Hace algún tiempo estuve leyendo las historias del nuevo encuentro entre personajes marvelianos y deceeros, con Batman y Masacre como primeros espadas. Una vez concluida la lectura, creo que estos encuentros son buenos indicativos de los cambios de estatus en unos personajes que son, a día de hoy (que diría algún partícipe a su pesar de los resúmenes de La libreta de VanGaal) marcas de uso multimedia donde el tebeo es secundario. En este sentido, si uno echa la vista atrás, resulta interesante comprobar que, así como la aportación deceera ha mantenido a Batman como uno de sus pilares -en su condición de componente de la trinidad- su contraparte marveliana se ha cambiado en función de la fama del momento. Si se hace repaso de los encuentros marveliano-deceeros del pasado, veremos que el primer cruce del Caballero Oscuro fue con un Hulk que en esos momentos era una estrella televisiva -y que en España nos dejó chistes tan memorables como el de «niño, haz la masa»-. El gigante esmeralda justificaba su presencia -así como en el segundo encuentro entre Superman y Spider-Man- por una popularidad que le había venido de la mano de una serie de la pequeña pantalla cuyo productor, Kenneth Johnson, había descartado casi todo el material de origen. Cuando en la década siguiente se recuperan las relaciones -basándose en la presencia de una nueva vecina que amenazaba seriamente su hegemonía- el Señor de la Noche se vería las caras con Frank Castle, el Castigador. Un justiciero ejecutor que en aquellos días sostenía hombros una escudería con tres series y proyectos especiales a cascoporro. Si se quiere ver este repaso como una tendencia, era lógico que quien saliera a bailar a la pálida luz de la luna fuera el amigo Muertopiscina. Ocioso es decir que, dada la popularidad del Detective -que ya vendía algo más que tebeos desde los sesenta, entre series televisivas, películas o videojuegos- en momentos de sobreexplotación del cruce fuera el coprotagonista preferido. Así, tuvimos dos encuentros con Spider-Man -bastante divertidos, en mi opinión-, dos con Daredevil -que Frank Miller rechazó hacer y que son para quien estas líneas escribe bastante flojos- y un ejercicio de dorada nostalgia de la mano de John Byrne. Hubo más, mucho más y no circunscrito a los encuentros con personajes de Marvel, pero quede este apunte como párrafo de su fortaleza como franquicia de un solo personaje. Esta historia sirve como reflejo de las relaciones entre los dos personajes protagonistas: el que pronto cumplirá cien años (y pasará en su primera versión a dominio público, por cierto) y el que llegó hace poco más de treinta como copia de un personaje al que ha eclipsado. El adusto vigilante y el mercenario bocazas. Intrínsecamente es bastante olvidable, como buena parte de los tebeos de encuentro y desencuentro, pero sirve para ver cómo evoluciona el cuento a lo largo de los años. O de las décadas.
Enviado por lcapote a las 10:50 | 0 Comentarios | Enlace
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