El segundo de los dibujos que traigo por aquí corresponde a una versión relativamente reciente de Iron Man, el Hombre de Hierro. Descubrí al personaje hace casi cuarenta años, en aquel Extra Superhéroes de Comics Forum dedicado a la creación de los Vengadores Costa Oeste. Allí estaba el ventador dorado, pero quien vestía la armadura no era el héroe original, sino su amigo James Rhodes. Por aquello del desfase que había entre las distintas colecciones marvelianas en España, meses después vi a Tony Stark con la armadura en el trigésimo noveno número del primer volumen de Los Vengadores de la citada Forum. Antes de su segunda y más terrible crisis alcohólica. Pocos años después empezaría a hacerme con su colección, coincidiendo con la llegada de la armadura transformer y el regreso de Stark a la identidad. Es otro de esos ejemplos en los que los héroes de Marvel me parecían en ese entonces más cercanos que los de la distinguida competencia: un industrial, filántropo, talentoso y atractivo, sí, pero también un alcohólico con tendencia a llevar sus obsesiones demasiado lejos.
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