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    Inicio > Historias > Los Vengadores: Por derecho divino
    Los Vengadores: Por derecho divino 2016-12-08

    Título: Vengadores: Por derecho divino

    Formato: Tomo en tapa blanda con solapas de la serie Marvel Gold de 208 páginas

    Autores: (G) Jim Shooter, J. M. DeMatteis (L) Bob Hall, Alan Weiss, Alan Kupperberg, Don Perlin, (T) Dan Green, Don Heck, Al Milgrom, Jack Abel, Frank Giacoia, Marie Severin, Brett Breeding, Josef Rubinstein, Chic Stone, Vince Colletta (C) Don Warfield, Bob Sharen, Christie Scheele, Ben Sean (P) Bob Hall

    Editorial: Marvel Comics / Panini Comics

    Precio: 21 euros

    Comentario:

     

    La fortaleza de la franquicia vengativa ha hecho que los productos vinculados a la misma se multipliquen a ambos de la charca. Si a ello sumamos la proximidad de la anunciadísima película dirigida por Joss Whedon, es de esperar que veamos más cabeceras y grupos de Vengadores durante el próximo año. A este lado del océano hemos podido comprobar que Panini ha dedicado una parte sustancial de su sello Marvel Gold (en la versión más cara) a recuperar algunos de los momentos más importantes de la historia de los Vengadores: la Guerra Kree-Skrull, el enfrentamiento con Ares, el origen cuasi-definitivo de Mercurio y la Bruja Escarlata, la Saga de Korvac… todos ellos episodios grabados en mayor o menor medida en la memoria colectiva de una afición que ha visto estas aventuras reeditadas en los más variopintos formatos. Sin embargo, hay que reconocer que no se agota en esta lista el conjunto de clásicos populares vengativos ya que, con toda seguridad, hay al menos una etapa mítica que –salvo arcos argumentales puntuales- no ha vuelto a ver la luz en más de un cuarto de siglo: la de Roger Stern.

     

    Si se echa una rápida ojeada a la historia de los Vengadores, puede reconocerse una curiosa pauta que combina varias etapas de cierta duración y desarrollo –como las de Roy Thomas, Steve Englehart, Jim Shooter, el citado Stern, Bob Harras, Kurt Busiek o Brian Bendis- con otras de carácter transitorio o directamente malogradas, como las de John Byrne, Larry Hama, Geoff Johns o el infumable Chuck Austen. En el caso que nos ocupa, los trabajos de don Roger, que se prolongaron durante gran parte de los años ochenta del siglo pasado, se vieron precedidos por una serie de números que indicaban que la colección no estaba pasando por su mejor momento. Después del fallido bicentésimo número se produjo un pequeño baile de guionistas y dibujantes en los que Shooter entró y salió junto a personas como Bill Mantlo, Gene Colan o J. M. DeMatteis. El resultado fue un conjunto de historias más o menos intrascendentes, que se saldaron con una nueva reorganización del grupo, compuesto por Thor, el Hombre de Hierro, el Capitán América, la Avispa, Chaqueta Amarilla y Tigra. Es aquí donde, más o menos, arrancan las historias de este tomo, en el que Jim Shooter vuelve a tomar las riendas del grupo.

     

    Las historias que componen el tomo, sin ser de lo mejor que ha visto el grupo, demuestran que aunque en esta segunda etapa la labor de don James estuvo bastante por debajo de lo que hizo en la primera, supo dejar huella suficiente para que a día de hoy, treinta años después, se siga echando mano de su trabajo. El ejemplo más destacado de esto lo compone el relato del hundimiento de Chaqueta Amarilla. Henry Pym, el miembro fundador del equipo y uno de sus integrantes veteranos, se venía abajo como resultado de una crisis que, un poco más tarde, Roger Stern relataría en un número ciertamente magistral. Shooter marcará al personaje convirtiéndolo en un maltratador y desencadenando un proceso que convertirá a la Avispa en la líder del grupo. El conflicto conyugal entre Janet y Hank se traducirá en la inestabilidad de una alineación donde Tigra no termina de encajar, dejando al grupo en un cuadro donde está la trinidad, comandada por quien hasta no ha mucho había sido su miembro más frívolo y superficial. Después de un interludio donde J. M. DeMatteis y Don Perlin (que más tarde pasarían por la denostada colección de los Nuevos Defensores) aprovechaban para atar un cabo suelto del trabajo del primer en la serie del Capitán América, Shooter vuelve junto a otro ilustrador que también dibujó algunas historias memorables del grupo, Bob Hall, para enfrentar al grupo con la obra y milagros de una antigua compañera, Dragón Lunar. La mentalista calva y su señor padre, Drax el Destructor, habían iniciado un viaje de conocimiento mutuo que había quedado un tanto aparcado por la tendencia de la primera a considerarse el ombligo universal. Los Vengadores, que ya conocían el ego desmedido de la autoproclamada diosa y que habían sido víctimas de sus manipulaciones, tuvieron ocasión de comprobar cómo se las gastaba ésta gracias un viaje con todos los gastos pagados al planeta Ba-Bani (que junto con el Barumbadudumba del videojuego La Guerra de las Vajillas bien podría optar al premio al nombre planetario más ridículo).

     

    A nivel gráfico, hay que destacar que Shooter no tuvo la suerte de contar con primeros espadas como George Pérez o John Byrne, que le habían acompañado en sus incursión anterior; en su lugar aparecieron profesionales competentes como Bob Hall o dibujantes profundamente denostados como Alan Kupperberg o Don Perlin que, sin embargo, cumplieron. El baile gráfico es un buen ejemplo de la situación transitoria que vivía la colección y constituye una etapa que, en perspectiva, ha tenido influencia suficiente como para marcar líneas y arcos argumentales durante tres décadas, concretados en el tortuoso camino a la redención de Henry Pym, el encefalograma plano de Drax el Destructor, la arrogancia de Dragón Lunar o la consolidación de los lazos que unen a la trinidad vengadora.

     

    Reseña publicada originalmente en Zona Negativa el 22 de agosto de 2011.

    Enviado por lcapote a las 16:37 | 0 Comentarios | Enlace


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