complejo de dios

    Formato: Tomo recopilatorio de la línea 100% Marvel

    Autores: (G) Matt Fraction, Dan Abnett, Andy Lanning (L) John Romita JR, Scott Eaton (T) Klaus Janson, Jaime Mendoza, Jeff Huet, Lorenzo Ruggiero (C) Dean White, Veronica Gandini (P) Ron Garney

    Editorial: Marvel Comics / Panini Comics

    Precio: 11 euros

    Comentario:

     

    La llegada de la llamada edad heroica ha servido, entre otras cosas, para que personajes que tenían una relación añeja y que hacía tiempo que no interactuaban juntos volvieran a verse las caras, con el fin de solventar malentendidos varios, echar el cierre a algunas rencillas y en definitiva, recuperar parte del statu quo ”arqueclásico” para que el espectáculo continúe. Así, hace ya unos cuantos meses vimos unas guerras asgardianas en las que Brian Michael Bendis y Alan Davis se encargaban de que Steve Rogers, Tony Stark y Thor volvieran a ocupar sus puestos como integrantes de la trinidad vengadora por antonomasia. Ahora es el turno de que el Hombre de Hierro y el dios del trueno nórdico hagan tándem como en los días de antaño y partan caretos que no sean los mutuos.

     

    Los lectores más veteranos recordarán que, dentro de los Vengadores, estos personajes que, arquetípicamente estaban situados en posiciones bastante alejadas (el héroe tecnológico y el mito fantástico-heroico), forjaron una relación bastante cercana, la cual se concretó en la revelación mutua de sus identidades (mucho antes de que otros miembros esenciales del equipo como el Capitán América o la Avispa fueran hechos partícipes de tales revelaciones, las cuales obedecieron más a circunstancias ajenas a la voluntad de los implicados que a un acto de voluntad movido por la confianza). Sin embargo, los acontecimientos de los últimos tiempos generaron un profundo cisma entre ambos, principalmente motivado por la clonación de Thor a manos del equipo científico del bando comandado por el Hombre de Hierro durante los días de Guerra Civil. El regreso a la Tierra del dios nórdico reveló el profundo desagrado con el que éste afrontaba las novedades acontecidas en su ausencia. Después de la aventura en la dimensión asgardiana, parecía que las fricciones entre ambos y con Steve Rogers se habían atenuado pero ¿hasta el punto de desaparecer? Como premisa, la necesidad de hacer piña con alguien con quien tienes ciertas cuentas pendientes no es original, aunque siempre se le puede sacar un poco más de jugo. Veamos qué ha pasado en esta ocasión.

     

    Para empezar, hay que advertir que, a guisa de no-prólogo, Panini ha colado una historia sacada del día de los tebeos gratuitos que cuenta con idénticos protagonistas, pero cuya trama y equipo responsable nada tiene que ver con la historia principal, que es la miniserie propiamente dicha. El interés principal de la misma viene dado por el hecho de que el guionista no es otro que Matt Fraction -que actualmente se ocupa de escribir las aventuras de ambos personajes en sus colecciones principales- en tanto que el dibujante es un John Romita JR que está bastante mejor que en su periplo vengativo reciente. Acostumbrados como nos tiene don Matt a esos interminables arcos argumentales, largos cual día sin pan o esperanza de pobre, verle en una aventura que apenas ocupa lo que un tebeo normal y corriente siempre llama la atención. La historia recuerda lejanamente a la contenida en Astonishing Thor, ya que perturbaciones estelares provocan cambios drásticos a nivel atmosférico y climático, aunque luego lo cósmico es sustituido por una trama que más parece sacada de algún informe sobre la corrupción urbanística que otra cosa. Un puñado de personas pudientes han decidido jugar a “sálvese quien pueda” y mudarse a un paraje todavía virgen, sin que les importe un pimiento el perjuicio ecológico que puedan provocar (¿a qué me sonará esto?). El argumento apenas da para comprobar que la seguridad de las empresas del tío Tony cada vez está peor y que Thor no termina de ver con buenos ojos algunas de las actividades de su colega vengador, pero si bien la cosa no mata del gusto, hay que reconocer que tampoco lo hace del susto.

     

    La miniserie propiamente dicha abandona parcialmente los derroteros tecnológicos y se adentra en cuestiones místicas. Ambientada durante los días de la reconstrucción de Asgard, plantea una historia en la que el vengador dorado y el melenudo del martillo han de hacer equipo para hacer frente a un plan en el que, en principio, están implicados dos de sus adversarios tradicionales: Ulik el troll y la Dinamo Carmesí. Ambos llevan a cabo misiones que provocan que sus caminos se acaben cruzando con el de los dos héroes. Sin embargo, ellos no son más que los ejecutores de los planes de las cabezas pensantes del complot, que también son dos viejos conocidos del dúo protagonista: Diablo el alquimista y el Alto Evolucionador. El primero, enemigo tradicional de los Cuatro Fantásticos, se ha aliado con el segundo, que a ratos es una amenaza tamaño XXL (como en La Guerra de la Evolución) y a ratos un científico al que la cacerola de la cabeza le aprieta tanto que convierte sus buenas intenciones en experimentos catastróficos. El objetivo que se han marcado es, agárrense que vienen curvas, fabricar una divinidad para el siglo veintiuno, ya que considera el señor de la armadura magenta y plateada que los panteones actuales no están en la onda y hay que darles la jubilación en nombre de lo nuevo y mejor. El plan ya de por sí es un tanto surrealista (y ni siquiera es del todo original, habría que añadir) pero el desarrollo del mismo y del tebeo que lo contiene ya entra del reino de la tontuna  sin remedio. La trama avanza a puñetazos en lo que parece un inesperado homenaje a las películas de Terence Hill y Bud Spencer, concretado en una sucesión de “luchas por parejas que se atizan con todo lo que trincan a mano”, pero sin el humor inherente a aquéllas. Que el dúo conspirador exponga claramente sus planes sin que ellos y sus oponentes acaben desborregados por el suelo víctimas de un ataque de risa ya resulta milagroso, pero al menos servidor hacía mucho que no encontraba un tebeo con un argumento tan bobo y un desarrollo tan penoso. Abnett y Lanning pueden haberse hecho populares trabajando en la franquicia cósmica y demostrando que hay en ella vida más allá de Jim Starlin, pero a la hora de enfrentarse con otro de los conceptos-fetiche del papá de Dreadstar como es el concepto de divinidad, hay que reconocer que no le llegan ni a la suela de la chola. Leer este trabajo suyo me ha hecho sentir casi veinte años más joven, cuando el dúo de guionistas nos deleitaba con horrores como Fuerza de Choque. En la parte gráfica tenemos a Scott Eaton, uno de esos dibujantes que siempre cumple, pero que podría esforzarse una miaja en el campo de las ambientaciones, porque los pasajes ambientados en el pasado más o menos lejano son para tirarse un poco de los pelos. Al menos, se nota que en todo este tiempo don Dan y don Andy han aprendido algo más sobre España (o rebuscado en la Wikipedia) y por aquello de que Diablo es de por aquí, han tenido a bien cascar un flashback históricamente bien cuadrado (aunque entre el villano marveliano y el guerrero castellano que contrata sus servicios haya una separación de unos doscientos años).

     

    Complejo de dios es un vulgar sacaperras que no se puede recomendar salvo a aquéllos que sean coleccionistas compulsivos de las apariciones del férrico y del aesir, y que sean capaces de poner el listón a ras del suelo.

     

    Lee la reseña en Zona Negativa. 

     

    Enviado por lcapote a las 16:51 | 0 Comentarios | Enlace


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