El pasado día 3 se inició con la noticia de que las tropas estadounidenses habían capturado a Nicolás Maduro en Caracas. Treinta y seis años después, la historia de Panamá se repetía, en unos términos similares a los que Marx daba a la figura de Napoleón III. El año nuevo empezaba movidito y en diversos grupos y redes lo comentábamos. Era la noticia del momento, o eso creía yo. Al anochecer recibía un mensaje de alguien que conocía en el sistema de mensajería del Caralibro: Miguel Ángel González Batista había fallecido. La muerte forma parte de la vida y el único requisito para fenecer es estar vivo, pero siempre resulta una noticia impactante, sobre todo cuando es alguien más joven que uno y has estado intercambiando mensajes apenas dos días antes. Conocí a Miguel Ángel a través de «Canarias Bruta» la inolvidable bitácora de actualidad insular que dio para muchas historias divertidas y no pocos instructivos debates. Allí el señor Autóctono, pues tal era su sobrenombre, repartía estopa haciendo gala de su capacidad dialéctica. Luego nos desvirtualizamos en el programa radiofónico «En Aguere» que dirigía Carlos Moreno Hernández y que pasó por diversas emisoras. Allí descubrí a la persona detrás del personaje. Una gran persona. Una buena persona. El conocimiento se convirtió en amistad. Ahora afloran a mi memoria un montón de anécdotas, de conversaciones, de risas, de reflexiones. Los recuerdos son un pobre sustitutivo de su presencia, pero es preferible recordar cómo vivió. Pista extra: un apunte alegre en medio de la inevitable tristeza. Una broma que le gasté hace unos años y que él acogió con mucha risa.
Enviado por lcapote a las 13:27 | 0 Comentarios | Enlace
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